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Las Tres Flechas de Japón
También conocido como “Abenomics” en honor a su creador, el Primer Ministro Japonés, Shinzo Abe, el proyecto de nación llamado Tres Flechas plantea convertirse en un parteaguas en la reciente historia económica de Japón. Dados los enormes retos internos y la impetuosa competencia del exterior, la nación asiática demanda un cambio de rumbo y este proyecto parece ser la respuesta.
Por Inteligencia Pública
9 de octubre, 2014
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Por: Haydée Moreyra

El proyecto Tres Flechas está compuesto por tres grandes medidas: un estímulo fiscal masivo, un programa agresivo de flexibilización monetaria y reformas estructurales para mejorar la competitividad de país.

Como todo proyecto de nación, el Abenomics no siempre ha tenido el mismo poder de convencimiento. Hacia finales de 2012 se dio a conocer el proyecto y a partir de entonces, las primeras dos medidas entraron inmediatamente en operación. Todo apuntaba a que el periodo deflacionario, que inició en los años noventa, había visto su fin. Aun así, temas como la recuperación de los salarios, la falta de competitividad de las empresas y la flexibilidad en el mercado laboral seguían mostrando rezagos. Fue evidente que las acciones de flexibilidad monetaria y fiscal tendrían un acotado margen de maniobra si no eran acompañadas por reformas estructurales de otro tipo.

Fue así que hacia finales del 2013 el Primer Ministro lanzó “la última flecha” que le quedaba: las reformas estructurales. El objetivo era claro: crear un escenario económico que permita un sano y dinámico crecimiento económico. El programa consiste, entre otras cosas, en mejorar el gobierno corporativo, hacer eficiente el uso de recursos de los fondos de pensión, reducir los impuestos a las corporaciones y flexibilizar el mercado de trabajo.

La preocupación no es para menos. Algunos datos económicos para ilustrar lo que está pasando con Japón en los últimos 20 años tienen que ver con su rezago en competitividad a nivel internacional, un periodo deflacionario y precario crecimiento económico. Según datos del Banco Mundial, el yen japonés ha alcanzado un nivel de apreciación de cercano a los 80 dólares (2012) en comparación con 131 dólares de finales de los noventa. Ello ha ocasionado que sus productos sean menos competitivos comparados con los del exterior. Por ejemplo, en el 2010 la balanza en cuenta corriente de Japón pasó de un superávit de 203,828 millones de dólares (mdd) a tan sólo 33,875 mdd en 2013 (ver Gráfica I).

Gráfica I

Los precios son otra preocupación más; paradójicamente no porque haya una alta inflación sino porque hay una caída generalizada enlos precios de manera constante (deflación). Por ejemplo, en 2009 la caída de los precios fue de 1.3%. ¿Por qué es malo que lo precios se desplomen? Porque no sólo caen los precios de bienes de la canasta básica, también caen otros precios como los salarios y las utilidades. Es decir, hay poco incentivo del sector privado para producir. No sorprende que la tasa de crecimiento del PIB en los últimos diez años se haya promediado sólo 1% (ver Gráfica II).

Gráfica II

Un problema demográfico…

Desde mi punto de vista, el envejecimiento poblacional es quizás el problema principal que enfrenta Japón. Según pronósticos de la ONU, para el año 2050 el 22% de la población mundial tendrá 60 años o más pero en el caso de Japón esta cifra ascendería hasta 44%. No solo se trata de que mucha gente anciana deje de formar parte de la fuerza laboral nipona; el problema es que estas personas tienen una vida muy longeva (la expectativa de vida ronda los 83 años según datos del Banco Mundial). Esto quiere decir que con la contribución de la Población Económicamente Activa, Japón tendrá que cubrir los gastos por jubilación y por cuidados médicos para este grupo. Para darnos una idea de la carga tributaria que eso significa para los jóvenes podemos decir que actualmente la participación de personas ente 15 y 24 años en la fuerza laboral es de 42%, según datos de Banco Mundial. En contraste, cerca del 65% de la población tiene 65 años o más según el Censo Poblacional de Japón del 2010(ver Gráficas III y IV).

 

Gráfica IIIGráfica IV

 

 

Otra forma de ver este problema es que la fuerza laboral de Japón se está contrayendo. En ese sentido, se aplaude que una de las medidas de política pública recientemente incorporada en la Administración del Primer Ministro Abe sea el de facilitar el ingreso de trabajadores extranjeros para el cuidado de niños y adultos, con lo que se permitiría que más mujeres se incorporen a la fuerza laboral (ver Gráfica V).

 

Gráfica V

 

Pero el problema de envejecimiento también se traduce en la productividad y competitividad de las empresas. Dos ejemplos claros suceden en las industrias de electrónica (Sony, Hitachi y Panasonic) y la de autos de lujo (Honda, Toyota y Nissan). La industria electrónica y particularmente el segmento de lo teléfonos inteligentes, se ha convertido en un sector altamente competitivo. Las grandes empresas niponas han perdido “terreno” frente a las extranjeras como Samsung o Apple, principalmente porque los altos precios de estos productos ya no se justifican, porque no aprovecharon la oportunidad de entrar a un mercado mainstream en los países emergentes y porque no han sido capaces de ajustarse a los cambios de tendencia del mercado. En el caso de los autos de lujo, las tres marcas líderes han perdido mercado en Europa, EU y China debido a que Japón sigue apostando por lo que en su momento fue el diseño, y no por lo que ahora quiere el consumidor: valor agregado. Desde mi punto de vista, esto es un reflejo de que los tomadores de decisiones siguen siendo los mismos que hace 40 años.

Ciertamente, Japón se destaca por sus tradiciones milenarias y esto aplica también a la cultura corporativa. Pero mi impresión es que el Proyecto Tres Flechas refleja el reconocimiento de que las cosas tienen que cambiar drásticamente en ese país; no sólo me refiero a cambiar las reglas del juego sino a modificar el status quo, a romper paradigmas, a combatir la xenofobia, entre otras cosas. Al final, el esfuerzo habrá valido la pena. Después de todo, el Acuerdo Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés) y la amenaza de una pujante China son los incentivos perfectos.

 

 

* Haydée Moreyra es Consultora Asociada de @IntPublica

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