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¿Por qué invertir en energías renovables?
Si los combustibles fósiles no garantizan las seguridad energética, ¿por qué poner todos los huevos en una misma canasta (gas natural, shale gas), en vez de diversificar?
Por Inteligencia Pública
13 de noviembre, 2014
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Por: Mariana Gómez Sánchez (@gsmmariana)

Dos preocupaciones principales nos llevaron a discutir una reforma energética: por un lado, la baja contribución del sector energético al crecimiento económico del país; por otro, el aumento de la demanda de los energéticos (en los últimos 12 años creció 2% anual), contraria a la reducción de la oferta (decreció 0.3% anual aproximadamente).

Esta última es la que aquí nos ocupa pues si la apuesta de la Reforma Energética para cubrir esta demanda es la dependencia de los hidrocarburos, la pregunta es: ¿cómo vamos a alcanzar las metas (establecidas en la Ley General de Cambio Climático) de reducir en un 30% las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) para 2020, así como en un 50% para el 2050?

Para lograr estas metas –que además son parte de los compromisos internacionales que ha adquirido México- se necesita un política severa de reducción de emisiones del sector energético y en particular del sector autotransporte, el cual aporta la mayor cantidad de emisiones.

Además, la Prospectiva del Sector Eléctrico 2013-2027 de SENER anticipa un incremento promedio anual de 4.5% en el consumo de energíaeléctrica. Y se calcula que para el 2020 la generación de electricidad provendrá en un 76% de combustibles fósiles, 21% de energías renovables y el 3% restante de otras fuentes. Lo alarmante es que de este 76%, el 80% estará compuesto de Gas Natural.

Todo parece indicar que la propuesta del Gobierno, tanto para cubrir la demanda energética, como para alcanzar las metas de reducción de emisiones es el Gas Natural, pues de esta manera, incluso podría cumplir su promesa de reducir el precio de la electricidad en un mediano plazo.

La demanda de Gas Natural en México ha crecido bruscamente en los últimos años. Del 2007 al 2012 aumentó 17%, mientras que la producción únicamente creció 2%. Este contexto ha orillado a un incremento de las importaciones, especialmente por Estados Unidos. Igualmente, las reservas probadas (es decir reservas con alto grado de certeza de ser un recurso extraíble) de Gas Natural han mostrado una tendencia a la baja (SENER y UNAM, 2012- 2013).

Todo esto nos habla de la creciente dependencia de nuestro país al Gas Natural, que si bien presenta bajas emisiones de bióxido de carbono (CO2), e incluso es más económico que el Gas LP, no deja de ser un combustible fósil y no es una energía limpia (por su alto contenido de metano) como se ha tratado de posicionar.

El problema es todavía más complejo: el aumento en las importaciones de Gas Natural de Estado Unidos ha inducido la explotación de recursos no convencionales (de Lutitas o Shale Gas) y como resultado la disminución de los precios y el incremento del consumo del energético.

Además, dado que los precios se encuentran referenciados con el mercado del sur de Texas, a PEMEX le es más rentable producir petróleo y seguir importando grandes cantidades de gas.

Para enfrentar este problema, y convertirnos en productores de Gas Natural, así como para resarcir el problema del bajo nivel de reservas, la Reforma Energética le ha apostado a la explotación de Shale, pues México se ubica como uno de los países con mayores reservas de gas y/o aceite de lutitas.

En este sentido, Estados Unidos representa un “caso de éxito”, ya que a través de la explotación de Shale Gas ha logrado revertir la caída en la producción de hidrocarburos. Sin embargo, este ha sido un caso particular y aislado que logró su “éxito” debido a que cuenta con una amplia base técnica y de infraestructura que permite la conectividad eficiente en todas las regiones del país. La combinación de estos factores difícilmente se logrará en México en un mediano plazo, por lo que apostarle al Shale Gas para cubrir la demanda de energéticos de las siguientes generaciones resulta muy aventurado. De cualquier manera, antes de focalizar nuestros recursos en la extracción de lutitas, es necesario realizar estudios rigurosos y sistemáticos que sustenten su potencial, así como los daños ambientales y sociales que podrían causar el proceso para obtenerlos a través de fractura hidráulica.

Entonces, si los combustibles fósiles no garantizan las seguridad energética, ¿por qué poner todos los huevos en una misma canasta, en vez de diversificar?

Y cuando hablo de diversificar me refiero a que sería más inteligente invertir en la producción y consumo de energías renovables como parte de la matriz energética. Esta alternativa no solo nos permitiría garantizar que habrá suficiente energía en el futuro, sino que además será posible lograr las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

De acuerdo al Inventario Nacional de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (INEGEI) 1990-2010, las emisiones totales del país en el año 2010 fueron 748 millones de toneladas de CO2 equivalente (MtCO2e), un valor 19% mayor al de 2001. México se ubicó entre los primeros quince países emisores en 2010 con el 1.4% de las emisiones globales.

De seguir con este escenario tendencial se calcula que en el 2020 las emisiones nacionales de GEI alcanzarían mil millones de toneladas, es decir, un 28% más que las del 2010.

Además, en la Ley para el Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la Transición Energética (LAERFTE) se estableció como meta una participación máxima de 65% de combustibles fósiles en la generación de energía eléctrica para el año 2024, del 60% en el 2035, y del 50% en el 2050.

Esta meta es también muy preocupante si tomamos en cuenta que tan sólo en la matriz energética actual las energía renovables representan el 19% contando a las grandes hidroeléctricas, y únicamente el 3% si hablamos de las verdaderamente renovables: solar, eólica y geotermia.

La promoción e impulso del uso de energías renovables no es solo una manera de garantizar la seguridad energética, es una forma de producir y consumir energía más barata; es también una forma de generar competencia en el mercado energético y una manera de reducir los impactos en la salud y el medio ambiente que implican la producción de energía.

En conclusión, es indispensable alinear objetivos, estrategias y líneas de acción entre las metas de reducción de emisiones, con las prioridades del Gobierno. Es decir, tenemos una Reforma Energética que traerá el aumento del consumo de combustibles fósiles, y como contraparte las metas de reducción de emisiones, es evidente que no podremos lograr los dos objetivos, mucho menos a través de Gas Natural.

 

* Mariana es Directora Ejecutiva de Inteligencia Pública A. C. @IntPublica

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