close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Inter(sex)iones
Por DSyR CIDE
Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para refle... Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para reflexionar sobre los diferentes puntos de conexión que existen entre el derecho, el género, la sexualidad y la reproducción. (Leer más)
Sobre posibilidades: teoría queer, feminismo y derecho
Quiero vindicar la sensibilidad de la teoría queer como una posibilidad de mejora del derecho orientado por el feminismo.
Por DSyR CIDE
7 de junio, 2017
Comparte

Por: Claudia Torres

I

Viví un episodio de abuso sexual cuando tenía siete años. Desde entonces, en un proceso que fue todo menos lineal, elaboré una narrativa en torno a mi abuso en la que éste aparecía como un hecho más de la vida: una fuente tanto de fuerza, creatividad y orgullo, como de temor, bloqueo y vergüenza. El significado que he construido a partir de mi abuso es, hoy, una parte integral y muy satisfactoria de mí.

Me encontré con el “feminismo de la gobernanza” años después de haber iniciado este proceso de reparación. Al principio, participar de este feminismo me dio un propósito en la guerra de los sexos y me hizo sentir acompañada por todas las mujeres en resistencia frente a la represión de los hombres (la cual me parecía ubicua en mi familia extendida). Por ello, este feminismo tuvo un rol importante en la construcción de mi auto-consciencia y me dio la seguridad de reclamar un lugar en el mundo.

No obstante, conforme más me involucraba en este tipo de investigación y activismo feministas, más me comprometía con el dualismo, la jerarquización y, ultimadamente, la paranoia y el resentimiento de la “hermenéutica de la sospecha” con la que el feminismo propone interpretar el mundo. Más todavía, me comprometía con la fe de este feminismo en la reforma penal, asociada con la fantasía de un Estado que efectivamente desenvaina la espada en aras de la equidad de género. Vistas a la luz de la grandiosidad de sus promesas y la limitación de sus resultados, esta propuesta de reforma eventualmente me decepcionó. La decepción se tradujo en ansiedad, cansancio y, finalmente, bloqueo. El poder y los sentimientos positivos que alguna vez extraje del feminismo fueron opacados por la impotencia.

II

Fue en aquel momento cuando empecé a leer (dudo que por accidente) teoría queer. El elemento queer que más valoré fue la sensibilidad que acompaña a la “estética de la adición”. Esta sensibilidad supone “apertura” frente a los puntos medios y los espectros continuos, los cuales desplazan a los dualismos absolutos. Desde esta perspectiva, el significado que las personas atribuyen a los hechos, los actos, los placeres y las identidades sexuales no es ni dualista ni monolítico. Ahí donde el feminismo enfatiza la correspondencia necesaria entre hombre/mujer, pene/vagina, omnipotencia/impotencia o sujeto/objeto, la teoría queer reconoce la multiplicidad y la validez de diversas formas de experimentar e interpretar la vida.

La sensibilidad queer –contrario al feminismo que percibo actualmente– me resulta reparadora. Reapropiarme el espacio alienante que fue mi abuso tuvo que ver con entender a mi agresor dentro de su contexto histórico y familiar. Luego de este ejercicio, sentí compasión y, finalmente, cierre. El énfasis del feminismo en la violencia de género me hace sentir no sólo victimizada, sino también culpable de rechazar el resentimiento que supuestamente debería profesar contra los hombres y sublimar en activismo. Frente a esta culpa, la sensibilidad queer me recuerda que yo creo en que la vida es texto y, así, una perpetua oportunidad de crear múltiples significados: de hacer poesía. Si la compasión es mi forma de lidiar con el pasado y proyectarme hacia el futuro, que así sea.

III

Coincido con Halley en que la sensibilidad queer tiene gran potencial dentro del derecho, especialmente en los estudios críticos (CLS). Inspirados en el realismo jurídico, los CLS asumen que las normas efectuadas –no las normas escritas– son el elemento constitutivo del derecho. El derecho está en juego dentro de dinámicas sociales complejas y considerablemente impredecibles, por lo que no hay garantías respecto de su efectividad. Más aún, para los CLS, el derecho opera de manera fragmentada, incompleta, contradictoria y sorpresiva. La creencia de que el derecho es monolítico, para los CLS, es un mito del racionalismo liberal.

La sensibilidad queer coincide con los CLS en tanto que le rinde respeto a la naturaleza complicada, intrincada y súbita de los seres humanos. Esta sensibilidad no prejuzga la diversidad de experiencias de quienes, por ejemplo, ejercen la prostitución. En los debates sobre prostitución, el feminismo sólo ve libertad o sumisión pura. En realidad, ambos extremos forman parte del espectro de agencia que, de hecho, despliegan quienes ejercen la prostitución. Los perfiles, las experiencias, las motivaciones y las interpretaciones de quienes ejercen la prostitución son tan heterogéneos que resisten cualquier intento de categorización y teorización.

Por respeto a esta diversidad, y considerando que nada está dicho de antemano, al momento de decidir qué régimen implementar o cómo modificarlo, se debe formular primeramente una pregunta de hecho: ¿qué hace/hará el derecho? Dependiendo la composición y posición de un grupo, el impacto de un régimen legal específico será bueno, malo o indiferente. Sólo luego, viene la pregunta sobre los principios de justicia: ¿qué debiera hacer esta intervención a favor de tal o cual grupo? La respuesta a esta pregunta implica siempre una elección distributiva.

IV

Tomarse en serio la idea de que la acción humana – e.g., el activismo feminista– es prolífica obliga a reconocer al menos dos cosas. Una: el (mucho) bien que ha hecho el feminismo, aun en su faceta más represiva. Dos: el amor que profesan las feministas por la justicia. Por ello, mi objetivo no es reemplazar el feminismo con teoría queer. Simplemente quiero vindicar la sensibilidad queer como una posibilidad de mejora del derecho orientado por el feminismo. Esta sensibilidad estará siempre disponible cuando las emociones negativas desencadenadas por la represión inhabiliten la acción jurídica o política, así como cuando las emociones positivas abran un espacio de reflexión y auto-crítica dentro del feminismo. Estará disponible siempre como una posibilidad restaurativa.

 

* Claudia Torres es miembro del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE (@DSyR).

 

 

En buena medida, esta entrada está inspirada en las reflexiones de Janet Halley en torno a la contribución de Eve Kosofsky a la teoría queer y la relevancia del trabajo de ésta última para la teoría legal. Ver J. Halley, Paranoia, Feminism, Law: Reflections on the Possibilities for Queer Legal Studies (Notes towards an Investigation), en E. Anker & B. Meyler, New Directions in Law and Literature (Oxford University Press, 2017).

El feminismo de la gobernanza es un discurso hoy ampliamente difundido que mezcla (i) la crítica sustantiva del feminismo radical a las estructuras de desigualdad que oprimen a las mujeres con (ii) la agenda formalista del feminismo liberal, que privilegia la reforma legal (en especial, en el ámbito penal) como instrumento de cambio social. Ver J. Halley et al., From the International to the Local in Feminist Legal Responses to Rape, Prostitution/Sex Work and Sex Trafficking: Four Studies in Contemporary Governance Feminism, 29 (2) Harvard Journal of Law & Gender (2006), disponible aquí.

Famosamente caracterizada por el filósofo francés Paul Ricoeur, la “hermenéutica de la sospecha” es una metodología cuyo objetivo es descubrir la verdad reprimida y oculta detrás de textos literarios. En el feminismo, esta metodología reduce deliberadamente el mundo al binomio hombres/mujeres y proyecta, bajo el nombre de patriarcado, una relación necesaria de dominación de los primeros hacia las segundas.

En general, la teoría y el activismo queer –heterogéneos y caóticos como son– articulan y vindican las sexualidades que no se conforman a los estándares de normalidad. Ambos están comprometidos con la multiplicidad hermenéutica y la mutabilidad de las personas. Dado que las premisas queer más básicas llegan a entrar en tensión con aquéllas del feminismo, algunas feministas han acusado a los teóricos y activistas queer de, por ejemplo, “ser parásitos sensacionalistas” que retrasan la acción colectiva y de “colaborar con el mal”. Ver e.g., C. Paglia, Vamps and Tramps (Vintage Books, 1994) y M. Nussbaum, The Profesor of Parody, The New Republic Online, Nov. 28 2000, recuperado aquí por la Universidad de Georgetown.

Halley, Paranoia, Feminism, Law… op cit supra nota i, 128 y ss.

Id., 130.

O. W. Holmes, Jr., The Path of the Law, 10 Harvard Law Review 457 (1897).

K. Llewellyn, Some Realism About Realism –Responding to Dean Pound, 44 Harvard Law Review 1222 (1931).

Yo me topé con este problema mientras hacía mi tesis de maestría. Más aún, autoras con mayor trayectoria académica refieren haber enfrentado el mismo reto en el curso de sus investigaciones. Ver, e.g., A. Cabezas, Economies of Desire: Sex and Tourism in Cuba and the Dominican Republic (Temple University Press, 2009); D. Brennan, Life Interrupted: Trafficking into Forced Labor in the United States (Duke University Press, 2014); o R. Parrenas, Illicit Flirtations: Labor, Migration, and Sex-Trafficking in Tokyo (Stanford University Press, 2011).

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte

¡Muchas gracias!


Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.