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Inter(sex)iones
Por DSyR CIDE
Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para refle... Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para reflexionar sobre los diferentes puntos de conexión que existen entre el derecho, el género, la sexualidad y la reproducción. (Leer más)
Educación Sexual: Un tema de justicia social
¿Cómo fue tu educación sexual? ¿Qué se te enseñó sobre tu cuerpo? ¿Sobre el placer? ¿Sobre el amor? ¿Sobre el ser mujer*? ¿Te has cuestionado alguna vez si hay otras formas de vivir el amor, el placer y la sexualidad?
Por DSyR CIDE
15 de julio, 2015
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Por: Tania Hernández Gordillo*

Hace poco más de un año recibí una invitación por parte de una amiga muy cercana a un evento llamado El Foro para el Avance de los Orgasmos Femeninos. Entre otras cosas, el correo decía que se trataba de “… una experiencia que todas deben tener, una conversación sobre nuestros cuerpos, el poder, lo que somos y sentimos. Una mirada diferente y feminista a la educación sexual”. El Foro, al cual por supuesto asistí después de tan sugerente invitación, fue una plática entre doce mujeres*, quienes durante más de tres horas hablamos de sexo y placer y donde compartimos desde amores pasados hasta sugerencias para masturbarnos. En ese momento estábamos creando algo sumamente poderoso: un espacio donde nos adueñamos del ejercicio de nuestra sexualidad.

A raíz de esta experiencia, entre varias compañeras decidimos crear una colectiva para promover espacios de educación sexual feminista entre pares. Los debates dentro de los diversos foros que hemos facilitado me han hecho volver una y otra vez a preguntas que siempre había dado por sentadas: ¿Cómo fue tu educación sexual? ¿Qué se te enseñó sobre tu cuerpo? ¿Sobre el placer? ¿Sobre el amor? ¿Sobre el ser mujer*? ¿Te has cuestionado alguna vez si hay otras formas de vivir el amor, el placer y la sexualidad?

Al hacerme estas preguntas, he pasado por un proceso de reflexión y cuestionamiento hacia la educación sexual brindada por la familia, la escuela y las instituciones religiosas, la cual frecuentemente se concentra en temas únicamente biológicos (cuando la hay) pero que deja de lado temas socio-emocionales como la sexualidad, el género, las relaciones equitativas, el placer, el poder y el consentimiento. De manera complementaria, la educación sexual que se muestra en sitios más informales ─como los medios de comunicación y la pornografía mainstream─ se encarga de replicar estereotipos de género, sexualidad y relaciones que en muchos casos excluye los derechos de mujeres* y personas cuyas identidades desafían las convenciones del heteropatriarcado.

En este breve ensayo, y a partir de los temas revisados durante el Diplomado de Género, Sexualidad y Derecho del CIDE, quiero proponer que el acceso de las mujeres* a una educación sexual feminista es un tema de justicia social en tanto esta les permite adquirir poder y autonomía sobre sus cuerpos y decisiones, principio fundamental para el ejercicio de derechos fundamentales en igualdad de condiciones. La ausencia de políticas públicas que promuevan una educación sexual integral ─que incluya no sólo cuestiones biológicas sino que considere el placer, el género y el poder─ se torna crítica en países como el nuestro, donde existe una seria crisis de desigualdad, inequidad y exclusión.

La teoría radical del sexo

De acuerdo con Gayle Rubin, “una teoría radical del sexo debe identificar, describir, explicar y denunciar la injusticia erótica y la opresión sexual. Necesita, por tanto, instrumentos conceptuales que puedan mostrarnos el objeto a estudiar. Debe construir descripciones ricas sobre la sexualidad, tal y como esta existe en la sociedad y en la historia, y requiere un lenguaje crítico convincente que transmita la crueldad de la persecución sexual”. La sexualidad, al igual que el género, es una categoría variable y determinada históricamente en la cual de manera inherente existe un elemento de opresión que necesita ser evidenciado y desmontado.

Igual que el género, la sexualidad es política; si algo queda claro del texto de Rubin es que históricamente las nociones sobre la sexualidad han servido como mecanismos de control y opresión sobre los cuerpos y deseos de diversos grupos, como las mujeres*, los jóvenes, los homosexuales, las lesbianas o los adultos mayores, por mencionar algunos. Así, una educación sexual que visibilice dichos mecanismos de control se torna particularmente necesaria para desmontar la “existencia y funcionamiento de una jerarquía sexual” y para “reconocer las dimensiones políticas de la vida erótica”.

La autonomía del cuerpo y el ejercicio de derechos

En México, tanto las instituciones formales como informales en nuestro país se han encargado de replicar una idea de la sexualidad donde las mujeres* no son autónomas ni dueñas de sus cuerpos. Las ideas predominantes son las de la mujer* madre, casta, abnegada, heterosexual, complaciente, desconectada de todo deseo y cerrada a la posibilidad de sentir placer. Desde la más tierna infancia las niñas* aprenden que el cuerpo “no se toca”, que el sexo (cuando se menciona) es algo perverso y por lo tanto, de lo que no se habla; cuando la hay, la única información disponible está más cerca del enfoque médico y de salud, lo cual no la absuelve de ir cargada de juicios morales.

Así, crecemos entrenadas para invisibilizar nuestros propios cuerpos, para reprimir nuestros deseos y, en última instancia, para desaparecer del espacio público. Esta es una situación crítica ya que la libertad de decisión sobre el propio cuerpo y el derecho a decidir en todas las esferas de la vida privada es el pilar que permite desplegar en plenitud la libertad en todos los demás ámbitos de la vida. ¿Qué libertad de decisión podemos ejercer si ni siquiera nos sentimos dueñas de nuestros cuerpos? ¿Cómo podemos convertirnos en ciudadanas en pleno ejercicio de derechos si antes no nos adueñamos de nuestros deseos?

Educación sexual para la justicia social

Sin lugar a dudas, en lo que tiene que ver con la protección y garantía de derechos, estamos viviendo en México un momento de importantes definiciones, ya que aunque hemos avanzado en el reconocimiento de derechos a nivel legal, el ejercicio y la protección de los mismos aún es insuficiente. Una sociedad democrática no puede dejar de lado la lucha por el reconocimiento de las mujeres* a decidir sobre sus propios cuerpos porque al hacerlo automáticamente las invalida como sujetas autónomas. ¿Cómo traducimos esta necesidad en políticas públicas?

Un primer acercamiento tiene que ver con la adopción de programas de educación sexual integral, con perspectiva de género, que visibilicen las dinámicas de poder existentes en nuestra sociedad. Aunque existen espacios autogestionados que realizan ejercicios similares, no podremos hablar de una verdadera justicia social si estos esfuerzos no se abordan desde el Estado y se dirigen desde las instituciones formales a su cargo, como las educativas y de salud; reconociendo las diferencias y la pluralidad inherentes a cualquier sociedad democrática y tomando en cuenta las interseccionalidades que fomentan la desigualdad, la discriminación y la exclusión. Puede que este ejercicio no sea suficiente, pero sin duda es necesario.

* Integrante de la Colectiva Justicia Sexual y Secretaria General en Ala Izquierda A.C. (@tan_hg)

Correspondencia personal, correo del 06 de junio de 2014.

Para este texto, usaré las categorías de mujer* y mujeres* empleadas por la Colectiva Justicia Social: “Cuando hablamos de mujeres* con asterisco hablamos de personas que se identifican como mujeres, personas que se consideran en el espectro de mujer y personas trans. La filosofía de la colectiva en general (aunque hay perspectivas muy diversas dentro del grupo) es que usar la palabra ‘mujer’ es problemático dado que el género es un constructo social, y que palabras ‘científicas’ como ‘femenino’ en muchos casos perpetúan la visión binaria de género/sexo. Nosotras reconocemos una pluralidad de identidades de género y esperamos que exista un futuro libre de las categorías fijas de hombre/mujer. Al mismo tiempo, vivimos una historia y presente marcados por opresión basada en ser mujeres*. Hacemos trabajo que se enfoca en mujeres*, para dirigir nuestras actividades a un grupo de personas que ha sido privado de derechos sexuales (por no hablar de derechos cívicos, económicos, sociales, corporales) y crear una cultura que sea liberadora y equitativa para ellas. Cuando marcamos mujeres* con un asterisco se debería entender cualquier otra mención de género que no termine en ‘x’ o ‘@’ bajo esta filosofía de pluralidad.” Más información en: https://www.facebook.com/groups/ForoParaElAvance/

“At schools that offer comprehensive sex education, students tend to get the biology and the basics — they’ll learn about sexually transmitted diseases and pregnancy, how to put a condom on a banana and the like. But some public health researchers and educators are saying that’s not enough. They’re making the case that sex ed should include discussion about relationships, gender and power dynamics.” Maanvi Singh, “Sex Ed Works Better When It Addresses Power In Relationships”.

Gayle Rubin, “Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad”, p. 130

Rubin, p. 189

María Consuelo Mejía Piñeros, “En defensa de la constitucionalidad de la ley que permite la interrupción del embarazo hasta la décimo segunda semana de gestación: El estado laico y la libertad de conciencia”, documento presentado en las audiencias públicas realizadas por la Suprema Corte de Justicia de la nación el 25 de abril de 2008.

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