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¿Qué pasa en Irak? Una explicación del conflicto
Tres años después del primavera árabe, la situación en el Oriente Próximo sigue siendo oscura, y el próximo país que entrará en una guerra civil es Irak, un estado multiétnico que ha sufrido mucho en las últimos dos décadas.
Por Inteligencia Pública
14 de agosto, 2014
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Por: Rolf Siegel (@RolfSiegel)

Como explicamos en el artículo sobre Siria en septiembre pasado, para entender los conflictos en el Oriente Próximo es esencial conocer las diferentes corrientes islámicas: el chiísmo y el sunismo. Para los chiítas, solamente los descendientes directos de Mahoma están autorizados para ser líderes de la fe; mientras que en el caso de los sunitas, no es necesario que los líderes procedan directamente de Mahoma. Para cualquiera que no se identifique con el Islam esta diferencia puede significar poco, pero es un principio fundamental para los musulmanes y causa de muchos conflictos bélicos.

Los sunitas están extendidos especialmente en el Magreb (norte de África), la Península Arábiga y parte de Asia Central, mientras que la mayoría de los chiítas vive el antiguo territorio de Persia (Irán y el Irak de hoy). En el Medio Oriente, en particular enIrak y Siria, se encuentran las diferencias de tensión geoestratégica de la creencia, y sus fronteras nacionales también se caracterizan por la diversidad étnica y religiosa.

 

Fuente: CIA World Fact Book (2012)

Fuente: CIA World Fact Book (2012)

 

Mientras que en Siria la minoría chií del presidente Basharal-Assad (12%) lucha contra los insurgentes suníes (74%) por el poder, la composición étnica deIrak es más equilibrada: el 60% son chiíes (ubicados en el sur del país) y el 35% sunita (ubicados en el norte del país).

Hasta 2003 el país fue gobernado por Saddam Hussein, un sunita autócrata, que fue capaz de mantener a los grupos étnicos en un equilibrio más o menos aceptado por la población. Sin embargo, Hussein fue derrocado por las represalias del 11/9, por parte de los Estados Unidos. Como resultado, el chií Nurial-Maliki se convirtió en el primer ministro deIrak.

El gobierno de Maliki se sirvió generosamente a los ingresos petroleros del sur de Irak, donde se ubican dos tercios de las reservas de petróleo y gas del país. Además, descuidó al norte (sunita), el cual había estado relativamente seguro durante la presencia militar estadounidense.

Además, Maliki no sólo ha omitido invertir los ingresos de la quinta mayor reserva de petróleo en el mundo en el norte del país, sino también no ha incorporado a ningún sunita en su gobierno. Habrá que ver si el más probable nuevo primer ministro iraquí –el chií Haidar al-Abadi– será más inclusivo, pero parece que la brecha entre el norte y el sur ya es demasiado fuerte.

En particular desde la retirada de las tropas estadounidenses en 2011, el gobierno en Bagdad ha perdido prácticamente el control en el norte del país. Aunque los Estados Unidos han gastado 25 mil millones de dólares en el entrenamiento y equipamiento de las fuerzas armadas iraquíes, ahora resulta que estos soldados –con la excepción de algunas fuerzas especiales– no son suficientemente capaces para la lucha contra los islamistas. Por otra parte, muchos soldados iraquíes se han convertido en defensores del movimiento sunita del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), por lo que también ellos están en posesión de mucho dinero y muchas armas de alta calidad que dejó el ejército de los Estados Unidos. Como consecuencia, los islamistas ya están en la posición de financiar sus operaciones ellos mismos, pues tienen ingresos por impuestos en su territorio y pueden vender petróleo. Además, la situación anárquica en Siria les ayuda en reclutar a más gente dispuesta a luchar.

Actualmente seis millones de personas viven en los territorios controlados por EIIL. Los sunitas que viven allí en su mayoría no son amigos de al-Qaida o EIIL, pero son los enemigos del gobierno de Maliki y prefieren a los islamistas en comparación con el odiado primer ministro chiíta.

Parece probable que los estados sunitas deArabia Saudita y Qatar apoyan a los rebeldes para frenar la influencia de Irán chií, con la idea de cambiar el equilibrio geopolítico, como se ha tratado ya en Siria. Sin embargo, estos días hay varias voces dentro de Arabia Saudita y Qatar que advierten de la fuerza y la ideología incontrolable de los islamistas de EIIL. Arabia Saudita ya ha pedido ayuda a las naciones amigas como Pakistán y Egipto para asegurar su propia frontera con Irak.

Barack Obama inició movilizaciones del ejército estadounidense el viernes pasado, citando como razones la difícil situación humanitaria de los cristianos en el norte del país. Sin embargo, se puede asumir que los estadounidenses quieren evitar que EIIL controle el resto del país, lo que podría significar que Estados Unidos pierda su influencia en los campos del petróleo en las áreas chiítas. Aunque los EE.UU. son cada vez menos dependientes del petróleo iraquí debido a la producción de petróleo en su propio país (por la fracturación hidráulica), no pueden permitirse el lujo de renunciar al acceso a las reservas de Irak sin resistencia.

Agitaciones políticas en el Oriente Próximo son inminentes. La cuestión no es sólo si Irak se desintegra en un sur chiíta y un norte sunita. De hecho, ya hemos llegado a este punto hace meses. Se trata también de la tensión que existe entre kurdos e islamistas en la nueva zona del norte de Irak, ya que los dos aspiran a crear su propio país. Hasta ahora no está claro cómo evolucionará esta relación ya que los kurdos se han comportado discretamente los últimos meses. Una guerra civil entre los sunitas en el norte de Irak y en grandes partes de Siria no es improbable.

Otro resultado de los cambios en el Oriente Próximo será una mejor relación del primer mundo con Irán, pues se necesitará del apoyo chiíta de Irán para enfrentar a los islamistas sunitas en Irak y Siria. Irán puede usar su poder geoestratégico para lograr un buen resultado en la negociación sobre su programa nuclear.

Una de las cuestiones centrales del futuro es también si el previamente estable sunita Reino de Jordania sobrevivirá a estos cambios geopolíticos sin prejuicios. El país ha absorbido varios cientos de miles de refugiados de Siria y los islamistas radicales están intentando extender su influencia dentro de Jordania. Para la estabilidad de la región, Jordania desempeña un papel clave. Si Jordania cae, eso amenazaría a todo el equilibrio de poder en el clásico conflicto de Oriente Medio entre Israel y los palestinos –con consecuencias previsibles.

 

* Rolf Siegel es Consultor Asociado de @IntPublica

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