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Hojas en el cenicero
Por Carlos Escoffié
Carlos Luis Escoffié Duarte es miembro investigador del Centro de Estudios de Derechos Humanos d... Carlos Luis Escoffié Duarte es miembro investigador del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Yucatán. Litigante independiente en colaboración con distintas organizaciones de derechos humanos, entre ellas Techo México y el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes. Trabajo temas de derecho a la vivienda, derecho a la verdad e igualdad y no discriminación. Iba a ser escritor de ciencia ficción pero me lastimé la rodilla. Twitter: @kalycho. (Leer más)
Las abejas, la vida y la Constitución
¿Defender las abejas es una obligación constitucional de las autoridades? Sin afán ni posibilidad de ser exhaustivo, existen algunos elementos que nos ayudan a trazar la ruta de la responsabilidad institucional en este tema.
Por Carlos Escoffié
20 de mayo, 2019
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¿Proteger a las abejas es una obligación constitucional del Estado Mexicano? ¿Por qué distintas organizaciones exigen que las autoridades garanticen la supervivencia de esa especie? Siendo este 20 de mayo el Día Mundial de las Abejas, es importante poner el dedo sobre las razones por las que, como la efeméride lo indica, el tema implica una responsabilidad de nuestro país con la comunidad internacional.

Este domingo, el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes, en conjunto con organizaciones como Green Peace México, Ma-OGM, Guardianes de las Semillas “Káa nám iinájob” y EDUCE, emitieron un comunicado advirtiendo la amenaza a la supervivencia de las abejas ocasionada por prácticas agrícolas intensivas, el uso de plaguicidas –incluyendo por fumigación aérea- y el cambio climático.

De acuerdo a cifras de la FAO (2016), el 75% de los cultivos en el mundo dependen de la polinización, siendo la abeja la especie polinizadora más importante. Según estimaciones de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), el 80% de la polinización de los cultivos a nivel mundial puede atribuirse a las actividades de solo un 2% de especies de abejas silvestres.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura, en México hay 1.9 millones de colmenas de abejas Apis mellifera a cargo de 42 mil apicultores que en promedio producen 55 mil 900 toneladas de miel (cerca de 1,900 millones de pesos anuales). Como indican las organizaciones en su comunicado, el 36% de la producción nacional proviene de la Península de Yucatán, donde 750 toneladas de miel son producidas bajo esquemas de producción orgánica.

Además, la actividad apícola ha sido históricamente un pilar indispensable en la economía, cosmovisión y organización de las comunidades mayas. Desde 1566, Fray Diego de Landa daba cuenta en su manuscrito “Relación de las cosas de Yucatán” sobre el papel que jugaba desde entonces la actividad apícola en la vida de los mayas, tomando nota de la celebración de la fiesta del Tzec “para que los dioses proveyesen flores a las abejas”.

La Península de Yucatán es un arca de trascendencia mundial para la protección de las abejas. O al menos solía serlo. Actualmente la población de este insecto ha disminuido drásticamente por diversos factores que convergen en la zona, como la insaciable deforestación para la agroindustria intensiva y los desarrollos inmobiliarios, así como el uso de plaguicidas a gran escala. El cambio climático también ha sido un factor fundamental.

Tan solo entre 2012 y 2013 en el municipio de Hopelchén, Campeche, 2 mil colonias de abejas murieron en los ejidos de Suc-Tuc, Oxa y San Luis, presumiblemente por las fumigaciones aéreas que se realizan en la zona (Remy Vandame, 2017).

El 18 de agosto de 2018, se reportó la muerte de poco más de 300 colmenas en el Ejido de Candelaria, Quintana Roo (entre 50 mil a 80 mil abejas por colmena). Los apicultores señalaron que la muerte se debió a las fumigaciones en los terrenos de un empresario (Campeche.com.mx, 18-08-2018).

El 26 de septiembre de 2018, miembros de la comunidad maya de Dzonot Carretero, Tizimín, Yucatán, denunciaron que, como consecuencia de las fumigaciones aéreas, se destruyeron 26 colmenas, se vieron afectadas otras 40 y disminuyó la población de abejas a un 50% en al menos 108 colmenas (Campeche Novedades, 30-09-2018).

En octubre de 2018, Aurora Xolalpa Aroche, profesora investigadora de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo, declaró que entre agosto y septiembre de ese año se habían perdido 600 colmenas en Quintana Roo por el uso de insecticidas (SinEmbago.mx, 03-10-2018).

El artículo podría extenderse en fechas, cifras y nombres de comunidades. Pero la información hasta aquí dada nos sirve de referencia para presumir un patrón alarmante: estamos matando a las abejas. Y con ellas estamos poniendo en riesgo la vida.

Si bien el derecho por sí mismo no es ninguna panacea, sí es un escenario trascendental en el cual se transforman las narrativas acerca de la vida pública, abriendo puertas para que determinadas exigencias sociales puedan interpelar de manera directa a quienes ejercen el poder. Además de que ayuda a consolidar discursos acerca de lo que consideramos justo o no. De ahí que quisiera usar la última parte de este espacio para una breve reflexión: ¿defender las abejas es una obligación constitucional de las autoridades? Sin afán ni posibilidad de ser exhaustivo, existen algunos elementos que nos ayudan a trazar la ruta de la responsabilidad institucional en este tema.

A primera vista, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos pareciera ser eminentemente antropocéntrica. En ella nunca se menciona a la fauna, o a la vida silvestre, o a los animales o a otros seres que conviven con nosotros. Sí se refiere, en cambio, a “recursos naturales” (artículos 2.A.VI, 27 y 73.XXIX.2). Y en el párrafo tercero del artículo 27 se establece que se tomarán las medidas necesarias “para evitar la destrucción de los elementos naturales”.

La Ley Federal de Vida Silvestre, la cual es reglamentaria del párrafo tercero del artículo 27 constitucional, si bien no da una definición del concepto de “elementos naturales”, sí establece como uno de sus objetivos garantizar la conservación de la “vida silvestre”. En su artículo 3.XLIX, esa Ley define como vida silvestre a los organismos que subsisten sujetos a los procesos de evolución natural y que se desarrollan libremente en su hábitat, incluyendo sus poblaciones menores e individuos que se encuentran bajo el control del ser humano, así como los ferales. Esto, por supuesto, incluiría a la población de abejas como un objeto de protección por parte de las autoridades.

También podría abordarse la protección constitucional de las abejas a partir del derecho al medio ambiente, establecido en el artículo 4 constitucional y en diversas fuentes del derecho internacional. Al respecto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos señaló en su Opinión Consultiva 23/17 que los componentes del medio ambiente son “intereses jurídicos en sí mismos, aún en ausencia de certeza o evidencia sobre el riesgo a las personas individuales”. En este sentido, el Máximo Tribunal de derechos humanos del continente reconoció que no es posible comprender el medio ambiente únicamente “por su conexidad con una utilidad para el ser humano […] sino por su importancia para los demás organismos vivos con quienes se comparte el planeta, también merecedores de protección en sí mismos”.

Más allá de la importancia de esclarecer ciertos o posibles alcances y límites de la protección de los seres no-humanos en el marco constitucional, el Estado Mexicano tiene la obligación imperante de atender la muerte masiva de abejas, independientemente de la perspectiva por medio de la cual se quiera abordar el tema: entendiendo a las abejas como sujetos pasivos de protección por sí mismas o en atención a las afectaciones que su desaparición generaría en la vida y salud humana o por el impacto que representan como especie para la identidad y organización de los indígenas mayas o por la responsabilidad que tenemos con la comunidad internacional en virtud de los efectos globales que genera la pérdida de abejas en nuestro territorio.

Sin abejas no hay vida. Así de mayúscula es la importancia del tema. Así de urgente es que las autoridades adopten medidas para afrontar la pérdida masiva de abejas, las cuales pueden ir desde cambios legislativos –por ejemplo, prohibiendo las fumigaciones aéreas como en Alemania y prohibiendo el uso de plaguicidas neonicotinoides como en Francia-, hasta la lucha contra la impunidad en materia ambiental.

Una verdadera transformación de México sería reconocer que el país no se compone únicamente por nosotras las personas y que las instituciones no solo tienen responsabilidades con nosotros. Ese cambio de paradigma lejos de ser una propuesta o anhelo es la única alternativa para evitar daños irreversibles.

 

@kalycho

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