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Inter(sex)iones
Por DSyR CIDE
Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para refle... Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para reflexionar sobre los diferentes puntos de conexión que existen entre el derecho, el género, la sexualidad y la reproducción. (Leer más)
Discapacidad, una mirada desde el feminismo
Un discapacidad no es igual para un hombre que para una mujer. Las mujeres enfrentan un doble estereotipo: por razones de discapacidad y de género.
Por DSyR CIDE
5 de mayo, 2017
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Por: Mariana Díaz Figueroa (@TRANSVERSALorg)

Estamos acostumbrados a ver la discapacidad como una cuestión “individual”. La identificamos como sinónimo de enfermedad, de “anormalidad”, cuando en realidad debe ser entendida como una problemática social que implica la “interacción de personas con situaciones y condiciones individuales (auditivas, visuales, intelectuales, psicosociales, motrices) y las barreras del entorno (ya sean físicas, sociales o actitudinales) que tiene como resultado la limitación o restricción de su participación plena y efectiva en la sociedad en igualdad de condiciones”. La discapacidad la crea el entorno, no es inherente a la persona. Una misma condición puede tener efectos completamente distintos en la vida de una persona si esta vive en un contexto incluyente o no.

Entender desde este punto la discapacidad nos permite eliminar de alguna manera la estigmatización generada respecto a las personas con discapacidad, pues no se trata de gente “rota o incompleta”, sino simplemente de personas que forman parte de una diversidad social, que deben ser reconocidas y que por tanto el Estado se encuentra obligado a garantizar sus derechos humanos, generando leyes y políticas públicas que respondan adecuadamente a la diversidad de todos los habitantes.

Pero: ¿es igual para un hombre que para una mujer enfrentarse a una discapacidad? La respuesta es un rotundo no. El tema de la discapacidad no nos libera de evaluar la problemática con perspectiva de género, ya que, por lo general, las mujeres con discapacidad enfrentamos estereotipos por razones de discapacidad que se entrelazan con los estereotipos de género.

En este mismo sentido se pronunció el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) en su Recomendación General No. 18, en donde afirmó que las mujeres con discapacidad son objeto de una doble discriminación debido a su género y discapacidad, lo que marca todos los aspectos de sus vidas. En comparación con los hombres con discapacidad, las mujeres con discapacidad son más propensas a vivir en la pobreza y en aislamiento; tienden a percibir salarios inferiores y a tener una menor representación en el sector laboral. Además, con mayor frecuencia son víctimas de violencia, lo que tiene un mayor impacto en algunos grupos de mujeres con discapacidad (incluidas mujeres indígenas, migrantes o aquellas que pertenecen a alguna minoría religiosa entre otras), debido a la discriminación interseccional.

Así mismo, es importante reconocer que la sociedad está construida y diseñada por los hombres y para los hombres, quienes han construido un “ideal de mujer” en el que se busca que estén cubiertos ciertos atributos físicos, psicosociales e intelectuales, además del requisito casi indispensable de ser madre y por supuesto de contar con las habilidades para el cuidado de los hijos y la casa. Sin embargo, en muchos casos las mujeres con discapacidad no cabemos en este “ideal de mujer” y aclaro, no porque algo esté “mal” con nosotras, simplemente porque existen muchos tipos de mujeres. Así, indiscutiblemente nos enfrentamos a múltiples estereotipos que reflejan la doble carga discriminatoria a la que se hizo referencia.

Por mencionar algunos ejemplos, se educa bajo la premisa de que no se podrá formar una familia, no se da información sobre derechos sexuales y reproductivos; es más, para muchas -lamentablemente- estos derechos siguen siendo inexistentes pues son terceros (ya sean padres o tutores) los que deciden sobre sus cuerpos, llegando a avalar por ejemplo esterilizaciones no consentidas ni informadas que además son toleradas o legalizadas por el Estado.

Lo anterior demuestra la importancia de despojarnos de los estereotipos para asegurar el ejercicio pleno y efectivo de los derechos de las niñas y mujeres con discapacidad, además del deber de hacer escuchar la voz de las propias protagonistas, pues son ellas quienes se enfrentan constantemente a ciertas barreras que difícilmente serán visibilizadas por los hombre con discapacidad o por las mujer sin discapacidad, simplemente porque no se enfrentan a las mismas situaciones (pensemos ejemplo en la accesibilidad de los servicios ginecológicos para una usuaria de silla de ruedas).

Como es posible advertir, las situaciones a las que se enfrentan las mujeres y niñas con discapacidad tienen características específicas. Sin embargo, ha existido una constante dificultad para identificar la discriminación múltiple a la que se enfrentan ya que las necesidades y demandas de las mujeres con discapacidad han sido consideradas como las de un solo grupo en situación de vulnerabilidad (personas con discapacidad), lo que ha generado que los factores de género y discapacidad sean contemplados de manera aislada tanto por los movimientos de mujeres como de personas con discapacidad, manteniendo una gran distancia entre sí. Razón por la cual es indispensable la creación de leyes y políticas públicas que apliquen de manera transversal y conjunta tanto la perspectiva de discapacidad como la de género.

En México las mujeres y niñas con discapacidad siguen siendo invisibilizadas, pues no se cuenta con datos estadísticos actualizados que permitan conocer por género y discapacidad la situación real a la que se enfrenta este grupo de la población. Por esta razón, sin la información adecuada resulta muy complicado la elaboración de políticas públicas que hagan frente al problema de manera integral. Adicionalmente, en el diseño de las leyes y políticas públicas ya existentes no se aplican de manera conjunta y transversal las dos perspectivas.

 

* Mariana Díaz Figueroa es socia fundadora de Transversal, Acción sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad

 

 

ONU, Consejo de Derechos Humanos, “Estudio temático sobre la cuestión de la violencia contra las mujeres y las niñas y la discapacidad”, 30 de marzo de 2012, pár. 17.

En 2014 el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, en sus observaciones finales al informe inicial presentado por México, manifestó su preocupación por algunas esterilizaciones forzadas realizadas en el país.

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