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El intento del impuesto al carbono en México
Aunque fue un gran avance que la reforma hacendaria haya contemplado el impuesto al carbono con el objetivo de mejorar el ambiente, éste no cumple con los elementos necesarios para lograr su correcto desarrollo sobre todo porque las cuotas que deberán pagarse por las emisiones se quedaron muy cortas como para generar un impacto en las conductas de los ciudadanos.
Por Inteligencia Pública
31 de octubre, 2013
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Por Liliana Estrada (@LilianaEG145)

En los últimos años hemos estado escuchando continuamente los efectos de unode los principales problemas a nivel mundial: el Cambio Climático. Las emisiones de CO2 se han convertido en una cuestión que necesita atenderse si no queremos que siga avanzando el aumento de la temperatura y con ello las catástrofes ambientales.

De acuerdo a las cifras de la Agencia Internacional de Energía, México ocupa el décimo cuarto lugar mundial en emisiones de CO2, puesto que en las últimas dos décadas sus emisiones han crecido alrededor de 57.4%, al pasar de 264 millones de toneladas en 1990 a 416 millones de toneladas en el 2010 (año con más emisiones), lo que representa 3,850 kilos de CO2 per cápita.

Esto se debe principalmente al transporte que es el sector que más emisiones de CO2 emite, con cifras que alcanzan las 151.4 millones de toneladas (36% del total de emisiones) debido a la quema de combustibles, principalmente gasolina y diesel. Al transporte le sigue la producción de electricidad y calor que genera 123.2 millones de toneladas de CO2 (30%) derivado de la matriz energética donde el 47% son hidrocarburos.

El Gobierno Federal, a través de la reforma hacendaria y con la finalidad de reducir las conductas que afectan gravemente al medio ambiente y con ello las emisiones de CO2, impuso el impuesto al carbono, que no es más que gravar las emisiones por la quema de combustibles fósiles.

El impuesto al carbono o mejor dicho el impuesto a las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en muchos países ha representado una gran área de oportunidad, ya que permiteincrementar los recursos para avanzar hacia la transición energética, además dereducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y promover fuentes alternativas de energía como las renovables.

Por lo tanto, fue un gran avance que la reforma hacendaria haya contemplado este impuesto. No obstante, a pesar de los potencialidades de este impuesto para ayudar a cubrir otros gastos y mejorar el medio ambiente, la propuesta del impuesto al carbono en la Reforma Hacendaria que presentó el Presidente y posteriormente modificó el Congreso, no cumplieron los elementos necesarios para lograr su correcto desarrollo.

En primer lugar hubo una confusión en la redacción, ya que no debería de llamarse impuesto al carbono pues se entendería que lo que se quiere gravar es el contenido de carbono de los energéticos, y no las emisiones por la utilización de combustibles fósiles, por lo tanto, era mejor denominarlo impuesto al C02 o a las emisiones de CO2.

En segundo lugar, las cuotas que deberán pagarse por las emisiones se quedaron muy cortas como para generar un impacto en las conductas de los ciudadanos, ya que se establecieronen menos de 5 dólares la tonelada de CO2, cuando el promedio mundial es de 20 a 30 dólares por tonelada de CO2. Es decir, al final, sólo se gravóel 3% de valor de los combustibles, esto es, alrededor de 5 o 15 centavos por litro de combustible de gasolina, turbosina, diesel, combustóleo, butano, propano, entre otros.

Por lo tanto, pagar 10 centavos por cada litro de gasolina consumido o 13 centavos por combustóleo no se convierte en una verdadera política de mitigación, ni incentiva el uso racional y sustentable de energéticos en México. Además, a esto hay que sumarle que por un lado, los energéticos en México se encuentran subsidiados, por lo que no estamos acostumbrados a pagar responsablemente por lo que consumimos, y por otro, no existen muchas alternativas realmente accesibles a la población para sustituir o reducir el uso de combustibles fósiles. Tal es el caso de la gasolina, en donde las políticas de movilidad están muy enfocadas en la utilización del automóvil.

Finalmente, el gas natural que quedó como la base de la definición de las emisiones de los otros energéticosno debió quedar exento de impuesto, pues aunque es un combustible bajo en emisiones, debe ser integrado a largo plazo para avanzar hacia la transición energética.

En conclusión, una política como es el impuesto a las emisiones de CO2 que ayuda a trascender a un sistema más sostenible y sustentable, quedó en el intento. Desde un inicio no se tuvo claro la intencionalidad de la aplicación del gravamen, pues más allá de modificar las conductas que afectan al medio ambiente, quedaron como un mecanismo recaudatorio sin un fin, puesto que tampoco se plantearon medidas de hacia dónde se destinarán estos recursos, los cuales deberían ser asignados a la construcción de un mejor transporte público o para la adquisición de tecnologías para utilizar renovables, o incluso para financiar la transición energética en México.

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