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¿El siglo de África?
Con los informes sobre el brote de Ébola en el oeste de África en las últimas semanas, una vez más el continente se ha retratado en los medios de comunicación como atrasado y sucio. La mayoría de los artículos se han centrado en el miserable estado de su infraestructura, no haciendo caso a los cambios positivos que ya han transformado el Continente Negro para bien.
Por Inteligencia Pública
2 de octubre, 2014
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Por: Rolf Siegel (@RolfSiegel)

La mayoría de los problemas de los 54 países africanos son resultado del hecho de que sus sociedades han sido tradicionalmente rurales. Una de las razones de esta situación ha sido la trata de esclavos, por lo cuál la mayoría de los africanos sospecha de las intenciones de sus gobiernos, lo que ha fomentado la voluntad de muchas tribus étnicas a mantenerse alejadas de los centros económicos y políticos, y continuar con la vida que han llevado durante años en el campo (Nunn y Puga 2009).

Como resultado, las identidades locales son fuertes, y el concepto de una nación prevalece menos que en el mundo occidental. Un aspecto adicional que no ha ayudado a apoyar una identidad común es que muchas fronteras han sido determinadas artificialmente por las potencias coloniales, por lo tanto, una gran cantidad de grupos étnicos se vieron obligados a vivir juntos.

Los científicos también han señalado que la abundancia de tierra en África ha impedido guerras por el territorio –las cuáles en el mundo occidental habían sido uno de los impulsores de crear instituciones para resolver conflictos (Herbst 2000). En el occidente, esas instituciones se convirtieron después en estados. En África, tanto la falta de una identidad común como la dispersión geográfica de sus ciudadanos se han traducido en países africanos que no han sido capaces de construir estados centralizados que funcionan y unifican a su gente.

Como Acemoglu y Robinson (2014) escriben en su libro ¿Por qué fracasan las naciones?, la centralización política con control efectivo de toda la población es extremadamente importante para el éxito político y económico. La mayoría de los países africanos todavía están luchando para superar este déficit, y la mala gestión que hemos visto en el brote de Ébola en Sierra Leona y Liberia es un buen ejemplo. La lista de aspectos de bajo rendimiento debido a la falta de capacidad política en los estados africanos es larga: los niveles de educación son pobres, el acceso a los servicios básicos como el agua o la electricidad a menudo es inexistente, y el sistema de salud pública catastrófico, sólo para nombrar unos pocos.

Pero también hay esperanza, y África está cambiando dramáticamente. Desde el fin de la Guerra Fría, la política y los medios de comunicación en África se han convertido en instituciones más libres, más vibrantes y más abiertas a los grupos anteriormente marginados. Los regímenes autocráticos comenzaron a perder sus concentraciones monopólicas en el poder. Como señala The Economist, sólo dos presidentes en todos los estados africanos llegaron al poder legalmente entre la independencia de los estados africanos (1960s) y la caída del Muro de Hierro (1990). Desde 1990, esta cifra supera los 50, y elecciones justas y discursos políticosya son una tradición en muchos estados africanos. Los conflictos interestatales se han reducido casi completamente a cero, y los conflictos por el estado interno son menos frecuentes también.

Los cambios políticos han llegado junto con las reformas económicas, y como consecuencia el continente ha crecido, en promedio, casi cinco por ciento en los últimos 15 años. La estabilidad económica ha dado lugar a un aumento de la confianza de los inversionistas. Alrededor de 53 mil millones de dólares del extranjero fueron invertidos el año pasado, y este número ya es mayor que la cooperaciónal desarrollo. Además, los líderes africanos han entendido que sobrevaluar el tipo de cambio podría haber abaratadolas importaciones de lujo, pero también lastimó a las propias exportaciones. Esto fue especialmente cierto para la producción agrícola, que no era competitiva a nivel mundial.

Hoy en día, los tipos de cambio reflejan mucho más el valor de los productos que se producen dentro de África, y las exportaciones han aumentado en consecuencia. Uno podría argumentar que la mayor parte de este crecimiento se remonta a un auge de los productos básicospor el ascenso de China, y esto es sin duda correcto. Devarajan y Fengler (2013) demuestran que el porcentaje del sector manufacturero en África no ha cambiado en importancia en los últimos 50 años, y la desigualdad se ha reducida solo ligeramente en las últimas dos décadas, lo que indica que principalmente los ricos se beneficiaron de la demanda global. Sin embargo, es también cierto que la pobreza se ha reducido drásticamente. El Banco Mundial prevé que la mayoría de los estados africanos serán clasificados como “países de ingresos medios” en 2025.

Por supuesto, la educación y la salud son y seguirán siendo algunos de los mayores problemas que enfrenta África en las próximas décadas, lo que afectará al crecimiento de manera decisiva. Los maestros y los médicos no están lo suficientemente capacitados, y la asistencia es pobre. Devarajan y Fengler (2013) mencionan que por ejemplo en Uganda, los profesoresatienden menos del 20 por ciento de las clases. Aunque las tasas de matrícula hayan aumentado drásticamente (por ejemplo,la matrícula en secundaria aumentóun 50 por ciento en los últimos 10 años), los resultados del aprendizaje han lógicamente apenas cambiado. Además, una docena de países han reconocido este problema y están implementando soluciones tecnológicas que algún día harán innecesario a los maestros. Uno de los proyectos más conocidos es de One Laptop Per Child, que tiene el objetivo de dar a los estudiantes la posibilidad de estudiar por sí mismos con un software, independiente de profesores y desde donde estén. Algunos países como Ruanda incluso implementan el acceso gratuito alinternet en todo su territorio para facilitar los procesos de aprendizaje.

En general, es asombroso ver cómo los africanos se han adaptado a la tecnología de una manera mucho más rápida de los que lo hemos hecho nosotros en el Occidente. Por ejemplo, ellos no han pasado por los teléfonos fijos y las computadoras personales, pero actualmente saben manejar perfectamente los teléfonos inteligentes. El africano típico todavía puede ser bastante pobre, pero sin duda tiene un teléfono celular con acceso al internet, a través del cuál hace sus pagos. A diferencia de México, las tarifas de llamadas se encuentran entre los más bajos del mundo, y la revolución digital está empezando a despegar, con nuevas empresas que producen aplicaciones sobresalientes “made in Africa”, especialmente en Kenya.

Esta es una gran noticia para África, ya que hemos visto que la infraestructura es uno de los principales obstáculos en el desarrollo económico y político. Las TIC podrían ayudar a superar los problemas de la infraestructura física y así, acelerar el crecimiento y desarrollo de los países africanos. Por otra parte, vivir en lo rural es cada vez menos atractivo para la juventud, y la urbanización se está acelerando rápidamente. Mientras que en las últimas décadas, aldeas enteras fusionaban sus ahorros para enviar a uno de sus hijos a las ciudades a ganarse la vida -que luego se distribuyó entre todo el pueblo, por lo que no da un incentivo para invertir el dinero de la comunidad en su propio crecimiento-, actualmente las reglas están cambiando, y muchos africanos están adoptando estilos de vida occidentales y poniendo más énfasis en la educación y su propio bienestar.

Las Naciones Unidas establece que casi todo el crecimiento de la población mundial en la segunda parte de este siglo se atribuirá a África, dándole al continente un enorme bono demográfico. Una fuerza de trabajo mejor educada podría atraer la industria manufactureraubicada en Asia hoy en día, ya que la subida de los salarios chinos hará la región menos atractiva. El problema es que los salarios en África podrían ser muy bajos, pero los costos de transacción siguen siendo inmensos. Entre otras ciudades africanas, Luanda, la capital de Angola, está rankeada con frecuencia como una de las ciudades más caras del mundo, y los costos de transporte de África se encuentran entre los más altos de la Tierra.

Con el fin de atraer a esta base de manufactura, los estados africanos todavía tienen mucho que reformar: hay que abolir regulaciones empresariales complejas e ineficientes; además hay que buscar formas para levantar los trabajadores del sector informal (que representa al menos el 70% de la fuerza de trabajo) a la formalidad; hay que luchar contra la corrupción; y la prestación básica de servicios debe mejorarse a través de inversiones masivas, sólo pornombrar unos pocos. Los chinos y recientemente también los Estados Unidos han entendido el potencial enorme de este continente, y están invirtiendo fuertemente en la mejora de la infraestructura para crear un mejor ambiente de negocios.

Dicho esto, el futuro de algunos de los países africanos podría ser más brillante de lo que la gente piensa, y deberíamos tratar de superar nuestros estereotipos negativoscuando se habla del Continente Negro.

 

* Rolf Siegel es Consultor Asociado de @IntPublica

 

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