Los jóvenes en vilo - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Inteligencia Pública
Por Inteligencia Pública
Somos una organización dedicada al análisis de políticas públicas y a la creación de conteni... Somos una organización dedicada al análisis de políticas públicas y a la creación de contenidos, a través del procesamiento de información especializada. Nuestro objetivo es contribuir a detonar el desarrollo del país generando ideas innovadoras, prácticas y aplicables a la realidad.  Somos especialistas en finanzas públicas, transparencia y rendición de cuentas, gestión por resultados, evaluación de políticas públicas, sistema de justicia y medio ambiente.  Puedes consultar nuestras publicaciones en inteligenciapublica.com. (Leer más)
Los jóvenes en vilo
Si queremos generar oportunidades laborales reales y de calidad para los jóvenes en el país, se deberá no sólo considerar el otorgamiento de subsidios temporales para los empleadores a fin de que decidan asumir ciertos “riesgos” por contratarlos, sino que debemos repensar la estructura laboral en su conjunto.
Por Inteligencia Pública
17 de septiembre, 2015
Comparte

Por: Ana Laura Santos (@alaurita)

Según el último Censo Nacional de Población y Vivienda realizado en el 2010 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la proporción de la población del país conformada por jóvenes cuyas edades se ubican entre 15 y 29 años fue del 26.8%. Es decir, poco más de 30 millones de personas se podían considerar como jóvenes en esa medición. Si consideramos que se espera que la población para el 2015 haya crecido un 9% con respecto a lo registrado en el 2010 (ahora somos 122 millones de personas en el país), y asumiendo que la distribución de edades se mantenga más o menos estable, podríamos esperar que actualmente el número de jóvenes fuera de 32.7 millones.

Como podemos observar, el reto en materia de políticas públicas orientada a los jóvenes mexicanos es inmenso, no sólo en materia educativa y social, sino también en lo referente al ámbito laboral, ya que se requiere ofrecerles puestos de trabajo no sólo suficientes, sino también de calidad a todo aquel que lo requiera o lo solicite.

Hablando del tema laboral en específico, según las mediciones oficiales (cuya metodología debe ser todo un tema de análisis por sí mismo), a diciembre de 2014 habían 2.5 millones de desempleados en el país. Sin embargo, los jóvenes son de los grupos más afectados por el desempleo o por la precariedad laboral (entendida ésta como el tener un trabajo sin las condiciones mínimas necesarias para desempeñarlo, como son seguridad social, contrato de trabajo, prestaciones de ley).

Las causas tanto del desempleo de jóvenes como de la precariedad de las condiciones laborales de aquellos que tienen la fortuna de tener trabajo pueden ser variadas. La primera de ellas es un mercado laboral poco flexible. Los incentivos para la apertura de nuevos puestos de trabajo en donde los jóvenes puedan iniciar su vida laboral son muy limitados.

Al respecto, la reforma laboral recientemente aprobada no logra facilitar a los patrones la creación de nuevos puestos de trabajo o de ofrecer a los jóvenes con poca o nula experiencia un empleo en las condiciones mínimas necesarias para iniciar su carrera profesional. Para el patrón, abrir un nuevo puesto de trabajo puede implicar costos muy elevados, que incluyen las aportaciones a la seguridad social (salud y vivienda), los impuestos (locales) relacionados al salario e innumerables trámites administrativos (si no, sólo habría que preguntarle a un micro empresario promedio). Además, por lo general, el patrón deben incurrir en costos de capacitación y formación profesional de los jóvenes (aquí la educación superior tiene una gran deuda con el sector productivo), que muchas veces se debe contemplar como una pérdida al momento en que los jóvenes deciden dejar el trabajo (a veces por uno mejor), o por no cumplir con los requerimientos mínimos necesarios para permanecer en el puesto (ahora la normatividad laboral legaliza los contratos temporales).

Como resultado de lo anterior, la respuesta gubernamental ha sido, en vez de flexibilizar el mercado laboral a través de la reducción de la carga tributaria al empleador para facilitar y abaratar la creación de empleos, destinar subsidios temporales para aquellas empresas que decidan “arriesgarse” a contratar jóvenes con poca o nula experiencia laboral. El resultado, un rotundo fracaso de este tipo de políticas públicas y el desperdicio de recursos públicos, ello debido a que dichas políticas contemplan el “desinterés” de los empresarios en contratar a jóvenes como un problema de flujo de efectivo (sólo el costo financiero) y no a un problema en la estructura del mercado laboral del país.

Otra de las razones por las cuales los jóvenes no logran colocarse con éxito en los escasos puestos de trabajo disponibles es la falta de habilidades prácticas que el mercado laboral requiere. Esto, debido a la formación que la mayoría de los jóvenes recibe en los diversos centros de educación superior del país (tanto públicos como privados), ya que por lo general se encuentra más orientada a la adquisición de conocimientos poco útiles para su vida profesional y de poco valor en el mercado laboral. Por lo tanto, el desajuste entre la currícula académica de los centros de educación superior y las necesidades del sector productivo del país (más orientadas a la explotación de habilidades que generan valor agregado) tiene un referente en el número de plazas vacantes y en el número de jóvenes desempleados.

Como podemos ver, el reto es enorme. Si queremos generar oportunidades laborales reales y de calidad para los jóvenes en el país, se deberá no sólo considerar el otorgamiento de subsidios temporales para los empleadores a fin de que decidan asumir ciertos “riesgos” por contratarlos, sino que debemos repensar la estructura laboral en su conjunto, a fin de flexibilizarlo para generar los mecanismos necesarios para que los empleadores puedan crear nuevos puestos de trabajo de calidad (estables, suficientemente remunerados, con prestaciones laborales adecuadas), al mismo tiempo que rediseñar la currícula académica de los centros de enseñanza superior para acercarla a las necesidades reales del sector productivo del país. De otra manera, estaremos sólo hablando de medidas parciales, demagógicas e ineficaces y nuestros jóvenes seguirán estando en vilo.

 

@IntPublica

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.