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México y Estados Unidos: a tiempo de recapacitar
Frente a una de las elecciones más inciertas en la historia de Estados Unidos, es imprescindible que el gobierno mexicano tenga un panorama claro sobre las implicaciones de un triunfo demócrata -sin duda el escenario más deseado- o en su defecto, de un triunfo republicano, así como una estrategia de acción a seguir en cada caso.
Por Inteligencia Pública
25 de agosto, 2016
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Por: Karina Tamayo (@Kar_Tamayo)

La respuesta del gobierno mexicano ante el discurso racista y violento del candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos (EE.UU.), Donald Trump, ha puesto en evidencia la falta de una estrategia de comunicación efectiva dirigida no sólo a fortalecer la imagen de México (marca país) en EE.UU., sino a dar a conocer los beneficios que la relación bilateral ofrece en términos económicos y culturales en todos los niveles sociales, no sólo a las élites.

Resulta claro que una tarea de esta magnitud -esto es, la puesta en marcha de una campaña de rehabilitación de la imagen mexicana en Estados Unidos- es una medida orientada a generar resultados de mediano y largo plazo. No obstante, esta fue la mejor estrategia que la Cancillería creyó más conveniente adoptar ante el ascenso de Trump como candidato a la presidencia de EE.UU., acompañada de una política de no intervención en el proceso electoral y de no confrontación directa con dicho personaje.

Si bien esta postura es cautelosa y prudente, y en cierto sentido cómoda, y acorde a la visión tradicional de la política exterior mexicana, es importante destacar que ésta dejó vacíos significativos a lo largo de la campaña, aprovechados por Trump, que permitieron que su discurso ganara mayor fuerza y apoyo entre el electorado. Ello hubiera podido ser contrarrestado con una respuesta enérgica de indignación, preocupación e insatisfacción por parte del gobierno mexicano en su momento. Sin embargo, éste optó por ignorar las declaraciones del candidato y guardar silencio.

Sin embargo, también se han tomado decisiones acertadas, como el nombramiento del nuevo embajador de México en EE.UU., Carlos Manuel Sada, quien tiene una vasta experiencia diplomática en dicho país, la cual sin duda será indispensable para la relación bilateral, sea quien sea el próximo presidente de EE.UU.. Asimismo, el acercamiento de diplomáticos mexicanos y líderes méxico-americanos con el Comité Judío Americano (AJC por sus siglas en inglés) para recibir asesoría en materia de cabildeo y desarrollar estrategias similares a las que se crearon para abogar por los intereses de Israel en EE.UU., representa una acción sumamente eficaz en términos estratégicos.

En lo que respecta a la estrategia de cabildeo, ésta se realiza a través de los consulados con los actores políticos, económicos y sociales de cada circunscripción para promover las contribuciones de los mexicanos, cómo se genera empleo en EE.UU. vía las exportaciones a México y las inversiones directas de empresas mexicanas en ciudades estadounidenses. Igualmente, el sector empresarial mexicano en EE.UU. está llevando a cabo acciones de cabildeo para avanzar sus causas y promover el libre comercio en los estados fronterizos, como el lobby en Texas conocido como el Comité Americano de Asuntos Públicos de México (AMxPAC por sus siglas en inglés).

La movilización de los consulados para ayudar a los inmigrantes a obtener la ciudadanía estadounidense a través de la impartición de talleres gratuitos sobre naturalización por parte de organizaciones comunitarias, en ciudades como Chicago, Dallas y Las Vegas, si bien tendrá poca incidencia en términos electorales dada la premura de la elección y la tardanza de este trámite, entre otras variables, resulta una buena estrategia de protección a los connacionales que debería ser implementada de forma permanente.

Frente a una de las elecciones más inciertas en la historia de EE.UU., misma que pone en juego la relación bilateral más importante para México y la seguridad jurídica de millones de mexicanos, es imprescindible que el gobierno mexicano tenga un panorama claro sobre las implicaciones de un triunfo demócrata -sin duda el escenario más deseado- o en su defecto, de un triunfo republicano, así como una estrategia de acción a seguir en cada caso.

En este sentido, a pesar de que el resultado electoral es impredecible, el desencanto político y la situación económica de nuestro vecino del norte, no lo son. Situaciones como el desempleo, la falta de oportunidades, y la creciente desigualdad del ingreso son problemas que siguen presentes y que requieren de una solución por parte del próximo gobierno estadounidense. Asimismo, una visión proteccionista ha permeado gran parte del discurso económico internacional, lo cual supone un reto importante para el comercio con México en el marco regional.

Tomando en cuenta lo anterior, a la par del acercamiento diplomático con los equipos de campaña de ambos candidatos, será necesario desplegar una nueva y reforzada estrategia multifacética de comunicación, cabildeo y relaciones públicas para promover la posición positiva de México y sus connacionales en sectores clave de EE.UU., así como recuperar la interlocución con una amplia gama de actores de todos los niveles, principalmente en las comunidades mexicanas, con la finalidad de generar mayor cohesión entre ellas en torno a un objetivo común.

En lo doméstico, es necesario que México formule un plan de acción de mediano y largo plazo que permita superar la situación que vive el país (de estancamiento económico, inseguridad y descontento social) y en el cual nuestra relación con EE.UU. desempeña un papel crucial. En este plan, es indispensable que el tema de la corrupción sea abordado y que contemple canales de cooperación entre ambos gobiernos, dada la preocupación que esta problemática ha generado en la diplomacia estadounidense.

México tiene la oportunidad de dar un giro positivo a su política exterior hacia EE.UU., la cual, de acuerdo a lo expuesto anteriormente, ha sido desatendida. El resultado de una elección como la de noviembre próximo requiere de una política clara y firme por parte del gobierno mexicano, de lo contrario caer en improvisaciones pondrá el riesgo no sólo el bienestar económico y social de más de 33 millones de mexicanos que viven en EE.UU., sino la estabilidad de la relación bilateral de mayor importancia estratégica para nuestro país.

 

* Karina Tamayo es Investigadora en Inteligencia Pública

 

 

Fuentes de consulta:

Antes de Trump ya había imagen negativa de México en EU: SRE

México ante las elecciones de los EUA y el futuro de nuestras relaciones

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