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Refugiados y vulnerables. Tailandia, ejemplo de qué no hacer
de acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) más de 50 millones de personas alrededor del mundo se encuentran en esta condición, 51.2 millones para ser exactos. Para tener una idea más concreta, esto es más que la población de todo Colombia o Polonia.
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3 de julio, 2014
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Por: Mercedes Ramírez (@MercedesR_C)

No necesitamos pensar mucho tiempo para llegar a una larga lista de grupos vulnerables alrededor del mundo. De la inmensa gama que existe, los refugiados son uno de los grupos vulnerables más amplios y universales. Esto se entiende como consecuencia de que en cualquier país hay razones de exclusión y discriminación que alcanzan un grado tal de agresión que obliga a estos individuos a abandonar su lugar de residencia.

De manera simplificada, un refugiado es una persona que por miedo a ser perseguida a consecuencia de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opinión política, se encuentra fuera de su país de nacionalidad y no pueda o quiera recibir la protección de este país por dichos temores (la definición íntegra se encuentra en la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados).

El pasado 20 de junio fue el Día Mundial de los Refugiados y de acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) más de 50 millones de personas alrededor del mundo se encuentran en esta condición, 51.2 millones para ser exactos. Para tener una idea más concreta, esto es más que la población de todo Colombia o Polonia.

Es la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial, ni siquiera alcanzada en el contexto del genocidio de Ruanda, la guerra de Kosovo o Irak, o la guerra civil de Siria.

En la problemática del desplazamiento forzado los más desprotegidos son los niños, sobre todo considerando el alarmante hecho de que aproximadamente el 45% del total de refugiados son menores de edad. El peor de los casos es la región del Este y Cuerno de África en donde esta cifra alcanza el 60%.

Sin embargo, no debemos perder de vista que la cobertura que puede tener la recolección de información sobre estos fenómenos está muy limitada dadas las características de los flujos migratorios (por pasos no controlados, sin documentos), y la situación de emergencia en la que se dan muchos de ellos, lo que deja en segundo lugar al control.

Los refugiados viven una situación de imperante vulnerabilidad frente a grupos del crimen organizado, que los captan para luego colocarlos en redes de trabajo forzado, trata de personas, conscripción militar, matrimonios forzados.

Un caso que ocurre mientras yo escribo y usted lee estas líneas es el de los trabajadores (documentados e indocumentados) de Tailandia, nacionales de Camboya, Myanmar y Laos, que luego del golpe de estado del 22 de mayo iniciaron un éxodo temiendo represión por el nuevo régimen militar. Muchos de ellos se encuentran en situaciones peligrosas de desnutrición y en ambientes insalubres que elevan gravemente los riesgos de los viajantes.

El mismo 20 de junio, el Departamento de Estado de Estados Unidos emitió el Reporte 2014 sobre tráfico de personas, en el que clasifica a los distintos países en tres rangos. El primero para aquellos que mejor cumplen la normativa internacional en esta materia y realizan prácticas de combate y prevención frente a este delito, y el tercero para el caso contrario.

Justamente, uno de los casos destacados (para mal) de ésta última edición fue el de Tailandia, el cual de encontrarse en un cuestionable rango 2, descendió a una clasificación de rango 3. Llama la atención que se ubicara en un rango 2 considerando el tamaño de la industria del comercio sexual que ahí se desarrolla y que es uno de los principales destinos de turismo sexual en el mundo. Sin embargo, esta ocasión su descenso se debió a un conjunto de razones de entre las que destacan la colusión y participación de los servidores públicos.

No hay que perder de vista que este informe refleja las afinidades políticas de los países alrededor del mundo con los paradigmas estadounidenses, sobre todo respecto a quién comparte su información con este gobierno y quién no. Sin embargo puede sacarse provecho de su amplia cobertura y sistemática recopilación de información, además de las consecuencias que ésta puede llegar a tener, como son las sanciones económicas y disminución de distintos apoyos internacionales.

Para los interesados (y desconfiados de los intereses ulteriores del país de las dobles intenciones) otra organización que elabora un informe global sobre el tráfico de personas es la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC por sus siglas en inglés), de la cual el informe más reciente es para el año 2012.

En abril pasado, Reuters ganó el premio Pulitzer en Reportaje Internacional por una serie de artículos de Jason Szep y Andrew R.C Marshall sobre la persecución del grupo musulmán Rohingya por parte del gobierno de Myanmar.

Las tensiones étnicas y religiosas, el nuevo gobierno reformista de este país, así como las mayorías budistas han generado tal hostilidad y violencia hacia esta minoría musulmana que ha propiciado un gran movimiento de emigración con destino a los países vecinos.

Este flujo se realiza básicamente de la siguiente manera:

  • Los Rohingya pagan su pasaje (en lo que muchos invierten todos sus ahorros, o lo que puede representar una pequeña fortuna para estas personas) alos propietarios de las embarcaciones, a través de un negociador (que se queda con una comisión).
  • El negociador soborna a los oficiales costeros de Myanmar para que dejen salir a la embarcacióny hace llegar a los traficantes tailandeses una lista de los migrantes en camino.
  • Los traficantes tailandeses notifican a las fuerzas navales de su país,las que también reciben un soborno, cuando el botede migrantes va a llegar, para que lo identifiquen y lo dejen llegar a tierra.

Siguiendo con las terribles prácticas tailandesas, al llegar a este país, los traficantes cooptan a los viajantes y los colocan en casas de seguridad para luego contactar a sus familias y pedirles dinero a cambio de dejar libres a sus familiares. Si es que la familia o el propio migrante logran pagar la cuota, los traficantes los cruzan a la frontera hacia Malasia.

Aquellos que no tienen el dinero suficiente para pagar la cantidad requerida son vendidos como mano de obra para la industria pesquera, en el caso de los hombres, y las mujeres son vendidas como esposas para los musulmanes residentes en Malasia.

Lo que se está haciendo mal en Tailandia se está haciendo mal en muchos países también. En el nuestro por ejemplo. Pero es un problema más frente al que los dirigentes, hacedores de políticas y tomadores de decisiones, eligen girar la mirada.

Las respuestas deben llegar más enérgicas, hay muchos ámbitos desde donde se está colocando esta problemática como prioridad. Pero debe trascenderse la generación de información y el debate, para llegar a la generación de políticas profundas y sanciones internacionales. Los organismos intergubernamentales y los propios estados deben mostrar menos tolerancia, sin que esto implique una perspectiva de castigo y mano dura. En vez, enfrentar las raíces de la segregación y garantizar la estabilidad social.

No es fácil tener conciencia de las dimensiones de estas problemáticas, de la cantidad de gente involucrada, ni de lo cercano que nos es el hecho; de que situaciones tan extremas son la realidad de millones de personas, que las obligan a dejar todo atrás, sus familias, valores y muchas veces su propia vida.

Se trata de no bajar la guardia, de ser sensibles y de no tolerar las distintas formas que adoptan la persecución y el hostigamiento.

 

* Mercedes Ramírez es investigadora de Inteligencia Pública

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