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La planta de termovalorización y la amenaza ambiental
Desde una visión realista, la planta de termovalorización de la CDMX representa una solución viable y flexible a la crisis actual en el manejo de residuos sólidos urbanos.
Por Inteligencia Pública
10 de julio, 2017
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Por: Karina Tamayo (@Kar_Tamayo)

Actualmente se generan al día 13 mil toneladas (t) de residuos sólidos urbanos (RSU) en la Ciudad de México (CDMX), lo que la convierte en una de las cinco ciudades con mayor generación de RSU en el mundo. De este total, 12 mil 700 t se manejan por el servicio público de limpia de la ciudad: cuatro mil 100 t son aprovechadas a través de diferentes procesos (reciclaje, composta y envío a cementeras para usarse como combustible alterno) y ocho mil 600 t son enviadas a rellenos sanitarios. El resto (300 t) no tiene un manejo por diversos factores, entre ellos que los residuos no son entregados para su recolección, o son tirados en las calles sin ninguna atención.

Con 66 % del total de sus residuos sólidos enviados a disposición final a rellenos sanitarios ubicados en el Estado de México y Morelos, es clara la ausencia de una política de tratamiento de RSU efectiva en la CDMX que privilegie técnicas como el reciclaje y la composta, lo cual ha conducido a una situación insostenible en términos ambientales, económicos y de salud pública.

En materia ambiental, los RSU contribuyen con 16 % de las emisiones de gas metano a la atmósfera a nivel nacional debido a las actividades de su disposición final. Aunado a esto, el Bordo Poniente (cerrado desde 2011), almacena 74 millones de toneladas de basura que expulsan al aire alrededor de 1.2 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente al año, lo cual es semejante al esmog producido por un millón de autos en circulación. Además, la descomposición de sus desechos ha ocasionado la acumulación de alrededor de dos toneladas de gas metano y la creación de al menos ocho lagunas de lixiviados, que al secarse se convierten en partículas suspendidas PM10 y PM2.5, de las más nocivas para la salud humana.

En lo económico, el costo por cada tonelada de residuos depositada en el Estado de México es de 300 pesos con una distancia de recorrido de 50 km, mientras que el costo en Morelos es de 380 pesos por tonelada, con una distancia de 90 km. Esto implica un gasto aproximado de 2 millones 603 mil 100 pesos por el envío diario de residuos a la primera entidad, y de 72 mil 580 pesos a la segunda. Además, esto conlleva la generación diaria de 9.6 toneladas de bióxido de carbono al Estado de México, equivalentes a la emisión de mil autos de cuatro cilindros en un recorrido de 10 km.

Frente a este escenario, el proyecto de construcción de una planta de Termovalorización y otra de Biodigestión que planea la Agencia de Gestión Urbana (AGU) en el Bordo Poniente, como parte de las acciones del programa “Basura Cero” para el manejo de RSU en la CDMX, responde a una necesidad urgente en la ciudad que es transformar el modelo de gestión de basura, siguiendo la jerarquía de reducir, reutilizar, reciclar y recuperar energía.

Al día de hoy, la planta de Termovalorización es la que presenta un mayor avance, ya que su diseño, construcción, puesta en marcha, operación y mantenimiento fueron adjudicados mediante licitación al consorcio Proactiva Medio Ambiente S.A. de C.V. – Veolia. Esta última, de origen francés, opera a nivel mundial 63 plantas de termovalorización y ha valorizado 45 millones de toneladas de residuos.

En cuanto a la inversión, la construcción de dicha planta requerirá 11 mil 500 millones de pesos y se ejecutará a través de la figura de Proyecto de Prestación de Servicios (PPS), por lo que el gobierno de la CDMX empezará a pagarlo una vez que comience a recibir la energía que produzca la planta. Esto supone que el gobierno no destinará presupuesto adicional, ya que empleará los recursos que actualmente se utilizan para el traslado de RSU a los rellenos sanitarios y el pago de energía que hace el Sistema de Transporte Colectivo (SCT) a CFE.

Entre los principales beneficios de la planta, se encuentra el procesamiento de entre 3,500 y 4,600 t de RSU al día, que generarán la energía eléctrica para abastecer las 12 líneas del Metro de la ciudad, calculada en 965 gigawatts hora – año. Con ello, se dejará de emitir a la atmósfera la misma cantidad de toneladas equivalentes en CO2, por lo que el impacto de la planta equivale a plantar 28 millones de árboles.

Es preciso señalar que, a diferencia del proceso de incineración, la termovalorización usa a los RSU como combustible para generar vapor de alta presión y temperatura, capaz de mover una turbina y producir energía eléctrica. Además, los gases resultantes pasan por una unidad de depuración antes de ser liberados a la atmósfera para garantizar la seguridad de las emisiones. Por lo tanto, este proceso realiza una combustión controlada, con recuperación de energía y con control de emisiones de dioxinas y furanos.

A pesar de que en la actualidad existen 1,440 plantas de termovalorización en el mundo con buenas experiencias y resultados en términos de gestión de RSU como en los casos de Francia, Reino Unido y Suecia, diversas organizaciones ambientalistas de la CDMX se oponen al proyecto argumentando, entre otros aspectos, la violación de leyes nacionales en materia ambiental, así como de convenios internacionales, entre ellos el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, en vigor en México desde 2004.

Al respecto, cabe mencionar que como todo proceso tecnológico, la termovalorización tiene ventajas y desventajas en su implementación. Sin embargo, desde una visión realista y considerando el tiempo que llevará implementar una nueva política pública de separación, reutilización y reciclaje de RSU en la CDMX (que ya dio su primer paso con la nueva Norma Ambiental de Separación de Residuos), esta tecnología se presenta como una solución viable y flexible a la crisis actual en el manejo de RSU. En el corto plazo no es posible reducir considerablemente la generación de RSU para disposición final, así como infundir una cultura de reciclaje y reutilización de residuos en la ciudadanía.

Es indudable que la operación de la planta de termovalorización en la CDMX supone importantes retos, principalmente en términos de transparencia, normatividad y capacidad institucional. En términos de transparencia, será deseable la realización de estudios técnicos que demuestren que la planta no emite daños al medio ambiente y a la salud humana mayores a los existentes antes de su puesta en marcha, riesgos latentes en la operación de un proyecto de esta naturaleza. Asimismo, será necesario comunicar la información de cada una de las etapas del proyecto a la ciudadanía (riesgos y beneficios), como una buena práctica de rendición de cuentas.

Respecto a la normatividad, será preciso adecuar el marco jurídico y con esto generar la certidumbre necesaria para la operación de la planta; cumplir con los estándares internacionales en materia de emisiones, y actualizar y adecuar la norma oficial de manejo y reciclaje de residuos para un mayor y mejor aprovechamiento. Si bien en este último punto se ha afirmado que la planta estará sujeta a los estándares europeos, cumplir y verificar lo anterior a partir de mecanismos de monitoreo y supervisión desde la norma será el mayor reto a superar, incluyendo la necesidad de contar con una autoridad capacitada técnica e institucionalmente para hacer cumplir dicha norma.

El problema del manejo de RSU en la CDMX exige propuestas y soluciones viables y la planta de termovalorización pretende responder a esta lógica. Queda en manos del gobierno de la ciudad hacer todo lo posible para concretar el proyecto con éxito, implementando políticas públicas complementarias en la materia, y así, en conjunto con la ciudadanía y el sector empresarial, transitar hacia un nuevo modelo integral de residuos sólidos.

 

* Karina Tamayo es investigadora en Inteligencia Pública (@IntPublica).

 

 

 

El primer lugar lo ocupa la ciudad de Nueva York, seguido de la CDMX, Tokio, Los Ángeles y Estambul. De acuerdo a un estudio publicado por la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences.

Calculado a partir de las cifras de Sitios de disposición final publicadas en el Inventario de Residuos Sólidos CDMX 2015.

Cada tonelada de RSU procesada evita una t de CO2 equivalente. Se necesitan 5 árboles durante 30 años para procesar mediante fotosíntesis 1 ton de CO2 equivalente. De consulta aquí.

A diferencia de la incineración, que realiza una combustión incompleta, sin aprovechamiento energético y contaminante.

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