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Inter(sex)iones
Por DSyR CIDE
Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para refle... Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para reflexionar sobre los diferentes puntos de conexión que existen entre el derecho, el género, la sexualidad y la reproducción. (Leer más)
Salario, familia y género
En toda la discusión de los salarios mínimos no he escuchado un solo planteamiento con perspectiva de género. Si los argumentos actuales acaban traduciéndose en reformas, lo ideal será hablar de las necesidades de la familia y no de jefa o jefe porque el término remite a un concepto que no tiene ya cabida en la composición familiar actual.
Por DSyR CIDE
26 de agosto, 2014
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Por: Leticia Bonifaz

En medio de toda la discusión sobre los salarios mínimos, releí el artículo 123 constitucional tal como fue redactado en 1917. A casi 100 años del suceso, suena extraño que en general la norma sólo se refiera al patrón y al trabajador usando el género masculino, que de acuerdo a la gramática, se considera incluyente, pero que en los últimos tiempos se ha cuestionado cuando genera exclusión o discriminación hacia la mujer.

La regla gramatical es que un término en masculino comprende al femenino. Con ese argumento compitió la secretaria de Venustiano Carranza, Hermila Galindo, para un cargo público. En ese entonces, el argumento no fue válido porque para el derecho al voto se le respondió que donde la Constitución decía “mexicanos”, debía entenderse sólo a los varones. Eso quiere decir que la regla ha sido usada históricamente a conveniencia.

El artículo 123 habla de obreros, jornaleros, empleados, domésticos, artesanos y operarios en sus distintas fracciones.

En su redacción original, el artículo incluía normas específicas para la mujer considerándola vulnerable y equiparándola a los jóvenes. Así, se decía que para ellas “quedan prohibidas las labores insalubres o peligrosas”.

La Ley Federal del Trabajo de 1970 acotó esta protección sólo a las mujeres en estado de gestación. Así, el artículo 167 estableció que “son labores peligrosas o insalubres las que por la naturaleza del trabajo, por las condiciones físicas, químicas y biológicas del medio en que se presta, o por la composición de la materia prima que se utilice, son capaces de actuar sobre la vida y la salud física y mental de la mujer en estado de gestación o del producto”.

En el artículo 168 también se determinó que “no rige la prohibición para las mujeres que desempeñen cargos directivos o que posean un grado universitario o técnico o los conocimientos o la experiencia necesaria para desempeñar los trabajos, ni para las mujeres en general cuando se hayan adoptado las medidas necesarias para laprotección de la salud, a juicio de la autoridad competente.”

En 1974, en el marco de la celebración del Año Internacional de la Mujer, se reformó el artículo dejando la prohibición sólo para los jóvenes.

Las mujeres tampoco podían ser admitidas en trabajos extraordinarios.

Respecto del salario, desde 1917 quedó consagrado que habría Igualdad sin distinción de sexo. En la práctica las cosas han sido muy diferentes, pero la igualdad formal en el derecho existió desde su origen posrevolucionario.

Cuando se tocó el tema del salario mínimo, se hizo referencia a las necesidades de un jefe de familia y así sigue hasta nuestros días.

El texto original decía: “El salario mínimo que deberá disfrutar el trabajador será el que se considere suficiente, atendiendo las condiciones de cada región, para satisfacer las necesidades normales de la vida del obrero, su educación y sus placeres honestos, considerándolo como jefe de familia”.

La visión sin duda sólo era respecto del jefe varón y cuesta trabajo imaginar cómo se distinguía un placer honesto de uno deshonesto y extrapolarlo también hacia el recato y candor femenino tan valorado en aquella época.

El texto actual del 123 dice: “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural para proveer a la educación obligatoria de los hijos”.

A principios del siglo XX, lo más común era que el hombre fuera el proveedor y no era previsible lo que vendría después de las guerras mundiales con la incorporación de las mujeres a los procesos productivos y, por supuesto también, en los cambios culturales respecto de los procesos reproductivos que dieron lugar a la figura cada vez más común de las mujeres jefas de familia que, en número creciente, son el único sustento de la casa y hoy representan la cuarta parte en el país y la tercera parte en el Distrito Federal.

De acuerdo con el INEGI y el Instituto Nacional de las Mujeres, uno de cada cinco hogares encabezado por una mujer es unipersonal. En el caso de los hombres es menos de uno de cada 10. El 44% de aquellos con jefatura femenina son nucleares, comparado con el 70% de los correspondientes a la masculina.

Hay casos de jefatura compartida en los hechos, pero esto no se ve reflejado en la norma constitucional. El censo indica que a nivel nacional, en el 38% de los hogares hay ingresos del hombre y la mujer; el 55% de los hogares tienen ingresos sólo del hombre y el 6.1% de los hogares tienen ingresos sólo de la mujer.

En toda la discusión de los salarios mínimos no he escuchado un solo planteamiento con perspectiva de género. Si los argumentos actuales acaban traduciéndose en reformas, tendrá que tocarse necesariamente el artículo 123. Lo ideal será hablar de las necesidades de la familia y no de jefa o jefe porque el término remite a un concepto que no tiene ya cabida en la composición familiar actual, donde hay muchos tipos de familias y no todas se conciben con jefatura. La concepción de 1917 es la de la familia nuclear con una estructura piramidal que culmina con el jefe.

Actualmente, hay suficientes cifras y estudios en las distintas disciplinas que pueden ayudar a proporcionar elementos para una mejor toma de decisiones políticas, económicas y jurídicas que, con perspectiva de género, hagan visible tanto el papel de las mujeres proveedoras y sus necesidades, como la forma de sobrevivir de los diversos tipos de familias que hoy existen en nuestro país para quienes el salario mínimo no es remunerador, ni genera posibilidades de una subsistencia digna.

 

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