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Inter(sex)iones
Por DSyR CIDE
Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para refle... Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para reflexionar sobre los diferentes puntos de conexión que existen entre el derecho, el género, la sexualidad y la reproducción. (Leer más)
Prostitución trans y las normas de trasfondo
Menos mujeres trans optarían por ejercer el trabajo sexual si más de ellas se sintieran bienvenidas en los espacios de trabajo. Con más personas trans en instituciones y empresas, el mercado de la prostitución sería presumiblemente más compacto y su composición, distinta.
Por DSyR CIDE
26 de julio, 2017
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Por: Claudia Torres

El concepto de “normas de trasfondo” es uno de los que me ha resultado más esclarecedores para estudiar el derecho “en acción”: el derecho tal cual se desarrolla en la realidad y no en los libros. Como yo las entiendo, las normas de trasfondo son aquellas que estructuran los incentivos de las personas y que les dan o les quitan poder en sus interacciones diarias, pero que no siempre están presentes en la mente de quienes hacen, modifican o critican las leyes. Son normas que se mueven en las sombras, a diferencia de las normas más vistas e invocadas: esas que los legisladores y activistas siempre están tratando de cambiar para, supuestamente, resolver un problema social. Son las normas que, si bien no se relacionan directa y explícitamente con el objeto de regulación, lo afectan de cualquier manera.

Un ejemplo de normas de trasfondo tratándose de la regulación del trabajo sexual son las del reconocimiento de la identidad sexo-genérica (RISg). El RISg es un procedimiento que permite a las personas cambiar su acta de nacimiento para que el sexo que les fue asignado al nacer coincida con su identidad de género. Como bien puede verse: directa y explícitamente no tiene nada que ver con las normas sobre trabajo sexual y, sin embargo, el RISg afecta las vidas de muchas trabajadoras sexuales.

Recientemente conocí a Gaby Gudiño y a Fanny Argüello. Primero, Gaby es una emprendedora que vive y trabaja en el municipio de Colima, Colima. Ella no es trabajadora sexual, pero su carisma y su convicción le han ganado la confianza y la admiración de muchas mujeres trans que ejercen el trabajo sexual en Colima. Por su parte, Fanny es una trabajadora sexual que recientemente fundó una organización llamada Diana Zacayán en el municipio de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Junto con otras líderes, ella ha organizado a varias mujeres trans que ejercen el trabajo sexual en las calles del centro histórico de Tuxtla. Por lo que he escuchado, de entre todas las trabajadoras sexuales de Tuxtla, las que son trans se han convertido en el grupo con un discurso de derechos humanos más activo y efectivo. Diana Zacayán es, en parte, responsable de la reciente movilización de este grupo.

De acuerdo a estas dos mujeres, el RISg es clave para lograr, al menos, tres cosas. Primero, el reconocimiento empodera a las mujeres trans, lo que, a su vez, se traduce en una mayor utilización del derecho y el discurso jurídico. Como me dijeron Gaby y Fanny: muchas jóvenes trans son discriminadas en la escuela y los lugares de trabajo de formas más o menos notorias. Por ejemplo, la discriminación se manifiesta al no permitir a las estudiantes o profesionistas presentarse vestidas “como mujeres” so pretexto de que sus documentos escolares oficiales, sus recibos de nómina o hasta el nombre registrado en las listas del colegio las presentan como “hombres”. El argumento es: papelito habla y, si te llamas Gabriel, no puedes aparecer ante el mundo como Gabriela. Otro argumento que les dicen es que las personas trans proyectan una “mala imagen”, lo cual es, según esto, perjudicial para los negocios de cualquier empresa o institución. La discriminación puede manifestarse también en burlas o agresión física contra quienes desafían las normas de sexo y género preestablecidas. Como dice Gaby, tener un papel que diga que tu nombre es Gabriela, no Gabriel, te hace sentir el respaldo de la ley al momento de explicar a los demás que eres Gabriela, no sólo que te sientes como Gabriela. También, ese respaldo jurídico te lleva no sólo a pedir, sino a exigir, trato igualitario, participación, educación, empleo. Éste es el poder simbólico del derecho en acción.

Segundo, el RISg permite negociar con las trabajadoras sexuales trans la posibilidad de regular el trabajo sexual. Tanto en Colima como en Tuxtla, los vecinos de ciertas áreas residenciales se quejan constantemente de que “hombres vestidos de mujer” ejercen el trabajo sexual en las calles, frente a sus hogares. Por ello, frecuentemente las autoridades municipales han buscado alternativas para volver a las trabajadoras sexuales trans accesibles pero invisibles. Las opciones van desde operativos de seguridad para retirarlas de las calles hasta propuestas de zonificación del trabajo sexual (que casi siempre suponen mandar a las trabajadoras sexuales a calles inseguras y no aptas para el trabajo). Es obvio que, como se desprende de la experiencia de Fanny, las trabajadoras sexuales típicamente se han negado ante estas ofertas. Las propuestas de las autoridades son innegociables porque no colocan en el centro a las trabajadoras trans. Gaby fue clara: para ella, si se les ofrece a las trabajadoras trans oportunidades “reales” de cambiar su vida, habrá apertura para empezar a discutir las propuestas de las autoridades. Una de estas oportunidades reales es el RISg. Revindicar los intereses y las necesidades de las trabajadoras sexuales –en concreto, el RISg– es el primer paso. El segundo paso (¡segundo!) es negociar las reformas legales y de política pública directamente con ellas.

Tercero, el RISg puede cambiar el tamaño y la composición del mercado de la prostitución trans. En casi cualquier mesa de debate sobre prostitución y reforma legal, participan los abolicionistas –para quienes la prostitución es un mercado patriarcal y, por ello, opresivo que debiera ser eliminado– y los liberales –para quienes la prostitución puede ser un trabajo digno si se ejerce voluntariamente–. A pesar de sus muchas diferencias, tanto los abolicionistas como los liberales apoyan, por ejemplo, las políticas de educación en todos los niveles (especialmente, aquellas dirigidas a mujeres) y la formación vocacional de las trabajadoras sexuales. Para estos grupos, los objetivos son –respectivamente– eliminar la prostitución y reducirla hasta sus modalidades más libres. Ni abolicionistas ni liberales suelen abordar el impacto que tendría el RISg sobre el mercado de la prostitución, en particular, el de mujeres trans.

Para Gaby y Fanny, al menos dos efectos del RISg sobre el mercado de la prostitución son claros. Uno: como cuenta Gaby, muchas estudiantes trans que cursan la preparatoria desertan porque, al tiempo que son discriminadas en las escuelas, el “ambiente” les ofrece dinero y un espacio para expresar su identidad. Gaby cree (y yo suscribo) que el RISg podría hacer que más chicas trans continuaran la escuela y vieran los trabajos distintos de la prostitución como posibilidades reales de vida –en principio, libres de discriminación–. Ojo (Fanny es enfática con esto): actualmente, sin RISg, hay discriminación en el trabajo sexual y en el no sexual, pero es distinta en ambos sectores. En el trabajo sexual, al menos, las mujeres trans enfrentan la discriminación como mujeres; no así en los trabajos no sexuales, en los que la norma que impera es la de vestirse según el sexo asignado al nacer. El RISg haría posible que las trans exigieran el reconocimiento de su identidad en su entorno laboral como una cuestión de derecho, no como una transgresión.

Dos: si más trabajos fueran realmente accesibles para las mujeres trans, habría menos de ellas dedicándose a la prostitución. Como señala Gaby, para una mujer trans, trabajar y todo lo que implica resultan complicados: presentarse a trabajar, socializar con los compañeros de trabajo, ser llamada por el superior jerárquico, cobrar la nómina en el banco o colocar un nombre a la entrada de la puerta. Todas esas actividades pasan desapercibidas para la mayoría de las personas, pero para las mujeres trans son un constante recordatorio de lo difícil que es vivir conforme a su identidad. Dice Gaby –en mi opinión, con atino– que menos mujeres trans optarían por ejercer el trabajo sexual si más de ellas se sintieran bienvenidas en los espacios de trabajo. Con más personas trans en instituciones y empresas, el mercado de la prostitución sería presumiblemente más compacto y su composición, distinta.

En conclusión, el RISg afecta el ejercicio de la prostitución. Creo que esto se ha perdido de vista porque los intereses, los problemas y las necesidades particulares de las mujeres trans que ejercen la prostitución habían estado subsumidas dentro de la agenda del grupo más amplio de mujeres que ejercen el trabajo sexual. Obviamente, también se dejó de lado la formulación de propuestas de solución específicas para las mujeres trans en el trabajo sexual. Es tiempo de escuchar con oído atento lo que, desde hace mucho, ha sido evidente para muchas de ellas.

 

@DSyR

 

 

Ver Robert Hale, Coercion and Distribution in a Supposedly Noncoercive State, 38 Political Science Quarterly (1923), 423. Si bien Hale no adopta explícitamente la distinción entre lo que yo llamo “normas de trasfondo” y “normas en el centro”, las bases de esta metodología para el análisis legal aparecen ahí. Este artículo fue repensado posteriormente por algunos teóricos críticos del derecho, quienes crearon dicha distinción. Ver, por ejemplo, Janet Halley & Kerry Rittich, Critical Directions in Comparative Family Law: Genealogies and Contemporary Studies of Family Law Exceptionalism, 58 Am. J. Comp. L. (2010), 753: 761.

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