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Inter(sex)iones
Por DSyR CIDE
Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para refle... Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para reflexionar sobre los diferentes puntos de conexión que existen entre el derecho, el género, la sexualidad y la reproducción. (Leer más)
Lo que sigue sin importarnos: la lactancia materna
Si la leche materna tiene efectos tan positivos en la salud y, por ende, en el desarrollo, ¿por qué el gobierno federal y los estatales han tardado tantos años en impulsar políticas públicas que la incentiven? ¿Por qué no la han tomado en consideración para alcanzar los Obejtivos Del Milenio?
Por DSyR CIDE
5 de agosto, 2014
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Por: Natalia Calero Sánchez (@nataliacaleros)

Estamos en plena celebración de la semana mundial de la lactancia, organizada por la Alianza Mundial Prolactancia Materna (WABA). “Estamos” a quienes nos interesa esta materia, poco atractiva en la agenda de la mayoría de los gobiernos. El tema de este año busca llamar la atención sobre la importancia de incrementar y mantener la protección, promoción y apoyo de la lactancia materna frente a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que deben alcanzarse en 2015. Estos ODM tienen su origen en la Declaración del Milenio, una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas, emitida en septiembre de 2000, y tienen como metas: erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la enseñanza primaria universal; promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer; reducir la mortalidad infantil; mejorar la salud materna; combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades; garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, y fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Aunque en algunos de ellos es de manera indirecta, la lactancia materna tiene impacto en cada uno de estos objetivos y es por ello que la WABA ha enfocado sus esfuerzos este año en llamar la atención sobre esta relación. Algunos ejemplos son evidentes: la leche materna incide en la reducción de la pobreza extrema y el hambre no sólo porque es un alimento rico en nutrientes que previene la desnutrición, sino que el impacto de su costo frente a otro tipo de alimentos, como lo es la fórmula infantil, es muchísimo menor en una familia. La leche materna puede, además, tener impacto en lograr la primaria universal puesto que, como ya se mencionó, aporta nutrientes esenciales para el adecuado desarrollo de los menores y, con ello, mejora la capacidad de atención y aprendizaje de estos. De igual forma, promueve la igualdad entre los géneros, ya que logra que tanto hombres como mujeres partan de un “comienzo” igual en la vida, por lo que respecta a la alimentación ya la salud. Por último, no sólo reduce la mortalidad infantil por las características nutricionales de la leche y los anticuerpos que le aporta al menor, sino que mejora la salud de la madre, pues amamantar está relacionado con una disminución de cáncer de mama y ovario, obesidad, entre otros.

Los beneficios de la leche materna parecen indiscutibles. Si tiene efectos tan positivos en la salud y, por ende, en el desarrollo, ¿por qué el gobierno federal y los estatales han tardado tantos años en impulsar políticas públicas que la incentiven? ¿Por qué no la han tomado en consideración para alcanzar los ODM?

La razón de la indiferencia de la acción gubernamental frente a la lactancia materna tiene múltiples aristas cuyas explicaciones sobrepasan el espacio de este blog. No obstante, algo debe quedarnos claro tanto a la sociedad como a las instituciones gubernamentales: amamantar es un derecho (de la mujer, no de los menores); como derecho, para poder ejercerlo, deben estar garantizadas ciertas condiciones sociales y laborales y es obligación de los gobiernos implementar políticas públicas adecuadas para poder aumentar el número de menores que son alimentados con leche materna.

Amamantar es un derecho de la mujer. Tal como se señaló en la queja que se interpuso ante la CDHDF por la primera campaña de lactancia materna: “sin duda, los niños y las niñas tienen un derecho a la salud y a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad (artículo 4, párrafos tercero y octavo de la CPEUM). También es cierto que los ascendientes, tutores y custodios tienen la obligación de preservar y exigir el cumplimiento de los derechos de los niños y niñas (artículo 4, párrafo noveno de la CPEUM). Ello, sin embargo, no significa que los padres y las madres están obligadas a todo”. Lo anterior quiere decir que no se puede obligar a la mujer a amamantar, sino que el Estado debe respetar y proteger la decisión que tome cada madre, padre o pareja sobre la alimentación de sus hijos.

En segundo lugar, para poder ejercer ese derecho resulta necesario que se garanticen ciertas condiciones sociales y laborales. Es indispensable que dejemos de condenar socialmente a quienes deciden amamantar. Hacerlo en público no debería llevar un juicio social, sino apoyo y comprensión. A nivel laboral, como ya se expuso en este blog en algún momento, permitirle a la mujer tomar reposos para amamantar o extraerse la leche debe ir acompañado del establecimiento de guarderías cerca de los centros de trabajo, de licencias de maternidad y de paternidad más amplias, y de una flexibilización de los esquemas y dinámicas de trabajo.

Por último, las políticas públicas que tengan por objeto incentivar la alimentación de menores con leche materna deben definir correctamente el problema público que desean atender, tomar en consideración la población a la que va dirigida, considerar las limitantes que tienen las instituciones públicas para hacerle frente y planear una campaña de comunicación que brinde información veraz y que no reproduzca estereotipos de género ni excluya a ciertas personas o tipos de familia, tal como lo hizo la primera campaña del Gobierno del D.F. “No les des la espalda, dale pecho”.

La indiferencia que han mostrado los gobiernos federal y estatal en materia de lactancia materna es desconcertante cuando los beneficios directos en salud y desarrollo que tiene ésta, tienen sustento científico y son promovidos por diversas organizaciones internacionales tales como la Organización Mundial de la Salud y la UNICEF. Es aún más alarmante cuando se conocen los vínculos existentes entre la lactancia y el logro de los ODM. Es indiscutible, entonces, que se emprendan acciones que promuevan y garanticen este derecho, de manera incluyente y habiendo entendido que las políticas públicas no son ocurrencias gubernamentales, sino acciones del estado que buscan resolver un problema bien identificado, a través de una adecuada implementación y evaluación.

 

@DSyR

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