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Hojas en el cenicero
Por Carlos Escoffié
Carlos Luis Escoffié Duarte es miembro investigador del Centro de Estudios de Derechos Humanos d... Carlos Luis Escoffié Duarte es miembro investigador del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Yucatán. Litigante independiente en colaboración con distintas organizaciones de derechos humanos, entre ellas Techo México y el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes. Trabajo temas de derecho a la vivienda, derecho a la verdad e igualdad y no discriminación. Iba a ser escritor de ciencia ficción pero me lastimé la rodilla. Twitter: @kalycho. (Leer más)
Yo, asexual
Los años sin conocer y aceptar que se es asexual vienen acompañados de frustraciones, experiencias sexuales aparentemente consentidas, pero realizadas únicamente para “cumplir con lo que se debe hacer”.
Por Carlos Escoffié
21 de octubre, 2019
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Gran parte de la angustia y de los temores que suelen experimentar las personas asexuales tiene su origen en el hecho de que no saben que lo son. La invisibilidad de este tipo de orientación –o en su caso, la información tergiversada y basada en prejuicios- es un obstáculo a superar que dio origen a la Semana de la Visibilidad Asexual, que se celebrará del 21 al 28 de octubre. Atendiendo al objetivo de esas jornadas, consideré necesario saldar una deuda pendiente y escribir un artículo sobre este tema, con la ilusión que pueda aportar en algo a quienes se encuentren en el laberíntico proceso de comprender su asexualidad.

Las personas asexuales siguen siendo entendidas como enfermas. Literalmente. Instancias como National Health Service de Inglaterra, así como el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM) de la American Psychiatric Association, continúan diagnosticando el “Trastorno del deseo sexual hipoactivo” (TDSH), consistente en la nulo o escaso interés en tener relaciones sexuales. Teniendo esa visión patologizante tan generalizada, no es de extrañarse que la Government Equalities Office de Reino Unido, en su informe “National LGBT Survey” del 2019, haya concluido que de toda la población LGBT+ las personas asexuales son las que más asisten a terapias de conversión y a las que más se les sugiere ir a una.1

La adolescencia asexual suele estar acompañada de estrés y depresión, principalmente porque las personas en esta orientación ni siquiera saben que no sentir atracción sexual es igual de válido que sentirla. Los años sin conocer y aceptar que se es asexual vienen acompañados de frustraciones, experiencias sexuales aparentemente consentidas pero realizadas únicamente para “cumplir con lo que se debe hacer”, e incluso intentos de “automedicación” con hormonas o sildenafilo.2

Cuando una persona no sabe que es asexual o no lo ha aceptado aún, las experiencias íntimas son objeto de constante estrés, sobre todo con parejas estables (“¿por qué si tanto quiero a esta persona no quiero hacer nada?”). Las experiencias fallidas –muchas veces por autosabotajes de último momento para no hacer algo que realmente no se quiere- no solo generan confusión, frustración y angustia para las personas asexuales. También producen tristeza e incluso el enojo en la otra persona quien, sintiéndose menospreciada o engañada, no logra entender por qué “a último momento no es deseada”.

Mientras la desinformación y el prejuicio continúan haciendo que muchas personas vivan con culpa por sentir algún tipo de atracción sexual, en el caso de las personas asexuales generan una vida con culpa por no sentir. Cuando impera la concepción de que el sexo no es algo que las personas hacen sino algo que les da identidad,3 el reconocimiento de que se es asexual resulta inaceptable para el resto de las personas, incluso dentro de la comunidad LGBT+. No son poco frecuentes las voces que dudan de la existencia del espectro asexual o que confunden el concepto con otros, como el celibato o la impotencia sexual. Incluso las personas más cercanas a las personas asexuales suelen preguntarles si no se trata de una confusión o de los efectos de algún trauma. Algunos llegan a sugerirles que todo se “arreglará con encontrar a la persona correcta”. De forma más hostil, no falta quien asegura que solo están “tratando de llamar la atención”.

La invisibilización de la asexualidad hace sumamente complejo siquiera pronunciarla. Pongo un ejemplo de ello: no recuerdo haber hecho nunca un artículo que me costara tantas versiones y nervios como éste. Lo cual resulta obvio si se tiene en cuenta que habla sobre mí, incluso cuando he escrito en tercera persona. Estas líneas implican para mí “poner las cartas sobre la mesa” –expresión entre la comunidad asexual equivalente a “salir del closet”–, sabiendo que pudieran generar muchas preguntas de gente cercana –guiadas tanto por el cariño como por el morbo–. En otra circunstancia, ese temor sería razón suficiente para no publicarlo.

Pero en el último año he coincidido con gente que en privado me han confesado que también son asexuales o que sospechan serlo. La aplastante mayoría es gente joven, lo cual me ha hecho recordar todos los años de culpa y confusión –pero sobre todo de fingir– que me tocaron vivir por no saber o por no querer entender que no había ningún problema conmigo. Saber que la asexualidad existe y que no significa que hay algo mal en mí quizá no hubiese resuelto todos los problemas, pero hubiese sido un gran apoyo. Es por eso que llegué a la conclusión de que todo el temor tras estas líneas vale la pena si llegan a alguien que esté en un proceso de descubrir o aceptar su asexualidad.

A esa persona anónima que no conozco, ni me conoce: tu asexualidad está bien y es válida. No es una enfermad, no hay nada de malo con tu salud. No tienes que corregir o curar nada. No tienes que hacer nada que no quieres solo porque la gente te dice que es imprescindible en una relación afectiva. Mucha gente no lo entenderá y las reacciones en muchos casos serán hostiles. Pero todo mejora cuando, tarde o temprano, sabes quién eres y aprendes a querer esa parte de ti. Hay quienes nos tardamos años en hacerlo. Pero por largo o corto que sea tu camino, lo importante es nunca dejar de andarlo.

Colofón: Si alguien que haya leído este artículo quisiera contar con apoyo y acompañamiento en su proceso de descubrimiento de su asexualidad, puede contactarse con la organización It Gets Better México, la cual cuenta con la preparación y equipo para ello, a través de sus redes sociales o al correo [email protected]

 

1 Disponible en formato digital a través de este enlace.

2 Esta idea de “poder corregirse a sí mismo” ha sido documentada como algo muy común entre las personas asexuales que aún no han querido reconocerse como tal. Véase: Deutsch, Tamara; “Asexual People’s Experience with Microaggressions” (2018), CUNY Academic Works. Disponible en formato digital a través de este enlace.

3 S. Scherer, Kristin; “Coming to an Asexual Identity: Negotiating Identity, Negotiating Desire”, Sexualities, Vol II (5), 2008. Disponible en formato digital a través de este enlace.

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