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Mujeres, las más afectadas al dar la espalda a Afganistán
A cinco años de la adopción de la ley sobre violencia contra las mujeres, en Afganistán se sigue juzgando y persiguiendo a este grupo bajo la figura de “crímenes morales”, los que incluyen las relaciones sexuales fuera del matrimonio, o el acto de “escaparse”.
Por Inteligencia Pública
4 de septiembre, 2014
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Por: Mercedes Ramírez

Entre este jueves 4 y el viernes 5 de septiembre se llevará a cabo la cumbre de la Organización del Tratado de América del Norte (OTAN) en Casnewydd, localidad del bellísimo Gales, según he escuchado.

Así que mientras discuten, acompañados de una tacita de té (que justamente podrá ser Prince of Wales, para los fanáticos de esta maravillosa bebida) y con vista a un territorio de valles y castillos, la crisis en Afganistán incrementa y quienes más la tienen de perder son las mujeres afganas.

De acuerdo a uno de los investigadores en jefe de Humans Right Watch, sobre el tema de los derechos de las mujeres un escenario violento se atisba en el horizonte afgano. Resultado de elecciones fuertemente acusadas de fraude y de un pobre proceso electoral, del fracaso en la institucionalización de protecciones a los derechos de la población por parte del presidente Karzai, así como el desarrollo de los insurgentes talibanes.

Pero entre Syria, Sudán del Sur, Irak y Ucrania, Afganistán es uno de los escenarios a los que se enfrenta la OTAN. Así, conforme los distintos países le dan la espalda a Afganistán, las mujeres de este país son quienes más resienten las consecuencias.

Aunque no podemos obviar que la situación de hace quince años a la fecha, efectivamente presenta mejoras para el desarrollo de las mujeres. Por ejemplo, de una realidad en la que las mujeres no tenían prácticamente posibilidad de estudiar, trabajar o controlar sus vidas, han llegado a un contexto en el que millones de mujeres van a la escuela, trabajan, son servidoras públicas, forman parte del parlamento, la policía y el ejército, además de que existe una ley que contempla la violencia contra las mujeres como un crimen.

Sin que olvidemos que este lastimoso proceso ha implicado la pérdida de muchas vidas (muchas de las cuales han quedado en el anonimato), tratos violentos y hostigamiento hacia las mujeres por el hecho de cuestionar al gobierno y levantar la voz.

Sin embargo, hoy por hoy, a cinco años de la adopción de la ley sobre violencia contra las mujeres, en Afganistán se sigue juzgando y persiguiendo a este grupo bajo la figura de “crímenes morales”, los que incluyen las relaciones sexuales fuera del matrimonio, o el acto de “escaparse”.

El papel que en esta realidad juega la OTAN es que el término de la misión de esta organización en Afganistán, no debe llegar de la mano con el fin de los esfuerzos internacionales por fortalecer los derechos de las mujeres en este país. Este desinterés podría generar una erosión gravísima de los derechos que con tanto esfuerzo se han alcanzado.

La presión política que pueda llegar de organizaciones internacionales como la OTAN en este caso (pero de un abanico muy amplio en general), puede jugar un rol fundamental en que se apliquen los derechos de las mujeres. Sobre todo si ese es uno de los discursos frontales de esta organización: “la defensa de los derechos de la población”.

¿Por qué no tomar la postura entonces, de utilizar estas reuniones como espacios de demanda del fortalecimiento de mecanismos de monitoreo de derechos humanos, así como de procesamiento efectivo de las graves violaciones a éstos?

Los países miembros de la OTAN, pero también de los distintos foros internacionales, deben alzar la voz en este caso, al respecto de los continuos abusos sobre las mujeres y niñas afganas, los que comprenden violencia doméstica, matrimonios infantiles, matrimonios forzados y en general severas restricciones a las libertades fundamentales.

Las negociaciones que pueda llegar a tener en un futro el próximo gobierno de Afganistán con los talibanes (por ejemplo) no deberá realizarse a expensas de los avances en la procuración de los derechos de las mujeres.

La presión política, vinculada a la coerción económica y militar, da el carácter de fundamental al compromiso que puedan adoptar en estas congregaciones, los diferentes gobiernos y sus tomadores de decisiones.

Esperemos que para el momento en que los Estados hayan asumido una postura en esta línea, no se haya enfriado ya su taza de té.

 

* Mercedes Ramírez es investigadora de @IntPublica

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