Urbanización impune: cómo destruir una ciudad - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Hojas en el cenicero
Por Kalycho Escoffié
Actualmente dirige el Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey. Ha... Actualmente dirige el Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey. Ha participado en diversos litigios estratégicos con distintas organizaciones de derechos humanos y comunidades indígenas. Sus principales temas de trabajo son derecho a la vivienda, no discriminación y pueblos indígenas. Iba a ser escritor de ciencia ficción, pero se lastimó la rodilla. Twitter: @kalycho. (Leer más)
Urbanización impune: cómo destruir una ciudad
No seguir las reglas de construcción y de urbanización en Mérida está impactando en el paisaje urbano y la calidad de vida de sus habitantes.
Por Carlos Escoffié
30 de diciembre, 2019
Comparte

En la intersección de Avenida Cupules con la Calle 58ª de Mérida se encuentra una casona que augura a gritos su derrumbe. Aquel balcón que en otros tiempos permaneció erecto dibujando el contorno del segundo piso, es ahora un pliego de concreto corroído que pendula, sostenido por vigas oxidadas que forcejean con la gravedad. El destino de su inminente caída es un espacio abierto en el que transitan peatones y que diversos conductores suelen improvisar como estacionamiento. Aquel cadáver aún en pie ha permanecido así desde que tengo memoria, en medio de una de las principales zonas comerciales y turísticas de la ciudad, justo en frente de un reconocido hotel internacional. Ahí permanece a la vista de todos sin que nadie, absolutamente nadie se cuestione esa temeraria negligencia. Ni una señal de peligro, ni un solo cordón de seguridad ha merecido el caso.

Desde pequeño, esa casa me hizo saber que en mi ciudad había total impunidad administrativa: todos pueden construir lo que deseen, todos pueden abandonar lo que les plazca.

La lección fue confirmada durante mi tránsito por la carrera de derecho. Como en muchas otras universidades del país, en la mía el derecho urbanístico y de la construcción era ignorado por los planes de estudio. Incluso, me atrevo a decir que no eran vistas como áreas jurídicas serias sino como un simple dolor de cabeza en manos de arquitectos e ingenieros. Mucho menos podría esperarse que la movilidad sea abordada como un asunto jurídico y de justicia social. 

Posteriormente, la experiencia propia y ajena me confirmó que no era el sector público el que establecía las pautas para el desarrollo de Mérida, sino el mercado inmobiliario y los desarrollos comerciales. Como ha reconocido un reciente informe de ELEMENTA DDHH, en Yucatán el sistema de castas que prevaleció hasta mediados del Siglo XX determina todavía hoy las relaciones de poder, el cual recae en las élites económicas. Este fenómeno generó que, en el marco de la desregulación ocurrida en los 90, el Estado renunciara tanto de iure como de facto a sus facultades rectoras en materia de planeación urbana, dejándola en manos del sector empresarial.

Así, esa impunidad administrativa ha llevado a un régimen en el que las reglas de construcción y de urbanización en Mérida no son tomadas como verdadero Derecho o son susceptibles de canonjías acordes al poder empresarial o político de unos cuantos. Este esbozo general se ha convertido en sistema que ha llevado a la ciudad a una sutil pero real etapa terminal en su calidad de vida. Y las consecuencias ya se están dejando ver en las horas de tráfico desproporcionadas al tamaño de la población, en el calentamiento urbano, en la falta de áreas verdes, en el deficiente y agónico transporte público –por debajo incluso de la calidad de muchas otras ciudades del país-, en la aparición de comercios en áreas que debieran ser residenciales, en los múltiples casos de despojos y desalojos forzados contra comunidades indígenas y campesinas alrededor de la ciudad, entre muchos otros renglones torcidos que comienzan a ser la regla.

“Todo mundo quiera irse a vivir a Mérida”, me dijo recientemente una persona del norte del país. Y pareciera haber algo de cierto en eso. De acuerdo con datos del Alcalde Renán Barrera Concha, entre 25,000 y 30,000 personas llegan anualmente a vivir a la capital yucateca. Por su parte, el presidente de la Cámara Nacional de la Vivienda en Yucatán ha señalado que el 25% de las compras de nuevas casas son de personas de otros estados. Si bien no es el único aliciente, la seguridad que se vive en comparación con otros sitios del país es sin duda el principal. Pero por más importante que sea, la seguridad no es el único factor para determinar la calidad de vida. Y en el caso de Mérida no solo esa seguridad se ha ido perdiendo, sino que ésta no compensa sus indudables deficiencias en materia de planeación, urbanización y movilidad, generadas en gran medida por acciones, omisiones y negligencias del sector gubernamental y el privado.

En lugares como Mérida, parecer una ciudad es más importante que planear y construir una. Es por eso que las figuras de los rascacielos y los centros comerciales importan más que los trazados de los mapas o las rutas del transporte público. A pesar del entusiasta discurso oficial y empresarial, lejos de construirse una ciudad se está desmantelando una.  

La planeación urbana y la movilidad son también un asunto de Estado de Derecho. Por eso incluso esfuerzos loables como el Plan de Mejoramiento Urbano que encabeza el Secretario de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Román Meyer, tendrán un alcance insuficiente si no se atiende también la impunidad administrativa que ha puesto nuestras ciudades en este proceso de autodegradación en nombre de los delirios de grandeza que pretenden alcanzar.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.