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Cuando desechar es más costoso que utilizar
En la actualidad cada año se producen alrededor de 50 millones de toneladas del llamado "e-waste" (desecho electrónico o eléctrico), y los números están aumentando. De esos 50 millones de toneladas de desechos electrónicos, se estima que sólo el 25% termina en el país de uso, lo que significa que tres de cada cuatro dispositivos electrónicos forman parte de una operación global que vuelca la basura electrónica en los países en desarrollo.
Por Inteligencia Pública
18 de julio, 2013
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Por: Rolf Siegel (@RolfSiegel)

Alrededor de uno de cada cuatro mexicanos hoy en día tiene un smartphone y la demanda de productos electrónicos va a seguir aumentando en los próximos años. Lo que mucha gente no sabe es cómo nuestro deseo por disfrutar de la última tecnología y su desperdicio electrónico resultante destruye nuestro planeta, tanto en la producción, como en el proceso de eliminación de estos productos.

La producción de casi todos los dispositivos electrónicos requiere, entre otros minerales, del coltan (abreviatura de “columbita-tantalita”), debido a su capacidad para sostener y mover señales eléctricas. La minería de coltan ha llevado a la destrucción masiva del medio ambiente en todo el mundo, pero en ninguna parte las consecuencias han sido tan perjudiciales para la naturaleza y la humanidad como en África Central. Las estimaciones suponen que alrededor de dos tercios de las reservas mundiales se encuentran en la República Democrática del Congo (RDC), un país que fue denominado varias veces la “capital mundial de la violación” por las Naciones Unidas. En la RDC la minería ha acelerado las emisiones de gases de efecto invernadero, ha exacerbado la deforestación de uno de los mayores bosques tropicales mundiales, casi ha erradicado los últimos gorilas de las montañas y ha jugado un papel clave en el peor conflicto en el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial (en números de víctimas). Alrededor de 5 millones de congoleños han muerto en los últimos 15 años y los estudiosos han demostrado claramente que la demanda de coltan ha acelerado la intensidad del conflicto inmensamente. El control de las minas era y es rentable, y los ingresos se utilizan para financiar material de guerra. Cuando, por ejemplo, los precios llegaron a su punto más alto en el año 2000 debido a una alta demanda del nuevo Sony PlayStation 2, cientos de miles de congoleños fueron asesinados en sólo unos meses. Las iniciativas internacionales han llevado a la economía mundial a prescindir del coltan congoleño. Sin embargo, los resultados han sido mixtos y la República Democrática del Congo es, junto con Brasil y Australia, uno de los tres mayores productores de coltan a nivel mundial y la violencia todavía es omnipresente.

Aparte de los problemas en la adquisición de materia prima, el desecho de nuestros equipos electrónicos plantea serios desafíos. En la actualidad cada año se producen alrededor de 50 millones de toneladas del llamado “e-waste” (desecho electrónico o eléctrico), y los números están aumentando. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) asume que este número aumentará en 40 millones de toneladas al año, lo que resultará en un incremento del 500% en los próximos diez años. De esos 50 millones de toneladas de desechos electrónicos, se estima que sólo el 25% termina en el país de uso, lo que significa que tres de cada cuatro dispositivos electrónicos forman parte de una operación global que vuelca la basura electrónica en los países en desarrollo, donde los más pobres reciclan (menos del 20%) o queman (más del 80%) los desechos a mano. Un ejemplo bien conocido es el área de Guiyu en el sur de China, donde más de 150,000 chinos reciclan residuos electrónicos enviados de todas partes del mundo, incluyendo México. Vertederos similares que intoxican inmensos sectores de la población y el medio ambiente también se encuentran en Ghana, Nigeria y otros países en desarrollo.

Vertedero de desechos electrónicos en Ghana (©Kai Loeffelbein, UNICEF. Foto del año 2011)

Vertedero de desechos electrónicos en Ghana (©Kai Loeffelbein, UNICEF. Foto del año 2011)

¿Qué podemos hacer para impactar la situación positivamente? México, como miembro de la OCDE, no tiene permitido participar en el comercio de desechos electrónicos con países no pertenecientes ala OCDE por el Convenio de Basilea. Sin embargo, el comercio es rentable y los países siempre encuentran formas creativas de evitar las leyes. Por lo tanto, no debemos esperar a que nuestros gobernantes cambien la situación, sino repensar nuestros hábitos de consumo. El teléfono celular promedio, por ejemplo, hoy en día sólo dura alrededor de 18 meses y sigue siendo un dilema para el consumidor si es realmente necesario actualizar su smartphone al modelo más reciente (y muchas veces sólo ligeramente diferente). Dado que los ciclos de vida de los productos electrónicos son más cortos cada año -a menudo por la intención de los productores de aumentar la demanda- debemos exigir productos de mayor calidad y por tanto, mayor durabilidad. Estudios de la Universidad de Manchester, por ejemplo, muestran que el 85% de los microondas que se tiran pudieron haber sido reparados en unos minutos. En caso de que realmente tengamos que deshacernos de nuestra tecnología, no sólo debemos tirarla a la basura, sino asegurar que alguien más pueda usarlo y quizás venderla. En el DF, por ejemplo, existe un mercado de trueque en donde se puede intercambiar todo tipo de residuos sólidos (pet, vidrio, aluminio, papel, cartón, tetrapack y electrónicos) por productos agrícolas. Además, las grandes tiendas de electrónica tienen programas de reciclaje y están obligados por ley a deshacerse de ella adecuadamente.

Las oportunidades para modificar nuestros hábitos respecto a los residuos electrónicos existen, solo es cuestión de aprovecharlas.

 

* Rolf Siegel es Consultor Asociado de Inteligencia Pública

 

 

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