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Hojas en el cenicero
Por Kalycho Escoffié
Actualmente dirige el Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey. Ha... Actualmente dirige el Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey. Ha participado en diversos litigios estratégicos con distintas organizaciones de derechos humanos y comunidades indígenas. Sus principales temas de trabajo son derecho a la vivienda, no discriminación y pueblos indígenas. Iba a ser escritor de ciencia ficción, pero se lastimó la rodilla. Twitter: @kalycho. (Leer más)
¿Por qué sigue importando el matrimonio igualitario?
No existe actualmente ningún movimiento de incidencia pugnando por la desaparición del matrimonio como figura jurídica. Mientras eso no ocurra, la protección de ciertos derechos sí está determinada por su reconocimiento.
Por Kalycho Escoffié
22 de febrero, 2021
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El matrimonio es una institución cada vez más cuestionada. Y con justa razón. ¿Por qué la comunidad LGBT+ debería insistir en acceder a una figura pensada para la familia tradicional heteronormada? Comparto aquí algunas reflexiones al respecto, en vísperas de la decisión que este miércoles adoptará la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre el matrimonio igualitario en Yucatán.

El matrimonio –desde la historia jurídica occidental- fue pensado para la protección de parejas compuestas por un hombre y una mujer con la finalidad de tener hijos, partiendo de la sumisión de la mujer frente al varón. Además, es una figura que se ha moldeado a partir de la exclusión de las personas LGBT+. Y no solo de homosexuales, lesbianas y bisexuales. Por ejemplo, todavía hoy en muchos lugares una causal de nulidad del matrimonio es el “no consumar la unión”, lo cual repercute en el caso de las personas asexuales. Por si esto fuera poco, ¿por qué tendríamos que condicionar la reivindicación de nuestros derechos al amor romántico? ¿Y si no quiero amar? ¿Solo estando en pareja se reconocerá la valía de mi orientación y/o identidad?

Comparto todas estas críticas y creo que son necesarias. Pero también considero que no contradicen la necesidad de reconocer el matrimonio igualitario, por varias razones. La primera de ellas es muy simple: porque hay población LGBT+ que desea o necesita casarse para ejercer ciertos derechos. Debemos priorizar la solidaridad antes de confundir esas críticas con una postura que creo corre el riesgo de caer en paternalismo. Sobre todo porque no atendería el bloqueo de derechos que enfrentamos. No existe actualmente ningún movimiento de incidencia pugnando por la desaparición del matrimonio como figura jurídica. Mientras eso no ocurra, la protección de ciertos derechos sí está determinada por su reconocimiento.

Existe otra razón de la que poco se habla: el concubinato igualitario (uniones de hecho). Aunque ha sido relegada como una figura sombra del matrimonio, tiene la gran virtud de que puede reconocerse tras la muerte de una persona para proteger a su pareja. Incluso si tú decides no casarte, tienes a tu favor ese “rómpase en caso de emergencia” –a menos de que seas LGBT+ y la legislación no lo permita-.

Y la última, pero no menos importante: el matrimonio igualitario no es el debate real sino lo que podríamos llamar una “discusión muestra”, tal y como ha ocurrido con otras luchas. Cuando se ha cuestionado por qué una persona afrodescendiente no puede sentarse al frente de un autobús o por qué una mujer no puede votar o por qué un indígena no tiene derecho a un intérprete traductor en un juicio, el verdadero debate es la discriminación arraigada que esas preguntas desentierran. El derecho no solo prescribe conductas: también refuerza discursos.

Por supuesto que el matrimonio igualitario no es ni la última, ni la más urgente de las reivindicaciones LGBT+. Tras su aprobación quedarán aún pendientes los crímenes de odio, las terapias de conversión, las violaciones correctivas a lesbianas, bisexuales y asexuales, la discriminación laboral, el reconocimiento de la identidad trans, entre muchos otros. Pero este capítulo del movimiento es una punta de lanza contra las narrativas que sostienen que somos seres subnormales. Y es una discusión que nos ha ayudado a tejer redes y estrategias como comunidad.

La decisión que tome la Suprema Corte este miércoles es de alta relevancia. Y no solo por el matrimonio.

@kalycho

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