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La migración de retorno a México: ¿motivo de alegría o preocupación?
En los próximos 10 años, 4 millones de mexicanos regresarán viejos, enfermos y sin pensión, y el gobierno mexicano no cuenta actualmente con la capacidad institucional para enfrentar este complicado escenario. En términos económicos, existe evidencia de que el mercado laboral ha sido incapaz de absorber los excedentes de trabajadores, fracasando en reinsertar al sector productivo a dos millones de repatriados desde 2007.
Por Inteligencia Pública
26 de noviembre, 2015
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Por Karina Tamayo (@Kar_Tamayo)

Las cifras dadas a conocer en el reciente estudio More Mexicans Leaving than Coming to the U.S., publicado por el Pew Research Center sobre la migración de retorno de connacionales de Estados Unidos a México, de 2009 a 2014, invitan a reflexionar nuevamente acerca de lo que esta tendencia migratoria implicará para el gobierno mexicano en los próximos años en términos económicos y sociales, y a cuestionar si las políticas existentes en la materia están orientadas a enfrentar de manera integral esta situación.

Si bien desde el 2007 el flujo migratorio de mexicanos hacia EE.UU. comenzó a descender como consecuencia de la crisis económica y la puesta en marcha de acciones y políticas antiinmigrantes, éste no mostraba una diferencia significativa respecto a la migración de retorno. Incluso diversos estudios hablan de una “migración neta cero” durante el periodo entre 2007 y 2013, en el cual el volumen de mexicanos que llegan a EE.UU. tanto documentados como no documentados, es muy similar en magnitud a los que retornan a México de manera voluntaria o forzosa.

De acuerdo al Pew Research Center, esta situación parece haber cambiado durante el periodo entre 2009 y 2014, en el cual se registró un flujo migratorio neto negativo, ya que 870,000 mexicanos salieron a EE.UU., mientras un millón de connacionales regresaron, alcanzando así el nivel más bajo de emigración registrado hasta el momento. Asimismo, se reporta que el número total de migrantes mexicanos (con y sin autorización) residiendo actualmente en EE.UU. ha descendido de 12.8 millones en 2007 a 11.7 millones en 2014, de los cuales aproximadamente 5.6 millones son migrantes mexicanos no-autorizados, esto es, 1.3 millones menos que en 2007.

Contrario a lo que se podría especular, de acuerdo a este estudio, los problemas económicos o las dificultades para permanecer en EE.UU. no son los principales motivos de retorno para los mexicanos. La principal razón de retorno para el 61% de los mexicanos que vivían en EE.UU. en 2009 y que regresaron a México en 2014, es la reunificación familiar o la necesidad de conformar una familia; seguida de la deportación (14%) y la búsqueda de empleo (6%). No obstante, cabe mencionar que este porcentaje de respuesta podría explicarse en parte al temor de las comunidades hacia el estigma de la deportación, la cual representa el fracaso en el proyecto migratorio, y por tanto, se prefiere ocultar.

Aunado a esto, el aumento en las deportaciones, la suspensión de las acciones ejecutivas en materia migratoria anunciadas por el presidente Barack Obama en 2014 (cuyo estatus se resolverá hasta el próximo año), así como la percepción de un tercio de los mexicanos (33%) de que aquellos migrantes que viven en EE.UU. tienen una vida equivalente a la que tendrían en México, apuntan a reforzar la proyección de que dentro de 10 años, 4 millones de mexicanos regresarán viejos, enfermos y sin pensión.

Al respecto, cabe cuestionar si el gobierno mexicano cuenta actualmente con la capacidad institucional para enfrentar este complicado escenario. En términos económicos, la respuesta es desalentadora. En primer lugar, existe evidencia de que el mercado laboral en México ha sido incapaz de absorber los excedentes de trabajadores, fracasando en reinsertar al sector productivo a dos millones de repatriados desde 2007. Si bien la tasa de desocupación del país ha disminuido en los últimos meses, ubicándose en 4.7% de la Población Económicamente Activa (PEA), esto es, 2.5 millones de personas sin un empleo formal en julio de 2015, esto se explica a una baja relativa de la fuerza laboral. Por otro, la informalidad laboral no ha mostrado mejoría, al ubicarse en 58.4% de la población ocupada, esto es, 27 millones 181,000 personas a julio de este año. 

Relacionado a esto, existe evidencia de que los migrantes mexicanos de retorno alcanzaron en 2014 una participación mínima de 68.5% en la PEA en la fuerza laboral, mientras que la participación de la población ocupada fue de 56.2%. Respecto a su distribución por tipo de empleo (formal e informal), alrededor de 18% de los migrantes de retorno mexicanos están empleados en actividades formales, mientras que 82% está en la informalidad. Entre las principales variables que inciden en la inserción al mercado laboral informal se encuentran pertenecer a una localidad pequeña así como tener un nivel educativo bajo (menor a la primaria completa).

Con base en lo anterior, la reinserción de los migrantes de retorno a empleos formales y productivos seguirá siendo el mayor reto para los gobiernos estatales con mayores flujos migratorios, como Puebla, Michoacán, Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Zacatecas, además de enfrentar los impactos económicos ya generados por este fenómeno: estancamiento de la economía local, disminución en las remesas (que representan cada año más de 256 millones de pesos), disminución de presupuesto del Programa 3×1 para migrantes, la insuficiencia del Fondo de Apoyo a Migrantes (FAM) y la falta de generación de inversiones productivas.

Por otro lado, el creciente retorno de los niños migrantes de EE.UU. a México impone otro desafío importante. Se tiene registrado que cerca de 12 mil niños en Oaxaca, Michoacán y Zacatecas han regresado con o sin familias. Sin embargo, estos enfrentan diversos obstáculos que impiden su reinserción familiar y comunitaria, y que violentan sus derechos fundamentales a la salud, a la educación y a la identidad, entre otros. Tan solo para enfrentar esta crisis, las estructuras estatales requerirían formar a 500 profesores para otorgar un tratamiento pedagógico, didáctico y bilingüe, del cual carecen actualmente.

Finalmente, a pesar de que México ha implementado diversas medidas para aprovechar el capital humano y financiero de los migrantes en retorno, a través de acciones de certificación de competencias y apoyos para la reinserción laboral, el emprendimiento y la inversión han sido muy limitadas. Asimismo, si bien las remesas han contribuido a la reducción de la pobreza y al incremento del capital humano de los hogares y las comunidades receptoras, no han estimulado la movilidad social.

Ante este complicado panorama, para lograr la reinserción integral de los migrantes de retorno será necesario no sólo incrementar el presupuesto del FAM, el cual se mantuvo intacto en el proyecto del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2016, sino reducir y erradicar la discrecionalidad y opacidad con la que éste ha sido operado desde su creación en 2009. Sólo de esta manera será viable incrementar su alcance a futuro, ya que actualmente sólo se aplica en 26 estados, donde cada uno tiene un número determinado de municipios que atender.

En este sentido, resulta crucial orientar la mayoría de los recursos del FAM a proyectos de inversión en capital humano, que permitan potencializar las capacidades y conocimientos adquiridos por los migrantes y generar valor agregado, y con esto, lograr un incremento real en la productividad de las comunidades en beneficio del desarrollo económico del país. Por último, es indispensable el diseño de políticas públicas orientadas a atender la problemática de los migrantes de retorno de la tercera edad, que muy probablemente llegarán a México sin pensión y ahorros cuando termine su vida útil en el exterior; así como la crisis de repatriación y de respeto a los derechos humanos de los niños migrantes.

Es indudable que la política migratoria en México aún tiene grandes áreas de oportunidad, sin embargo, es preciso fortalecer la colaboración interinstitucional de diversas instancias del gobierno federal, y entre los tres niveles de gobierno, a fin de aterrizar programas y acciones enfocados a apoyar la reinserción integral de los migrantes y sus familias, y con ello, evitar los costos de una crisis de grandes dimensiones.

 

@IntPublica

 

 

La ampliación y reforzamiento del muro fronterizo con México, y en general, de la seguridad fronteriza; el incremento del número de agentes y presupuesto para la patrulla fronteriza; los decretos y propuestas de leyes en diversos estado que limitan servicios y derechos a migrantes no documentados, y el aumento de acciones de búsqueda y de deportaciones de migrantes no documentados al interior del país.

Durante 1995 y 2000 cerca de 3 millones de mexicanos salieron hacia EE.UU., mientras que entre 2005 y 2010 la cifra fue de 1.4 millones. Por otro lado, la migración de retorno registrada en los mismos periodos, fue de 670,000 y 1.39 millones de mexicanos respectivamente. (Pew Research Center, 2015)

Más de 90% de dichos recursos se destinó a la compra de alimentos, vivienda y otro tipo de consumo, y menos del 3% a proyectos productivos, lo que evidencia su carácter predominante de complemento al ingreso familiar (EMIF Norte, 2013).

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