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Gastamos demasiada energía eléctrica
México se encuentra en los últimos cinco lugares en eficiencia energética, con el lugar 19 de los 23 países que son analizados, de acuerdo con el ranking internacional elaborador por el Consejo Estadounidense por una Economía de Energía Eficiente.
Por Inteligencia Pública
28 de julio, 2016
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Por: Liliana Estrada (@LilianaEG145)

Lograr el desarrollo de una política energética sustentable requiere mejorar los procesos de producción , como cambiar los patrones de consumo, ya que es necesario utilizar la menor energía para proporcionar los mismos bienes y servicios para la vida diaria. Esto debido a que se trata de alcanzar una economía baja en carbono a través del uso de fuentes limpias y la reducción de emisiones contaminantes, donde la eficiencia en el uso de energía obtiene un papel importante, sobre todo por su potencial para impulsar la prosperidad económica y la seguridad energética.

Desde el 2012, cada dos años el Consejo Estadounidense por una Economía de Energía Eficiente (ACEEE, por sus siglas en inglés) ha elaborado un ranking internacional a fin de monitorear las políticas, programas e inversiones que promueven la eficiencia energética. Esto decir, el uso racional de la energía en los sectores productivos. Actualmente el estudio abarca 23 países, los cuales representan el 75% de toda la energía consumida en el planeta, así como más del 80% del Producto Interno Bruto (PIB) del mundo en el 2013. Asimismo, el análisis se centra en cuatro categorías principales para medir el tema: esfuerzos nacionales (uso de energía en los sectores de la economía), edificios, industria y transporte.

De acuerdo con el ranking de este año, México se encuentra en los últimos cinco lugares en eficiencia energética: ocupa el lugar 19 de 23 países. Ello indica la escasa implementación de estrategias que vinculen la innovación con el consumo de energía mediante la aplicación de tecnologías eficientes y renovables. No obstante, a pesar de la posición actual, el país ha ido mejorando en el estudio, lo cual ha sido resultado del desempeño que ha tenido la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (CONUEE): en 2014 era el último lugar y ahora se encuentra por arriba de Tailandia, Sudáfrica, Brasil y Arabia Saudita.

Con base en las categorías de análisis del estudio, el país obtuvo la mejor calificación en la categoría de edificios, ello debido a que se cuenta con normas y códigos para reducir el consumo de energía en el sector comercial y residencial, así como estándares de etiquetado sobre eficiencia en aparatos y equipos electrónicos, tales como aires acondicionados, electrodomésticos o luminarias.

La segunda categoría mejor calificada fue el sector industrial, esencialmente por su bajo consumo de energía con base en su valor agregado a la economía mexicana. (ACCEE, 2016)

Por su parte, las categorías de transporte y esfuerzos nacionales fueron las que recibieron bajas puntuaciones. En el caso transporte, su puntuación se debió a la falta de regulación para la utilización de mejores estándares de combustibles para vehículos ligeros y pesados, así como por una continua inversión en infraestructura vial por encima del transporte público y ferroviario para el transporte de mercancías. Mientras que, en esfuerzos nacionales, la baja calificación fue el resultado de la ausencia de metas, planes y financiamientos específicos en materia de eficiencia energética. (ACCEE, 2016)

De tal manera, resulta vital que la Secretaría de Energía (SENER) y la CONUEE en la nueva Estrategia de Transición para Promover el Uso de Tecnologías y Combustibles más limpios, que está por publicarse en los siguientes meses, establezcan metas claras e instrumentos de ejecución, así como la eliminación de barreras para mejorar la eficiencia energética del país, principalmente en los sectores con mayor consumo de energía. Esto debido a que dicha estrategia debe plantear la visión del país para los próximos 15 y 30 años en materia de energías limpias, aprovechamiento sustentable de la energía y mejora de la productividad energética a través de la reducción de emisiones contaminantes de la Industria Eléctrica.

Asimismo, es necesario socializar y fortalecer el papel de la CONUEE como órgano desconcentrado de SENER, ya que con la aprobación de la Ley de Transición Energética (LTE) se refuerza su autonomía técnica y operativa para ser una institución de carácter técnico en materia de eficiencia energética y el uso eficiente de la energía. Además, este organismo público cuenta con capacidad para formular y emitir las metodologías y procedimientos para cuantificar los energéticos (tipo y uso final) y determinar el valor económico del consumo.

Específicamente, resulta conveniente que el próximo Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2017 integre financiamiento para programas de eficiencia energética que permitan desarrollar investigación y estrategias para un manejo sustentable de la energía y agua, a fin de disminuir la intensidad energética del país, y con ello garantizar el acceso de los recursos a las generaciones presentes y futuras. Al mismo tiempo, se deberá establecer incentivos para la inversión privada en la materia, así como para la mejora de los sistemas de generación de energía, esencialmente de las Empresas Productivas del Estado (EPP), estados y municipios.

También es vital la aplicación de las 29 Normas Oficiales Mexicanas (NOM) de eficiencia energética que se tienen para edificios y equipos, principalmente la NOM 008 y 020 que buscan reducir el calor en los edificios desde su fase de construcción, ya que esto puede generar un ahorro de alrededor del 40 % del uso de energía de estas instalaciones (IMEI, 2016).

En el caso de la industria, es necesario seguir la capacitación del sector para el desarrollo de sistemas de gestión de la energía. Esto es, establecer los métodos y procesos necesarios para mejorar su rendimiento energético, incluyendo la eficiencia, uso y consumo. Al respecto, la CONUEE ha realizado diversos talleres, sin embargo, hace falta la instalación de programas y evaluaciones vinculantes para la aplicación de dichos sistemas (CONUEE, 2016).

En materia de transporte, es indispensable la integración de los mejores estándares en la consulta y publicación de la NOM sobre la calidad de los combustibles, a fin de mejorar la eficiencia en los vehículos ligeros y pesados. Además, se debe motivar el cambio conceptual del transporte por movilidad, pues sólo cinco entidades -Jalisco, Nuevo León, Querétaro, Estado de México y Distrito Federal- cuentan con una Ley de Movilidad.  Esto ayudará a contemplar en el diseño de las políticas de transporte a todos los usuarios del espacio público – peatones, ciclistas, usuarios de transporte público, operadores de vehículos de carga y conductores de vehículos motorizados- a fin de lograr mejores métodos de desplazamiento de las personas y por tanto, un ahorro significativo de energía.

Finalmente, debido a que el tema de eficiencia energética no solo abarca responsabilidades para las dependencias gubernamentales, es necesario que los ciudadanos seamos sensibilizados sobre la manera efectiva de utilizar la energía, pues únicamente destinamos alrededor de tres dólares por persona para la adquisición de tecnologías eficientes (ACCEE, 2016). Cabe mencionar que se puede ahorrar desde los hogares o en el uso del auto a través de la adquisición de electrodomésticos eficientes, el uso de bombillas eléctricas de tipo LED, así como la instalación de calentadores solares de agua, regaderas ahorradoras o inclusive, apagar el vehículo cuando no se esté utilizando (CONUEE, 2016).

En conclusión, México tiene un gran potencial para incluir mecanismos de eficiencia energética mediante la implementación de políticas en los sectores industriales, de la construcción y del transporte, así como también en el sector doméstico. Sin embargo, resulta indispensable la colaboración de todos los niveles de gobierno, desde el orden federal hasta el municipal, la iniciativa privada, la academia y la de los ciudadanos, de manera tal que se facilite la generación de estrategias y planes útiles y viables para el aprovechamiento sustentable de la energía, ya que no hay mejor energía que aquella que no necesita producirse ni utilizarse.

* Liliana Estrada es investigadora de @IntPublica.

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