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Hojas en el cenicero
Por Carlos Escoffié
Carlos Luis Escoffié Duarte es miembro investigador del Centro de Estudios de Derechos Humanos d... Carlos Luis Escoffié Duarte es miembro investigador del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Yucatán. Litigante independiente en colaboración con distintas organizaciones de derechos humanos, entre ellas Techo México y el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes. Trabajo temas de derecho a la vivienda, derecho a la verdad e igualdad y no discriminación. Iba a ser escritor de ciencia ficción pero me lastimé la rodilla. Twitter: @kalycho. (Leer más)
Los discursos contra los indígenas
El ataque verbal y material a las personas indígenas que defienden su tierra y territorio siempre pasa por dinámicas que apelan a discursos racistas.
Por Carlos Escoffié
8 de agosto, 2019
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Los discursos importan. Por más insignificantes que parezcan, las palabras no se difuminan en el aire sino que pueden fermentar con el tiempo. Así lo demuestran, por ejemplo, diversas declaraciones del presidente Donald Trump frente al reciente atentado anti-latino en El Paso, Texas. En vísperas del Día internacional de los pueblos indígenas, es importante destacar cómo los discursos y estereotipos contra esa población no son inocuos, sino grandes aliados de las agresiones que sufren los indígenas que también son personas defensoras de derechos humanos.

No es ninguna novedad decir que durante siglos las personas indígenas han sido sometidas a una situación de exclusión profunda, basada principalmente en una falsa idea de inferioridad racial, cultural y organizativa. A pesar de que hoy día hay un rechazo mediático a cualquier funcionario o gobernado que lo sostenga abiertamente, existe un profundo arraigo a la idea de que las personas indígenas son incapaces y que tanto el Estado como la sociedad deben ejercer una especie de tutelaje paternalista sobre ellos.

La figura de Benito Juárez, lejos de reivindicar el papel de las naciones indígenas en la sociedad mexicana, sirvió como elemento clave para desarrollar el principio meritocrático indigenista. Dicho principio pudiera ser resumido de la siguiente manera: “el indígena es incapaz y poco productivo para la sociedad, pero pueden superar su condición de indígena, siempre y cuando aprenda a ser y a vivir como los no-indígenas, eliminando tanto como sea posible toda evidencia de su identidad”.

No es casualidad que se suela decirse que personajes como Benito Juárez, Victoriano Huerta, Yalitza Aparicio o Armando Manzanero poseen un “origen indígena”, en lugar de afirmar que efectivamente lo son. La idea del “origen indígena” nos aproxima a un pasado remoto que ha sido superado ya, en virtud de que han acumulado los méritos suficientes para librarse de ese trato paternalista.

El discurso de la incapacidad inherente de las personas indígenas ha llevado al absurdo de proponer teorías pseudocientíficas que aseguran que los mayas, quichuas, mexicas y olmecas tendrían que haber sido asistidos por seres de otros planetas (en virtud de hicieron cosas cuya realización requería tecnología que aún no habían desarrollado las civilizaciones europeas).

Hasta aquí, algunos pudieran decir que este tipo de imaginarios si bien es racista, resulta materialmente inocuo. Sin embargo, la realidad demuestra que esos discursos son utilizados para estigmatizar, hostigar y perseguir a comunidad indígenas, e incluso para justificar los crímenes que se cometen en su contra.

De México a Argentina, la principal forma de desprestigiar el activismo de personas y comunidades indígenas es apelando a prejuicios que si bien hoy día están separados de Hernán Cortés y sus huestes por los siglos transcurridos, son muy cercanos en cuanto a su fondo: o son acusados de ser terroristas bárbaros en una cruzada contra la paz, la estabilidad y el desarrollo, o son presentados como títeres del “intervencionismo extranjero”, principalmente representado por organizaciones de derechos humanos.

Esa dualidad “salvaje/ignorante influenciable” está fuertemente arraigada en discursos que la sociedad latinoamérica –y de manera particular, la mexicana- reproduce desde las expresiones más cotidianas. Cuando se da un choque entre pueblos indígenas e instituciones del Estado o actores económicos, la intuición de ciertos sectores apela a esa dualidad: “o son cernícalos descarriados, o son ignorantes pasivos que hacen lo que se les ordena”.

Es verdad que muchas comunidades cuentan con el apoyo y la coordinación de organizaciones de derechos humanos, académicos y otros actores ajenos a sus comunidades. Por respeto a la persona lectora, debo recalcar que yo mismo acompaño como asesor legal a algunas comunidades mayas en la Península de Yucatán. Sin embargo, lejos de que nuestra presencia reste sinceridad a las exigencias indígenas, exhibe la incapacidad del Estado para apalear la exclusión histórica que impide a los pueblos y comunidades originarias acceder a la justicia en condiciones de igualdad y no discriminación para hacer valer sus pretensiones.

El ataque verbal y material a las personas indígenas que defienden su tierra y territorio siempre pasa por dinámicas que apelan a esos discursos racistas. En su último informe titulado “¿Enemigos del Estado?”, la organización Global Witness señala que al menos 164 personas defensoras del medio ambiente fueron asesinadas durante 2018. 14 de esos casos ocurrieron en México y muchas de esas personas eran líderes indígenas. Uno de esos casos es el de Julián Carrillo, activista asesinado el 24 de octubre de 2018 por su trabajo de defensa de tierras en su comunidad de la Sierra Tarahumara.

Sí, los discursos importan. Son un factor de quiebre para que una violación a derechos humanos sea demeritada cuando es denunciada por personas indígenas. La minimización de asesinatos como el de Julián Carrillo, así como el uso de medios de prensa para estigmatizar, desprestigiar y poner en riesgo a activistas indígenas (como ha ocurrido, por ejemplo, con la lucha del pueblo yaqui o en el caso de la comunidad de Homún en Yucatán), son fruto de los discursos racistas que se reproducen día a día en nuestro país. El no entenderlo así es la pieza clave para que ese ciclo anti-indígena se reproduzca a sí mismo.

@kalycho

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