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Inter(sex)iones
Por DSyR CIDE
Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para refle... Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para reflexionar sobre los diferentes puntos de conexión que existen entre el derecho, el género, la sexualidad y la reproducción. (Leer más)
El Protocolo LGBTI de la SCJN
La Corte presentó este lunes 18 de agosto el Protocolo de actuación para quienes imparten justicia en casos que involucren la orientación sexual o la identidad de género. Acá te decimos de qué se trata.
Por DSyR CIDE
19 de agosto, 2014
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Por: Estefanía Vela (@samnbk)

Ayer la Suprema Corte de Justicia de la Nación presentó el Protocolo de actuación para quienes imparten justicia en casos que involucren la orientación sexual o la identidad de género. El documento funciona como un manual para jueces, diseñado para ayudarlos en los asuntos que resuelven. Si bien está pensado para resoluciones que impacten los derechos de las personas que son lesbianas, gay, bisexuales, trans o intersex (LGBTI) –ya que tienden a ser los derechos más violentados–, es un Protocolo que funciona para cualquier caso en el que se afecte la regulación jurídica de la orientación sexual o la identidad de género. Esto es, que afecte los lazos sexuales o afectivos que las personas podemos establecer, o las maneras en las que podemos vivir y expresar nuestra masculinidad o feminidad, nuestra identidad como hombres o como mujeres, nuestros cuerpos mismos.

El Protocolo es el sexto que ha producido la Corte en los últimos años. Los otros que acompañan la serie están dedicados al género, a los migrantes, a los indígenas, a los niños y niñas y a las personas con discapacidad (todos se pueden consultar y bajar aquí). El punto de estos documentos es identificar las barreras más comunes que sufren las personas para disfrutar de sus derechos por ciertas causas específicas –su género, su etnia, su orientación sexual, su edad, su condición social, etcétera– y proporcionar las herramientas para erradicarlas en el contexto judicial.

Para el caso específico del (que yo llamo) Protocolo LGBTI, esto implicó revisar cuáles eran las violaciones más comunes que sufrían las personas a sus derechos por virtud de su orientación sexual o identidad de género, para después ver cuáles eran las herramientas jurídicas que se contaban para combatirlas. Por esta razón, valga aclarar: si bien el Protocolo, en sí, no es vinculante para ninguna autoridad, las normas en las cuales está basado –la Constitución, múltiples tratados internacionales y resoluciones de la Corte (entre otros órganos)– sí lo son. Lo que hace el Protocolo es juntar todas las armas jurídicas con las que ya contamos las personas para defender nuestros derechos e ilustrar cómo podrían utilizarse en casos específicos.

Por ejemplo: el Protocolo se dedica a revisar las violaciones más comunes que las personas sufren en distintos espacios de sus vidas. Uno de ellos es la familia: en muchos estados de la República, todavía no se le permite a las parejas conformadas por personas del mismo sexo casarse o adoptar; o incluso, se ha dado el supuesto de que se les quite la guardia y custodia de sus hijos –o peor aún: que se les encarcele por “corromperlos”– por su orientación sexual (porque son gay o bisexuales) o identidad de género (porque son trans). El Protocolo revisa los argumentos típicos que se utilizan para justificar estas violaciones (la “naturaleza” del matrimonio es heterosexual, tener papás gay o trans daña a los niños y niñas, etcétera), proporcionando los contra-argumentos para desarticularlos (la Constitución no limita el matrimonio al constituido entre un hombre y una mujer; la homosexualidad de los padres no le provoca ningún daño a los niños, etcétera).

Además de la familia, revisa las violaciones más comunes que las personas sufren en sus trabajos (no son contratadas, son despedidas o son maltratadas por virtud de su orientación sexual o identidad de género), en la calle (son detenidas arbitrariamente o violentadas), en el contexto educativo, en el acceso a la justicia (los delitos cometidos en su contra muchas veces quedan impunes), en cuanto a su salud y el ejercicio de su libertad de expresión o asociación y en relación a su identidad misma (fuera del Distrito Federal, las personas no pueden elegir su identidad de género para efectos de sus documentos de identidad). Sin el propósito de ser exhaustivas (al final, se pueden dar violaciones de otro tipo, en otros espacios), las páginas buscan incluir el suficiente material para que los argumentos que defienden los derechos de las personas se puedan extrapolar a cualquier otro contexto.

El Protocolo también cuenta con una sección sobre los estereotipos más comunes que se tienen de las personas LGBTI (están enfermos, son promiscuos, son inestables, dañarán a los niños, etcétera) dedicada a desarticularlos, uno por uno, con base en diversos estudios científicos. Esta sección puede ser útil no sólo para quienes litigan o se dediquen al derecho, sino para cualquier persona que escriba, estudie o esté relacionada de alguna manera con estos temas. Vaya: para las mismas personas LGBT que, como a mí me pasó infinidad de veces, se enfrenten a toda clase de cuestionamientos por parte de sus padres, sus colegas o sus amigos (“¿sí eres bisexual o sólo estás pasando por una etapa?”, “pero si tienes 15, no puedes ser gay”, “no es que discrimine, es que los niños necesitan una mamá y papá, ¿no? Y tú no puedes darles eso”, “pero si eres femenina, ¿cómo que eres lesbiana?”, “¿por qué no todos pueden ser como tú, masculinos?”, etcétera).

Además de recomendar que lo bajen, lo lean y lo utilicen para defender sus derechos, quiero instarlos a que lo hagan para ayudar a mejorar el documento. De aquí al 30 de noviembre de este año, las personas pueden enviar sus observaciones a la Corte (a [email protected]), con el propósito de ayudar a “perfeccionar” el Protocolo. Al final, el ejercicio efectivo de nuestros derechos no sólo depende de las autoridades, sino de nosotros mismos. Hagamos nuestra parte para enriquecer las herramientas con las que contamos para ello.

 

Valga aclarar que colaboré en la realización de este Protocolo.

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