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¿Qué sucede con la Ley de Transición Energética?
Si queremos que el país aproveche el momento político de la reforma energética y los esfuerzos por empatar la Ley de la Transición Energética con el resto de las reformas al sector eléctrico, es importante no perder más tiempo. Es importante, por su contenido, aprobar esta ley antes de que termine este periodo de sesiones (es decir, antes del 30 de abril). No hacerlo, significaría desperdiciar una valiosa oportunidad para impulsar el futuro energético y económico del país.
Por Inteligencia Pública
23 de abril, 2015
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Por: Mariana Gómez Sánchez (@gsmmariana

Mientras el mundo se mueve rápidamente hacia las energías renovables y a las mejoras en la eficiencia energética para cubrir la creciente demanda energética y atender una de las principales causas del calentamiento global, en México pareciera que ocurre justamente lo contrario. El planteamiento de la reforma energética (el cambio más radical de los últimos años en el sector) apuesta por continuar la explotación de los (económicamente volátiles) hidrocarburos y dejar en segundo plano la sustentabilidad ambiental en el sector. El aparente bloqueo de la Ley de Transición Energética en el Senado de la República parece ser una muestra de ello. ¿Por qué otros países han puesto tanto empeño en incluir energías renovables y México no?

Apostarle a la diversificación en las fuentes de generación eléctrica no es un tema que solo debería preocupar a los ambientalistas, al contrario, los argumentos para apoyar las energías renovables están más relacionados con la seguridad energética, la democratización de la energía, el crecimiento económico de los países y las crecientes oportunidades de inversión. En México, el principal esfuerzo por impulsar el desarrollo de las energías limpias lo integran los Certificados de Energía Limpia (establecidos en la Ley de la Industria Eléctrica) y la iniciativa de Ley de Transición Energética (conocida en las redes sociales como #paqueteverde).

Esta última es iniciativa del PAN, elaborada en colaboración con la SENER y aprobada en la Cámara de Diputados desde diciembre del año pasado. Actualmente se discute en el Senado. Sin embargo, hay preocupantes señales que aparentan un bloqueo a la misma: la lentitud en su aprobación, los constantes argumentos en contra de la viabilidad de las energías renovables de parte de algunos legisladores y la pública oposición de la industria del acero y el carbón a la iniciativa.

Si queremos que el país aproveche el momento político de la reforma energética y los esfuerzos por empatar la Ley de la Transición Energética con el resto de las reformas al sector eléctrico, es importante no perder más tiempo. Es importante, por su contenido, aprobar esta ley antes de que termine este periodo de sesiones (es decir, antes del 30 de abril). No hacerlo, significaría desperdiciar una valiosa oportunidad para impulsar el futuro energético y económico del país.

¿De qué trata la Ley de Transición Energética (LTE)?

El principal objetivo de esta ley es regular el aprovechamiento sustentable de la energía en el sector eléctrico; con ello busca cumplir con el mandato constitucional de obligaciones de energías limpias y prevé el incremento de las acciones de eficiencia energética. También atiende directamente el mandato de reducción de emisiones contaminantes, permitiendo que México cumpla con las metas de mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero establecidas en la Ley General de Cambio Climático y en los compromisos internacionales que México ha hecho en la materia.

La Ley de Transición Energética sustituirá a la Ley de Aprovechamiento Sustentable de la Energía y Financiamiento a la Transición Energética (LAERFTE) y a la Ley de Aprovechamiento Sustentable de la Energía (LASE). Ambas iniciativas se encuentran desfasadas de las nuevas características del sector, como la creación de un mercado en el sector eléctrico.

Entre sus principales contenidos se encuentra:

  • Establecer una meta del 35% de energías limpias en la generación de energía eléctrica para el 2024 (con metas intermedias para 2018 y 2021). Esto permite diversificar la matriz de generación eléctrica con fuentes limpias (generando 153 TWh/a), dejando el resto de la generación al gas natural. Además, el impulso de las energías limpias podría generar entre 60 y 80 mil empleos directos.
  • Generar los instrumentos para la generación distribuida de electricidad a fin de que cualquier persona, industria o negocio pueda generar y vender su propia electricidad. Esto permitiría ahorrar hasta 43 mil millones de pesos anuales (que es lo que actualmente representa la mitad del subsidio a la electricidad), así como generar cerca de 40 mil empleos directos, reducir la carga en el sector y bajar el pago de las tarifas eléctricas.
  • Fortalecer y expandir la infraestructura de transmisión y distribución de electricidad a través del Programa de Redes Eléctricas Inteligentes, uno de los principales problemas para ampliar la penetración de las energías renovables (pues el viento no necesariamente sopla donde hay una torre de transmisión).
  • Fortalecer los instrumentos y competencias de las instituciones encargadas de la eficiencia energética. Además, la LTE crea el Programa Nacional de Aprovechamiento Sustentable de Energía a fin de alcanzar las metas de eficiencia energética del país.
  • Contribuir a combatir el cambio climático al 95 y 115 millones de toneladas de CO2e al 2030 por su implementación. Esta será la única manera de cumplir con las obligaciones de nuestro país en cuanto a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, en el sector eléctrico.

¿Por qué es tan importante la Ley de Transición Energética?

Actualmente, más del 80% de la energía que consumimos en nuestro país proviene de fuentes fósiles, concretamente petróleo y gas natural, ambos sujetos a la volatilidad de los precios. Esta situación se ha hecho evidente particularmente con la caída en los precios del petróleo, por lo que se hace indispensable pensar en alternativas que brinden mayores certezas. Además, los grandes yacimientos descubiertos en los años ochenta se han consumido de forma acelerada sin que existan nuevas fuentes que reemplacen la fuente de consumo de fuentes fósiles, al mismo nivel de aprovechamiento energético y a precios bajos en su extracción. De acuerdo a la base de datos interinstitucional de PEMEX, la inversión de $3.1 miles de millones de dólares (mmd) en 1997 redituó en 3 millones de barriles diarios (mbd) promedio, mientras que una inversión casi siete veces mayor (de $20.5 mmd) en 2013 generó solo 2.5 mbd promedio.

Para fortalecer la economía y competitividad del país es necesario contar con una matriz energética más diversa y no depender de una sola fuente energética. En este sentido, la LTE establece las condiciones para generar nuevos mercados, más empleos y fortalecer las actividades del sector energético. Las metas de energía limpia que establece la LTE (2018, 2021 y 2024), además de reducir considerablemente emisiones de gases de efecto invernadero (entre 30 y 50 Mt CO2e por año al 2024), hará que la manufactura mexicana también lleve una menor huella de carbono por producto o tonelada producida, lo que la hará más competitiva para los mercados internacionales de alto valor agregado.

Es importante aclarar que el costo de las tecnologías para que México producir energías limpias y renovables tiene una tendencia a la baja, por lo que el alto costo de la tecnología ha dejado de ser un argumento en contra de las renovables. En el caso de solar, por ejemplo, actualmente los costos (USD/MW) de energía solar tienen una tendencia de disminución del 10% anual, y la proyección al 2024 se espera que tengan tasas de reducción de costos en un 40% . En el caso de energía eólica, un comparativo de los costos nivelados (inversión más operación) compiten directamente con los costos de plantas de ciclo combinado con gas, incluso pueden llegar a ser menores en algunos lugares con un excelente aprovechamiento del viento.

Además, la LTE es una herramienta indispensable para cumplir con las obligaciones que México ha adquirido frente a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático en materia de Energías Limpias, y de reducción de emisiones de la industria, pues tan solo el sector eléctrico – principal objetivo de la ley – representa el 22% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero del país.

En resumen, la LTE es una propuesta para diversificar la alternativas para cubrir la demanda de energéticos, es decir, no pretende sustituir ni al petróleo, ni al gas natural; ni tampoco intenta lograr sus objetivos a costa de los usuarios finales de electricidad, al contrario, traerá en el corto plazo mejores servicios y más bajos costos en las tarifas eléctricas, así como facilidades para que los usuarios generen su propia energía y puedan vender sus excedentes a la red y así garantizar un servicio más eficiente.

Por todo ello, la iniciativa es un instrumento de “ganar-ganar”. La pregunta entonces es, ¿qué sucede con la Ley de Transición Energética?, ¿por qué aún no se aprueba en el Senado?

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