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Inter(sex)iones
Por DSyR CIDE
Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para refle... Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para reflexionar sobre los diferentes puntos de conexión que existen entre el derecho, el género, la sexualidad y la reproducción. (Leer más)
Más allá de lo formal: los derechos de las personas trans
El reconocimiento de la reasignación sexo-genérica —quizá el principal avance legal dirigido a las personas trans— no ha resuelto los problemas que las personas trans tienen en esferas como la familia, la escuela, el trabajo o el sector salud.
Por DSyR CIDE
15 de julio, 2014
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Por: Claudia Torres

En los últimos años, en el Distrito Federal hemos presenciado el cambio de un ordenamiento jurídico cuyas normas, cada vez más, hablan de la igualdad entre la población y las personas LGBTTTI. En el DF presenciamos el reconocimiento de los matrimonios homo-parentales; de la capacidad de estas parejas para adoptar, y del derecho de uno de los cónyuges a ser beneficiario del sistema de salud cuando su pareja está asegurada. Atestiguamos las reformas al código civil para la rectificación de las actas de nacimiento para la concordancia sexo-génerica y el reconocimiento de la filiación a una mujer lesbiana sobre el hijo que su pareja concibió con técnicas de reproducción asistida.

Estos cambios se han orientado principalmente a obligar a las autoridades a formalizar ciertos fenómenos (una relación afectiva entre personas del mismo sexo, el nacimiento de un niño cuyos padres son mujeres, un procedimiento de reasignación sexual). Sin duda, se trata de un avance importante y necesario: el fenómeno que no se nombra, no existe. Sin embargo, aún podemos ser críticos con el alcance de estas reformas.

El desarrollo de los derechos de las personas trans (transgéneros, transexuales y travestis) en el D. ilustra el punto. Los derechos que se reconocen a estas personas todavía son insuficientes para resolver los problemas que ellas enfrentan. El derecho es ajeno a sus problemas o proporciona escasas herramientas para hacer efectivos sus derechos como personas (ya no digamos como grupo). Esto es, el reconocimiento de la reasignación sexo-genérica —quizá el principal avance legal dirigido a las personas trans— no ha resuelto los problemas que las personas trans tienen en esferas como la familia, la escuela, el trabajo o el sector salud.

En la familia, muchas personas trans relatan que abandonaron su hogar debido a la discriminación dentro de éste. Como consecuencia del rechazo, el abandono, los rumores e incluso la violencia física y sexual dentro de la familia, algunas de aquellas personas debieron buscar trabajos (como en la industria del sexo o la belleza) y vivir de manera independiente desde edades tempranas.

En la escuela, el 44% de personas LGBTTTI (entre ellos, las personas trans) que no fueron agredidas durante su época de estudiantes atribuyeron esa situación a que “no se notaba” su “diferencia”. El resto de la comunidad LGBTTTI lidió con la experiencia de victimización en silencio y por su cuenta, pues ni las autoridades educativas ni las familias supieron de la situación o actuaron como si ésta fuera un problema.

En el trabajo, la comunidad LGBTTTI y las personas trans, en particular, encuentran difícil obtener un empleo. Éstas últimas sistemáticamente se dedican a la belleza y al trabajo sexual. Cuando se rompen lasbarreras de la segregación por sexo, el resto de la sociedad es renuente a convivir con aquéllas. El problema es que, aunque dentro de la industria del sexo y de la belleza la población trans encuentra apoyo en otras personas de ambiente (LGBTTTI), esta clase de trabajos puede conllevar altos costos personales,  costos económicos, amenazas a la seguridad y riesgos a la salud.

En el sector salud, las personas trans enfrentan, como el resto de las personas LGBTTTI, actitudes discriminatorias basadas preponderantemente en la desinformación y el estigma asociado con el VIH. Esto aumenta el riesgo de contraer una enfermedad o de no tratarla adecuadamente. Además de la discriminación y el VIH, el otro gran problema de la población trans son las intervenciones quirúrgicas, hormonales o sintéticas a las que ésta se somete, que pueden ser sumamente caras –¿y entonces dónde queda el ejercicio de su derecho a la identidad?– y/o peligrosas –especialmente si están mal reguladas–.

En conclusión, el reconocimiento de los derechos de las personas trans ha llevado al procedimiento jurídico de cambio de sexo. Este reconocimiento es fundamental para las personas trans que, como Ophelia Pastrana, desean que sus papelesr eflejen su identidad. Sin embargo, los cambios han sido insuficientes para abordar la vulneración de los derechos que sufren las personas trans en la familia, el trabajo, la educación y la salud –olvidemos ya la calle, en donde son violentada scomúnmente–, y a los particulares como responsables de la violación de derechos. Debemos seguir la dirección de otros países, donde el reconocimiento de la población trans se fusiona con demandas sustantivas de servicios de salud, servicios dentro de las escuelas o mecanismos efectivos para proteger el derecho a la no discriminación en el trabajo. Debemos ir más allá de lo formal y permitir que las personas, todas, con independencia de su identidad de género u orientación sexual, puedan plenamente disfrutar los derechos en todas las esferas de su vida.

 

* Claudia Torres es Licenciada en Derecho por el CIDE y miembro del ADSyR

 

 

Cesa Infante, Sandra G. Sosa-Rubi y Silvia M. Cuadra, “Sex Work in Mexico: vulnerability of male, travesti, transgender and transexual sex workers”, Culture, Health and Sexuality 11(2) (2008), 135. 36.

Ibíd.

Sobre la pregunta de a qué se cree que se debía el bullying, ver Primera Encuesta Nacional sobre Bullying Homofóbico (Enehache, Youth Colition, CNDH y COJESS, 2012).

85% de las personas LGBTTTI no informó a sus familias sobre la agresión y un 7% lo hizo sin recibir apoyo de éstas. 48% de las autoridades educativas y maestros percibieron el bullying como “algo normal”. 42% de laspersonas LGBTTTI lidió con la experiencia simplemente aceptando su orientación o identidad; 27% “salió del clóset” y 7% cambió de escuela. Ibíd, sobre la pregunta “¿Cómo hizo para sobrellevar la experiencia de violencia?”.

Ricardo Rafael de la Madrid (coord.), Reporte sobre la discriminación en México 2012: Trabajo (México: CIDE y CONAPRED, 2010), 69.

Ibíd.

Ibíd.

Howe, Zaraysky y Lorentzen, “Transgender Sex Workers and Sexual Transmigration between Guadalajara and San Francisco”, 32.

Ibid. en 35, 39.

Ibid. en 35.

Crónicas periodísticas de Brigada Callejera (Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer de “Elisa Martínez”, 2009), 98.

Para cifras sobre cero-prevalencia y hospitalizaciones y complicaciones derivados de tratamientos para el cambio de sexo, ver Principales resultados de la encuesta de salud con sero-prevalencia de VIH a mujeres transgénero en la Ciudad de México, 4, 5.

Ricardo Rafael de la Madrid (coord.), Reporte sobre la discriminación en México 2012: Salud (México: CIDE y CONAPRED, 2010), 74.

Ser transexual no me define como persona (entrevista a Ophelia Pstrana y Victoria Volkóva), Animal Político, Abril 11, 2014.

Cfr. supra nota 11.

Ver Chris Johnson, “Medicare to lift ban on gender reassignment surgery”, Washington Blade, Mayo 30, 2014.

Doe v. National School Unit 26, Maine Supreme Court, Enero 30, 2014, disponible aquí.

Macy v Holder, Decisión de la Comisión de Igualdad en el Empleo. Abril 20, 2012, disponible aquí.

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