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La energía no se vende ni se privatiza, sólo se transforma
Uno de los puntos clave que se esperaba de la Estrategia Nacional de Energía sobre eficiencia y transición energética es la necesidad de incentivar la producción de energías renovables y disminuir la de combustibles fósiles. Sin embargo, tres de las cuatro medidas políticas se concentra en hacer exactamente lo contrario.
Por Inteligencia Pública
20 de marzo, 2013
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Por: Mónica Sigüenza (@Monsiguenza) y Liliana Estrada (@LilianaEG145)

Estimado lector, en el marco del 75 aniversario de la expropiación petrolera -retos y perspectivas, Inteligencia Pública trae para usted los 5 puntos que se tendría que preguntar cuando se habla de la Estrategia Nacional de Energía (ENE) 2013-2027 y el futuro energético del país.

Lo estructural

La ENE representa las directrices bajo las cuales el Gobierno de la República planteará las políticas energéticas del país, bajo dos objetivos estratégicos principales: crecimiento económico, relacionado con el impulso y mejoramiento energético, e inclusión social. Bajo este esquema, se trazaron tres plazos de cumplimiento: finales de 2018, 2024 y 2027.

Tales objetivos están alineados a tres principios esenciales sobre la oferta y la demanda de energéticos: eficiencia, seguridad y sustentabilidad energética. Esto significa que se promoverán mejores prácticas sobre productividad, capacidad de renovación y la previsión de actividades productivas en este sector.

Las medidas de política sobre las cuales se piensa trabajar son 4: transporte, almacenamiento y distribución; refinación, procesamiento y generación de energía; producción de petróleo; y, finalmente, transición energética.

En resumen, la ruta crítica se divide en 22 temas energéticos, medidos por 26 indicadores con el objetivo de lograr una transición y modernización del sector.

Lo bueno

Tal como menciona Luis Rubio sobre la necesidad de crecimiento en la productividad: “reforma que no eleva la productividad es irrelevante”, cuando hablamos sobre el crecimiento económico derivado del sector energético es fundamental orientar los esfuerzos hacia una mayor eficiencia energética. Esto es fomentar una mayor calidad de energéticos a precios competitivos, que integre costos sobre impactos negativos al medio ambiente y sobre la salud.

En términos generales, la ENE plantea dicho esquema y muestra un posicionamiento importante con referencia a cuatro aspectos: inclusión social, entendida como la necesidad de abastecimiento energético de la sociedad mexicana en su totalidad; la eliminación de subsidios a energéticos fósiles, tal como se ha impulsado en los últimos años desde la sociedad civil; la entrada de nuevos competidores al mercado, en especial para la transición energética; y ahorro energético.

La estrategia también muestra una postura favorable a la asignación de responsabilidades de autoridades en el cumplimiento de las líneas de acción, así como una primera estructura de indicadores de evaluación de resultados. Aunque estos dos últimos puntos requieren de una mayor precisión al momento de su implementación.

Lo confuso

Uno de los puntos clave que se esperaba de la ENE sobre eficiencia y transición energética es la necesidad de incentivar la producción de energías renovables y disminuir la de combustibles fósiles, como el petróleo y el gas, no obstante, tres de las cuatro medidas políticas se concentra en mejorar la producción, las reservas, detonar la industria petroquímica, mejorar las redes de distribución, transporte y almacenamiento del gas, petróleo y carbón.

Además, con la transición energética se impuso un nuevo reto de explotar la energía nuclear como alternativa, teniendo un enorme potencial de recursos para ser autosuficiente a través de energías limpias. Sí, energía nuclear. Este punto deja muchas preguntas sobre la mesa.

La expectativa sobre la estrategia de energía era el considerar un sector energético más eficiente a través de la incorporación de energías limpias y cumplir, no sólo con la meta de la Ley de Cambio Climático del 2012 del 35% para 2024, sino una efectiva reducción de emisión de gases invernadero.

Por otro lado, a pesar de contar con una matriz de indicadores, genera un poco de confusión el saber de qué manera podremos medir si efectivamente cumplimos con los objetivos. Es decir, cuáles son las metas específicas para cada uno de los periodos propuestos y cómo lograr mitigar las externalidades negativas al medio ambiente y daños a la salud.

Lo pendiente

Con respecto a los asuntos pendientes, es necesario prever una planeación sobre modificaciones al marco legal que permitan, por un lado, la competencia energética y, por otro, la asignación de recursos etiquetados para el cumplimiento de objetivos estratégicos a través de las líneas de acción según la autoridad responsable.

También, es de suma importancia considerar el factor de transversalidad del gasto en producción y generación de energías limpias al momento de planear el presupuesto destinado al tema energético.

Por último, se requiere una alineación entre las metas, las líneas de acción y los indicadores de evaluación para poder medir los avances esperados para cada una de las etapas del periodo estipulado.

Lo que sigue

A manera de wish list, sería de suma importancia crear incentivos tales que permitan la participación de un mayor número de competidores en el mercado energético vía apoyo a pequeños productores PyMES, por medio de simplificación administrativa y disminución de barreras de entrada.

Y, por último, se requiere una mayor inversión en infraestructura para generación de energías renovables.

Ahora sí, estimado lector, sorprenda a sus compañeros en una plática de café con algunos datos de utilidad sobre el futuro energético del país y evitemos lugares comunes sobre la venta de soberanía nacional.

 

* Mónica Sigüenza y Liliana Estrada son consultoras en Inteligencia Pública.

 

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