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Cruzar la frontera de la explotación
A pocas cuadras de su sitio de lectura es probable que se encuentre alguna víctima de tráfico de personas con fines ya sea de trabajo forzado o de explotación sexual. Nunca sobra mencionar que México es uno de los países más afectados por la trata de personas, la cual atenta con especial ferocidad a las mujeres y a los menores de edad.
Por Inteligencia Pública
12 de febrero, 2015
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Por: Mercedes Ramírez

De acuerdo con información presentada por el New York Times el pasado martes, una de las cortes de Hong Kong falló a favor de Erwiana Sulistyaningsih, una empleada doméstica de nacionalidad indonesia, declarando culpable a su empleadora, una mujer de 44 años, acusada por lesiones corporales graves, agresiones, salarios no pagados, entre otros 18 cargos.

La sensación de la mayoría de los trabajadores migrantes es que son tratados como esclavos y no como seres humanos con todos sus derechos.

En Hong Kong existen más de 300 mil trabajadores domésticos, provenientes en su mayoría de Indonesia y Filipinas. De acuerdo a lo que la ley establece, en Hong Kong estos trabajadores viven como ciudadanos de “segunda clase”, lo que entre otras cosas quiere decir que ganan tan sólo una pequeña porción del salario mínimo y se les obliga a vivir con sus empleadores, regularmente en espacios muy reducidos.

Esta situación genera escenarios que muchas veces culminan en agresiones físicas y emocionales, incluyendo abuso sexual.

Sin embargo, el reducido salario, la garantía de alimentos (aunque sean mínimos) y un boleto anual a su lugar de origen es suficiente para atraer a muchas mujeres a Hong Kong para realizar trabajos domésticos. Es tal la situación de pobreza en sus comunidades natales, que cualquier oportunidad para salir de esos contextos es vista como una buena oportunidad.

Amnistía Internacional reportó en 2013 que los trabajadores domésticos en Hong Kong trabajan un promedio de 17 horas al día, muchos incluso sin recibir un día libre a la semana. Además, el hecho de que vivan en su mismo lugar de trabajo da pie a que sean solicitados en cualquier momento del día.

Situaciones que parecen comenzar voluntariamente (cosa que tampoco es verdad si pensamos que las decisiones que puede tomar una persona en un contexto de pobreza, violencia y opresión tales que condicionan sus posibilidades de desarrollo, no son realmente libres y voluntarias) terminan convirtiéndose en casos de trabajo forzado, explotación sexual y esclavitud.

Si todo esto nos suena muy extraño, lo vemos sucediéndole sólo a personas de regiones muy apartadas, con pocas posibilidades de acceder a los derechos más básicos, o insertas en contextos de marginación, basta con sacar la cabeza por la ventana.

A pocas cuadras de su sitio de lectura es probable que se encuentre alguna víctima de tráfico de personas con fines ya sea de trabajo forzado o de explotación sexual.

Nunca sobra mencionar que México es uno de los países más afectados por la trata de personas, la cual atenta con especial ferocidad a las mujeres y a los menores de edad.

Como pilón y muestra para constatar que esta problemática involucra a víctimas de todos los rincones del mundo y en todos los círculos económicos, en otro artículo el New York Times reportó que el martes pasado también se presentó a declarar, en uno de sus trajes más obscuros, Dominique Strauss-Kahn, ex director del Fondo Monetario Internacional y ex candidato presidencial en Francia, acusado de participar en fiestas sexuales que involucraban a prostitutas y en las que se llevaron a cabo prácticas sin el consentimiento de todos los involucrados. Frente a estas acusaciones su defensa ha tomado la postura de que la “lujuria no es ningún crimen”.

Strauss-Kahn asegura no haber formado parte de la organización de estas “reuniones sexuales ejecutivas”, ni haber tenido conocimiento de que las mujeres que participaban en ellas eran prostitutas, o que habían recibido algún tipo de pago.

Una de las prostitutas que presentó testimonió en el juicio atestiguó que Strauss-Kahn la forzó a realizar “actos brutales”. No hubo ni placer ni consentimiento, aseguró como respuesta a una de las preguntas del Juez Lemaire, además de afirmar haberse sentido meramente como un objeto.

El caso ha expuesto orgías trasatlánticas que pasan por los hoteles más lujosos de Lille, París y Washington. A las cuales asistían jueces, abogados, periodistas y oficiales de la policía, entre otros distinguidos invitados.

Este es un caso que ha removido capas de la sociedad que parecían ya muy asentadas, por ejemplo el hecho de que cualquiera puede comportarse inapropiadamente, incluso ilegalmente, mientras estos comportamientos permanezcan en secreto; o lo cotidiano de las actitudes de tolerancia y consentimiento ante situaciones de explotación sexual y abuso.

Finalmente, también ha generado cuestionamientos profundos, como aquellos sobre la conveniencia de reformar las leyes sobre prostitución para darles un sentido más actual, como las adoptadas por Alemania o Suiza, en donde en el primer caso la prostitución es un trabajo legal, con todos las protecciones y garantías estatales que eso implica, mientras que en el último caso se persiguen únicamente a los clientes (o solicitantes) en vez de a las prostitutas, las cuales, las más de las veces son víctimas de abuso, coerción o tráfico de personas.

Así podemos preguntarnos nosotros también qué actitudes de nuestro día a día dejamos pasar “sin que nos demos cuenta”, situaciones de abuso y explotación. Por qué muchos se hacen de la vista gorda ante prácticas de este tipo. Por qué actos tan atroces no generan una reacción contundente en contra.

Con reflexionar sobre estas respuestas y adoptar una postura de intolerancia hacia la explotación ajena habremos dado el primer paso.

 

@IntPublica

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