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Inter(sex)iones
Por DSyR CIDE
Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para refle... Este es el blog del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE. Es un espacio para reflexionar sobre los diferentes puntos de conexión que existen entre el derecho, el género, la sexualidad y la reproducción. (Leer más)
El uso histórico del miedo y la catástrofe
Entre abril y septiembre el Frente Nacional por la Familia ha realizado manifestaciones, difundido peticiones y elaborado una Iniciativa de Ley en contra del matrimonio igualitario, con un discurso aparentemente benevolente y que apela a defender a la familia, pero que esconde ideas que avalan la discriminación, el odio y, en última instancia, fomentan la violencia.
Por DSyR CIDE
8 de septiembre, 2016
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Por: Karla Motte (@karlamotte)

El 18 de mayo del 2016, sólo un día después de que Enrique Peña Nieto turnara al Congreso una iniciativa para implementar el matrimonio igualitario a nivel federal, se creó el Frente Nacional por la Familia, el cual ha encabezado una serie de iniciativas de carácter ciudadano para oponerse a esa propuesta del Ejecutivo. Según ACI prensa, éste se conformó con más de 1000 organizaciones, mientras el propio Frente asegura que están integrados “por millones de personas y más de mil instituciones de la sociedad civil organizada”.

Más allá de la veracidad de las cifras, es cierto que en muy poco tiempo se creó una organización muy grande e influyente entre sectores católicos y cristianos, cuyas demandas giran en torno a una serie de premisas (hay que decirlo) bastante pedestres, como que el matrimonio igualitario “pretende despoblar al país”, o que implicará que se “cambien las leyes del género”. Entre abril y septiembre el Frente Nacional por la Familia ha realizado manifestaciones, difundido peticiones y elaborado una Iniciativa de Ley alternativa a la que fue presentada por el presidente. Ahora se preparan para una serie de manifestaciones que se realizarán los días 10 y 24 de septiembre en diferentes lugares del país y en la Ciudad de México para, dicen, “defender a la familia”.

La defensa de la familia resulta una bandera que casi cualquiera consideraría legítima, coherente y deseable, atendiendo a ese cuasi-mantra que hemos escuchado una y otra vez: LaFamiliaEsLaBaseDeLaSociedad. Aunque la familia ha cambiado profundamente en su composición y función en sociedades y épocas históricas, para un numeroso grupo de personas es válido el argumento de que establecer los matrimonios igualitarios en México atenta contra algo que denominan “familia natural”, es decir, pareja heterosexual y monogámica con hijos carnales.

La gran cantidad de personas que se han organizado en torno a este tipo de premisas provenientes de la moral religiosa, así como la idea de que existen derechos “naturales” y estructuras sociales inamovibles no son una novedad, sino que responden a una experiencia histórica de largo aliento, que a su vez también ha conformado al Estado laico que rige a México.

En el siglo XIX, ante el triunfo del liberalismo en muchas naciones del mundo occidental, la jerarquía católica emprendió una especie de “resistencia institucional” ante la pérdida de poder de la iglesia en un contexto de grandes cambios. Entre 1864 y 1891 el papado emitió una serie de documentos en donde estableció su visión doctrinal en torno a la nueva sociedad (moderna, industrializada, laica y regida por estados nacionales), además de que sentó las bases para instituir una alternativa católica ante el inexorable advenimiento del liberalismo y del socialismo: la militancia de los laicos. Ellos eran la alternativa legal y más eficaz para incidir en todos los espacios sociales. Ya en el siglo XX en diferentes lugares del mundo, incluido México, la iglesia católica instó a la feligresía a no permanecer pasiva ante los cambios sociales, y a tomar acción por cambiar su realidad.

Mientras la iglesia católica formulaba sus ideas contra el liberalismo (y de forma secundaria contra el socialismo), también se empeñó en contrarrestar la idea de que lo público y lo privado eran cosas separadas, donde lo primero corresponde a la autoridad civil. Para la iglesia, además, hay una fuente de creación (la divinidad) que establece un “orden natural” con jerarquías inamovibles en cuya cúspide están las leyes divinas y, evidentemente, la autoridad eclesiástica. Sobre ese tema fue significativo que se condenara tajantemente que el gobierno civil estuviera por encima de la iglesia en las naciones modernas o, también, que se subvirtiera la supremacía del varón por encima de la mujer, y como cabeza de la familia: “Las casadas sujetas a sus maridos, como al Señor; porque el hombre es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia.” Bajo esta lógica, ese orden forma parte de un “plan divino” que no deja lugar al cambio.

Ante estas nociones, que marcan una dicotomía catastrofista entre lo que es “natural” y lo que no lo es, en diferentes momentos de la historia se ha apelado a las leyes civiles (participación ciudadana, libertad de expresión, libertad de cultos) para influir en las decisiones políticas. Así sucedió, por ejemplo, entre 1931 y 1934, cuando muchas organizaciones católicas respaldaron a la Unión Nacional de Padres de Familia (asociación creada también por católicos laicos) en su lucha contra la educación sexual; demanda que fue exitosa y llevó al secretario de educación pública, Narciso Bassols, a renunciar a su cargo. También quedó así escrito en los estatutos de la Acción Católica Mexicana (1930) que indicaron que sus fines no eran políticos, pero sus miembros (varones, pues la mujer no tenía derecho al voto), tenían la obligación cívica de velar por los intereses de la iglesia.

Al paso del tiempo, por cierto, los argumentos no han cambiado significativamente: en 1922 las mujeres de la Unión Nacional de Damas Católicas decían que las jóvenes que bailaran charleston iban a volverse estériles; el mismo año el sacerdote Pedro Benavides publicó una circular asegurando que el cinematógrafo “fomenta las bajas pasiones … cuyo fruto es al fin, el desquiciamiento de toda la sociedad”; y ya en la década de 1970 la Unión Nacional de Padres de Familia aseguraba que la masturbación era frecuente, lo que no significaba que fuera “natural”. Más recientemente son notorias las opiniones en contra del feminismo, del aborto y de la diversidad sexual, con los mismos recursos retóricos catastrofistas que aseguran que se va en contra de lo “natural” y se provocará el fin de la especie.

Una manifestación más en México ya forma parte de la cotidianidad, pero las que encabezará el Frente Nacional por la Familia forman parte de una enorme campaña que es muy influyente para millones de personas religiosas. El discurso aparentemente benevolente y que apela a defender a la familia, esconde ideas que avalan la discriminación, el odio y, en última instancia, fomentan la violencia. No obstante, se debe comprender que los laicos que encabezan estas manifestaciones están históricamente muy bien organizados y tienen una experiencia previa muy larga; cuentan con muchos recursos económicos; elaboran discursos manipuladores con falacias, desinformación y mentiras basadas en el miedo, y además ejercen legítimamente su derecho a manifestarse públicamente y a expresar sus ideas, pues aunque en los hechos fomentan la discriminación, su discurso es cuidadoso y esconde sus verdaderas intenciones (en este caso respaldar y fomentar la homofobia).

Afortunadamente la experiencia histórica también nos indica que los procesos de cambios de mentalidad van a paso lento, pero seguro. Ante este panorama, finalmente me atrevo a agregar que nuestras alternativas ante la ofensiva retrógrada del laicado militante y el cómodo silencio de nuestras autoridades son: la creación y difusión de argumentos informados, y la organización continua.

 

@DSyR

 

 

Las Encíclicas papales más influyentes fueron la Syllabus Errorum (1864), y la Rerum Novarum (1891).

Ver Encíclica Il Fermo Proposito. La palabra acción fue muy utilizada e influyente entre los laicos católicos a principios del siglo XX y se utilizó para nombrar a la Acción Católica Mexicana, la más importante organización de católicos que se fundó al finalizar la guerra cristera y aún existe.

Syllabus Errorum.

Casti Connubi (1930).

 “Los bailes modernos y las modas”, El Universal, 10 de noviembre de 1922.

Archivo Histórico de la Unión Femenina Católica Mexicana, Universidad Iberoamericana, “Circular a Señores curas, vicarios fijos y capellanes de la capital del DF, por Pedro Benavides”, 10 de agosto de 1922, caja 1, folder 7.

Memorias del Seminario sobre salud reproductiva y participación social, Yucatán, Universidad Autónoma de Yucatán, vol.2, p. 202.

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