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¿Igualdad sustantiva de género en México? Parte I
En términos legales, la igualdad sustantiva se conoce como de facto, cuando los derechos se aplican y practican en la realidad, logrando cambios que van más allá de las palabras y acuerdos escritos, es decir, con resultados que pueden observarse. En esta primera parte analizaremos hasta qué punto en México existe igualdad sustantiva de género en cuanto los ingresos de mujeres y hombres que realizan el mismo empleo.
Por Inteligencia Pública
25 de diciembre, 2014
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Por: Carmina Borja

A diferencia de la igualdad de género que existe tan sólo en los discursos, la igualdad sustantiva de oportunidades entre mujeres y hombres es aquella que se encuentra en los hechos y en las prácticas. Más específicamente, en la efectividad que han tenido las políticas públicas en cerrar la brecha socioeconómica creada entre mujeres y hombres a través del tiempo, y de las diferentes sociedades o Estados de Bienestar.

En México contemporáneo se distinguen cuatro principales brechas o condicionamientos socioeconómicos que requieren alcanzar igualdad sustantiva de género: I) los ingresos y las pensiones; II) el empleo y la ocupación; II) los estándares de seguridad social, y IV) toda otra forma de discriminación socioeconómica en diferentes niveles: individual (en la esfera de lo privado), así como, municipal, estatal y nacional en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial (en la esfera de lo público). En términos legales, la igualdad sustantiva se conoce como de facto, cuando los derechos se aplican y practican en la realidad, logrando cambios que van más allá de las palabras y acuerdos escritos, es decir, con resultados que pueden observarse. Cada uno de los próximos artículos evaluará por separado estos cuatro incisos. En esta primera parte analizaremos hasta qué punto en México existe igualdad sustantiva de género en cuanto los ingresos de mujeres y hombres que realizan el mismo empleo.

Estudios recientes han encontrado una fuerte correlación entre la brecha o desigualdad sustantiva de género en ingresos – también conocida como el ingreso diferenciado por género, es decir, que las mujeres empleadas no ganan el equivalente al 100% del salario de los hombres empleados en trabajos y sectores comparables – y la competitividad económica de los países. Dado que las mujeres son la mitad del potencial de talentos de un país, la competitividad en el largo plazo depende significativamente de cómo y cuánto se empodera económicamente a las mujeres en la actualidad (World Economic Forum, The Global Gender Gap Report, 2014).

Disminuir, sanear y aliviar la dramática desigualdad sustantiva de género en el ingreso, representa un gran reto para México hoy en día. Siguiendo los datos contenidos en el Índice de Desarrollo relativo al Género que ofrece Naciones Unidas (ONU), en el año 2000 el ingreso estimado de las mujeres mexicanas era equivalente a tan sólo 37% del salario de los hombres empleados en trabajos iguales y en el mismo sector de la economía. De manera similar, de acuerdo con el Índice de la Brecha Global de Género (IBGG) que ofrece el Foro Económico Mundial, en el 2013 el salario estimado de las mujeres era equivalente a tan sólo 43% del salario de los hombres, nuevamente tomando en cuenta trabajos y sectores comparables. Durante el 2014 la situación no ha mejorado mucho, ya que el salario estimado de las empleadas es equivalente a tan sólo 46% del salario de los empleados.

Ahora bien, con datos de la Encuesta de Opinión para Ejecutivos que ofrece también el Foro Económico Mundial entre legisladores, altos funcionarios, gerentes, trabajadores técnicos y profesionales, se sabe que el salario de las mujeres a nivel ejecutivo era equivalente a tan sólo 57% del salario de los hombres en el 2013, y es equivalente a alrededor del 54% en 2014. Así que hoy en día todo parece indicar que la mitad de los talentos potenciales, las mujeres mexicanas, incluso en las altas esferas ejecutivas, ganan apenas alrededor de la mitad del salario de los hombres mexicanos empleados en trabajos y sectores similares. Mientras que este año las ejecutivas hondureñas y canadienses gozaron ya de un salario que representó alrededor del 72% del salario de los ejecutivos de esos mismos países; y en Burundi, Mongolia, Qatar, Tailandia y Malasia las mujeres ejecutivas de alto nivel ganan más del 80% del salario de los hombres ejecutivos.

Si en un futuro queremos mayor competitividad económica en México, las políticas públicas de género hoy deben tener como primera prioridad garantizar que el ingreso de las mujeres empleadas alcancen finalmente el 100% de los ingresos de los hombres empleados en la misma actividad (como por ejemplo en Luxemburgo, Noruega, Singapur y Suiza durante el 2013). De acuerdo con el dato más reciente del IBGG, para ello deben aumentar los salarios estimados de las empleadas mexicanas alrededor de un 54% en todos los sectores de la economía.

En el segundo año de la administración del Presidente Enrique Peña Nieto (del 1º de Diciembre del 2013 al 1º de Diciembre del 2014), todavía no ha habido evidencia sobre aumentos de salarios para las empleadas mexicanas ni sobre otro aspectos del empoderamiento económico de la mujer que prometió durante su campaña política, y cuyo financiamiento quedó estipulado en el reciente Plan Nacional de Desarrollo. Más aún, las diferencias socioeconómicas entre mujeres y hombres se han hecho más grandes: México ha caído doce posiciones en este último año – del lugar 68 (de 136 países) al lugar 80 (de 142 países)– en su calificación general sobre la brecha global de género, y diez posiciones en su calificación sobre la brecha de género en el ingreso (IBGG, 2014). Esto sugiere que los principios de este sexenio ya están significando marcados retrocesos en cuanto a la igualdad sustantiva de género, comparando con la administración anterior. También sugiere que lograr sanear las desigualdades sustantivas de género en el ingreso y las pensiones, es un reto que las políticas públicas municipales, estatales, y nacionales aún deben enfrentar con mayor eficiencia; acompañadas de planes de desarrollo de largo plazo que no puedan ser alterados fácilmente por los diferentes tipos de administraciones que las ejecutan.

 

* Carmina Borja es Investigadora Asociada de Inteligencia Pública

 

 

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