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¿Diferencia biológica sexual o desigualdades sociales de género?
Uno de los principales problemas de confundir las diferencias biológicas sexuales y las desigualdades sociales de género, es que los seres humanos podemos hacer poco para cambiar las distinciones que nos vienen predeterminadas por la naturaleza, pero podemos construir mejores sociedades a través del mejoramiento de instituciones y políticas públicas más equitativas e inclusivas para los diferentes tipos de ciudadanos: mujeres, intersexuales y hombres.
Por Inteligencia Pública
27 de febrero, 2014
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Por: Carmina Borja

Perspectiva o enfoque de género se refiere a adoptar una lente que nos permite mirar en mayor detalle la forma en la que han sido construidas las diversas variedades de diferencias sociales entre hombres y mujeres (desigualdades de género), en el devenir de la historia (el tiempo) y a través de las culturas (el espacio), así como las formas en las que estas diferencias de género nos afectan como ciudadanos en los ámbitos individual y colectivo, en lo privado y lo público, en lo íntimo y lo familiar, en lo económico, político y social, en estados de bienestar Patriarcales (Delphy, 1984; Friedan, 1963; Pateman, 1985, 1988, 1989, 1992; Sainsbury, 1996; Walby, 1986, 1990), Maternalistas (Elshtain, 1981, 1990, 1983; Hantrais and Letablier, 1996; Sainsbury, 1996), de Transición, y de Empoderamiento de la mujer como ciudadana (Dietz, 1992; Hantrais and Letablier, 1996; Mouffe, 1992a, 1993, 1992b; Phillips, 1992; Sainsbury, 1996; Siim, 1988, 1999).

Las desigualdades socioeconómicas y socioculturales de género (Culture) son conceptualmente distintas a las diferencias basadas en el sexo biológico de los individuos (Nature). El debate se conoce como Cultura vs. Naturaleza. Por un lado la Cultura consiste en una serie de acuerdos sociales creados por los humanos, mientras que la Naturaleza escapa al poder humano de creación.

Lo que regularmente conocemos como sexo, se refiere a las diferencias en los cromosomas, hormonas y su manifestación anatómica en los órganos sexuales externos e internos. Ello da como resultado al menos cuatro categorías mutuamente excluyentes: 1) XX para femenino y 2) XY para masculino, además de los cromosomas intersexuales: 3) XO (síndrome de Turner) y 4) XXY (síndrome de Klienfelter). Entonces los estudios empíricos basados en la existente codificación que incluye sólo las primeras dos categorías, incurren en problemas metodológicos de validez ya que ignoran al menos las otras dos importantes categorías que determinan el sexo de los individuos. De acuerdo con la Organización Planned Patenthood Care “existen otras diferencias que podría tener una persona y que no pueden detectarse sin analizar los cromosomas y las hormonas o sin examinar sus órganos sexuales internos. A veces, nunca se nota la diferencia; por lo tanto, algunas personas tienen afecciones intersexuales durante toda su vida y nunca lo saben”.

Ahora bien, algunos ejemplos de cómo han sido construidas históricamente las desigualdades socioeconómicas y socioculturales entre hombres y mujeres son las brechas de género en importantes aspectos como: 1) el derecho al voto, 2) el derecho a la representatividad pública en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial (empoderamiento político), 3) el derecho a herencia y propiedad privada, 4) el derecho al trabajo remunerado dentro y fuera de casa (empoderamiento económico), 5) el derecho al divorcio y 6) el derecho a la aplicación de las leyes sin distinción de género (empoderamiento civil y penal). La segunda ola de teoría de género (conocida también como segunda ola feminista) estuvo principalmente impulsada por el concepto de “segundo género”, es decir, la existencia de una ciudadanía de segunda clase (de Beauvoir, 1949), un tipo de ciudadano que está sistemáticamente discriminado de su empoderamiento económico, político y social, como en el caso de las mujeres dadas estas brechas históricas, que también se observan a través de las culturas.

Muchas de estas desigualdades sociales de género han sido enfrentadas eficientemente con cambios institucionales y políticas públicas, pero algunas brechas de género son persistentes y siguen representando un reto para el siglo XXI. Algunos importantes ejemplos incluyen: 7) las diferencias el ingreso de hombres y mujeres por trabajos similares, 8) la licencia de maternidad, pero no de paternidad, para empleados, 9) las diferencias en la brecha educativa, 10) las brechas de representación femenina en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, 11) las diferencias en las oportunidades económicas y el entorno de negocios, y 12) la segmentación del mercado.

Es común encontrar confusión entre las categorías analíticas sexo y género, más aún entre lo que debe entenderse por diferencia biológica sexual y por desigualdades sociales de género. Recientemente en un comunicado de prensa (No. 15 – 11 De Febrero De 2014), Adriana Borjas Benavente, Directora General del Instituto de la Perspectiva de Género de Instituto Nacional de las Mujeres declaró que “[…] se puede decir que hay avances significativos, pero aún insuficientes, dada la magnitud de la desigualdad que separa a las mujeres de los hombres, razón que debe motivar a apretar el paso y continuar el fortalecimiento de la coordinación y corresponsabilidad entre la Federación y las dependencias en las entidades federativas”.

Como sabemos no existe una única fuente de desigualdad de género y tampoco una única fuente de diferencia de sexo. Probablemente la declaración se refería a la magnitud de las diversas variedades de desigualdades sociales de género, ya que también es incorrecto estipular que una desigualdad “separa a las mujeres de los hombres”. Aprendimos que son diversos factores socioeconómicos y socioculturales que condicionan diferentemente a mujeres (XX) y a hombres (XY), pero también a intersexuales tipo 1 (XO) y tipo 2 (XXY) en caso de que quisiéramos comenzar a tomar en cuenta algunas de las categorías ya conocidas sobre la determinación del sexo de las personas.

Uno de los principales problemas de confundir las diferencias biológicas sexuales (condicionamientos naturales) y las desigualdades sociales de género (condicionamientos culturales), es que los seres humanos podemos hacer poco para cambiar las distinciones que nos vienen predeterminadas por la naturaleza; sin embargo, podemos construir mejores sociedades a través del mejoramiento de instituciones y políticas públicas más equitativas e inclusivas para los diferentes tipos de ciudadanos: mujeres, intersexuales y hombres.

 

* Carmina Borja es Investigadora asociada de Inteligencia Pública (@IntPublica)

 

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