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Inter(sex)iones
Por DSyR CIDE
Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para refle... Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para reflexionar sobre los diferentes puntos de conexión que existen entre el derecho, el género, la sexualidad y la reproducción. (Leer más)
La lactancia materna en la realidad laboral
El ejercicio del derecho a la lactancia materna resulta sumamente difícil si no lo acompañan otras políticas públicas que incidan en su objetivo. No puede ser aislado, en primer lugar, de la necesidad de contar con estancias o guarderías infantiles cercanas al lugar de trabajo de las madres o padres que deseen alimentar a su hijo (a).
Por DSyR CIDE
3 de junio, 2014
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Por: Natalia Calero (@nataliacaleros)

Silvia Sánchez es, desde hace veintitrés años, empleada doméstica, los mismos que tiene su hijo menor. Meses antes de que Rubén naciera, el esposo de Silvia los abandonó, por lo que tuvo que empezar a trabajar para poder mantener a sus tres hijos. Silvia decidió amamantar a Rubén, sin embargo, antes de que cumpliera tres meses, tuvo que dejar de hacerlo y, junto con el resto de la familia, el más pequeño empezó a consumir leche entera de la entonces CONASUPO.

La situación de Silvia no es muy distinta a aquella que enfrentan muchas mujeres mexicanas. A diferencia de lo que opina el creador de la reciente campaña del Gobierno del Distrito Federal “No le des la espalda, dale pecho”, Silvia no amamantó a Rubén más allá de los tres meses no porque tuviese miedo a “perder su figura” (recordemos que según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, sólo el 1.6% de las mujeres mencionaron esta razón para no amamantar), sino porque no podía llevarse a su hijo a su empleo y, ante la imposibilidad de extraerse la leche, dejó de producirla en pocas semanas.

El pasado 2 de abril, se publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto por el cual se adicionan y reforman seis leyes con los objetivos de: a) establecer capacitación y fomento para la lactancia materna, b) reconocer los reposos extraordinarios de las mujeres trabajadoras para el amamantamiento o la extracción de leche hasta avanzado el segundo año de vida del hijo(a), c) imponer la obligación a los patrones de contar con espacios adecuados e higiénicos para amamantar o extraer leche materna, y d) tipificar como violencia laboral el impedimento a las mujeres de llevar a cabo el período de lactancia previsto en la ley.

Si bien es cierto que esto representa un avance respecto de la situación legal anterior en la que estaban las mujeres trabajadoras, también lo es que resulta insuficiente para combatir el problema público que el Estado ha identificado en la disminución de la lactancia materna como forma de alimentación de los menores.

En primer lugar, las reformas reconocen el derecho de las madres a la lactancia complementaria que es aquella que se da una vez que el hijo (a) empieza a consumir alimentos que no son leche materna, “hasta avanzado el segundo año de edad”. ¿Qué quiso decir el legislador con ello? Un “avanzado segundo año” ¿son dos años y tres meses? o ¿dos años y diez meses? La vaguedad en el término podría dejar al arbitrio del patrón la decisión de en qué momento la mujer trabajadora deja de tener el derecho de tomar sus reposos extraordinarios para amamantar o extraerse leche a partir de que su hijo (a) cumpla los dos años. En segundo lugar, en ciudades caóticas en cuyo tráfico la gente puede invertir horas de su día, ¿cómo se supone que hará la madre para trasladarse y alimentar a su menor? A menos que viva cerca de su lugar de trabajo, tenga los recursos para que le lleven a su hijo (a) u opte exclusivamente por la extracción manual de la leche, el tiempo que tiene para ejercer su derecho a la lactancia en horas laborables, es insuficiente.

Más allá de estos problemas, quizá lo más grave es que estas modificaciones legales sólo se aplican al sector formal. Es decir, todas aquellas mujeres que no cuentan con algún tipo de esquema de seguridad social, no tienen reconocido el ejercicio del derecho a la lactancia como lo fue en el caso de Silvia. Esta situación no debe ser menospreciada pues, tal como lo señala el informe de Omisión e Indiferencia, derechos reproductivos en México, de GIRE, casi el 50% de las mujeres en nuestro país se encuentra en esta situación.

El ejercicio del derecho a la lactancia materna resulta sumamente difícil si no lo acompañan otras políticas públicas que incidan en su objetivo. No puede ser aislado, en primer lugar, de la necesidad de contar con estancias o guarderías infantiles cercanas al lugar de trabajo de las madres o padres que deseen alimentar a su hijo (a). De igual forma, el tiempo de las licencias de maternidad debe ser repensada en términos de lo que ha recomendado la Organización Internacional del Trabajo, es decir, de dieciocho semanas y no de doce, tal como lo prevé nuestro ordenamiento jurídico para las mujeres trabajadoras. Más aún, las licencias de paternidad deben ser también ampliadas para garantizar que las cargas familiares relacionadas con la crianza de los hijos no recaigan exclusivamente en la mujer. Por otro lado, los horarios de trabajo y las dinámicas laborales deben volverse más flexibles si se busca que los menores sean alimentados con leche materna; es decir, esquemas de trabajo desde la casa (o “home office” como se le denomina comúnmente en inglés), deben ser aceptados y valorados como alternativas productivas.

Por último, si el problema público que se ha identificado es que la mortalidad infantil y los problemas de salud se incrementan debido a que las personas son alimentadas con otros productos distintos a la leche materna, el Estado está entonces obligado a darle a su población información veraz, objetiva y libre de estereotipos de género que le permita tomar decisiones adecuadas, como lo son los beneficios de la leche materna y los riesgos de la fórmula infantil.

Silvia tenía derecho a ejercer su derecho a amamantar, pero ella -como muchas otras mujeres trabajadoras- era empleada doméstica y, además, no contaba con seguro social, con prestaciones, ni con derecho laboral alguno. ¿Dirías que Silvia le dio la espalda a su hijo por no darle pecho? ¿O fue el Estado y la sociedad quienes le dieron la espalda a ambos?

 

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