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Por José Carlos Pueblita
Economista moreliano estudioso de los temas públicos desde el gobierno, la iniciativa privada y ... Economista moreliano estudioso de los temas públicos desde el gobierno, la iniciativa privada y la academia. Investigador invitado en el Centro para el Desarrollo Internacional (CID) y profesor adjunto de políticas públicas en la Escuela Kennedy de Harvard. Cocinero, bailador y motociclista amateur. Perruno recalcitrante y fan de Apple. Feliz esposo. Síguelo por Twitter: @jcpueblita (Leer más)
Pensando en lo local y extrañando el tamal
Por José Carlos Pueblita
16 de mayo, 2012
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He de reconocerlo, en los últimos meses no me he dedicado a lo que más me gusta porque he concentrado mis esfuerzos en hacer lo que también más me gusta: dar clases. El ciclo escolar acaba de terminar y me liberó de mis responsabilidades docentes para continuar el ejercicio del comentario político que también es lo que más me gusta –sí, estudiantes míos, mis preferencias no están muy bien ordenadas-. En estos meses he tenido que esconder en la cajonera junto a la cama el impulso de escribir sobre tantos acontecimientos que han plagado la realidad mexicana y que me han llenado de entusiasmo, alegría, tristeza, indignación: el inicio oficial de las campañas que comenzaron hace tanto ya, el debate presidencial dominado por un postdebate sobre si la edecán debería ser la nueva imagen de ProMéxico o no, la celebración del 150 aniversario del 5 de mayo que tanto confunde a los gringos y despreocupa a los franceses, las recientes apariciones de decenas de cuerpos cercenados que tanto dolor causa, la visita de Peña Nieto a la Ibero, la derrota del Barcelona ante el Real Madrid y demás.

La guerra contra los cárteles y los alcaldes panistas

Melissa Dell recién acaba de graduarse del doctorado en economía en MIT. Siendo la estrella de la generación se ganó el puesto de profesor asistente en tan prestigiado instituto. Su carta de presentación en el mercado académico fue un documento de investigación titulado “Redes de Tráfico y la Guerra Mexicana contra las Drogas” me pareció de lo más interesante tanto desde mi perspectiva profesional como de mexicano preocupado y ocupado. En su análisis estudia el tráfico de drogas y la violencia a nivel municipal en el periodo 2007-2009. Encuentra que la violencia se incrementa sustancialmente después de que un alcalde del Partido Acción Nacional (PAN) toma el poder, sugiriendo que “la nueva violencia refleja los intentos de las bandas rivales de tomar control sobre los territorios después de los esfuerzos realizados por los alcaldes panistas en contra de los criminales que operan en su demarcación” (traducción hecha por un servidor, así que puede no ser la más precisa).  Por el contrario, en aquellas municipales donde el PAN pierde, la violencia se reduce en los seis meses siguientes a la toma de protesta. ¿Es esto bueno o malo? Júzguelo usted.

Puede haber varias interpretaciones e hipótesis acerca de este descubrimiento empírico. Melissa menciona varios, desde que autoridades del mismo partido (PAN) pueden coordinarse mejor en la lucha contra las bandas criminales, que los alcaldes del PAN son menos corruptos o que prefieran adoptar una posición más rígida frente al crimen. Ella misma acepta que dada la información disponible no se puede encontrar una explicación por lo que cualquier hipótesis es eso, una simple sugerencia que debe ser comprobada.

A mi entender este análisis también nos lanza un mensaje que es de central importancia ahora en tiempos de elecciones: no todos los partidos son iguales, sí hay diferencia (aunque no lo crean muchos). Las diferencias pueden registrarse en ciertos temas clave, como la posición y estrategia (si es que hay alguna) contra la delincuencia organizada, la forma de concebir el ejercicio democrático, la organización misma del partido, y hasta el tipo de políticos. Al final de cuentas los partidos no son entes creados al azar sino organizaciones con principios (sí, aunque tampoco lo crea) e ideologías que afectan el reclutamiento, la operación y los objetivos a seguir. Así que seamos cuidadosos por quien votamos, no sólo para Presidente, sino para otros puestos de elección popular porque sí hacen la diferencia.

Para identificar por quién votar debemos determinar qué temas son los más y menos importantes para nosotros: la violencia en general, la estrategia contra las bandas del crimen organizado, la libertad de expresión, la libertad de elección de los individuos, la efectividad en la gestión del gobierno. No es fácil, yo sigo trabajando en ello. La realidad sugiere que en el 2000 los mexicanos votamos a favor del cambio después de años de un solo partido en la Presidencia, un partido-gobierno que tiene el mérito de haber generado cohesión en tiempos de marcadas diferencias, que dio estabilidad y crecimiento al país por décadas, pero que por varios sexenios nos patrocinó crisis recurrentes, escandalosas historias de corrupción y abuso de poder, y muestras de intolerancia. Votamos en favor de un cambio a hacia mayor tolerancia, apertura política, libertad de expresión, transparencia de la gestión del gobierno; votamos a favor de un candidato con un discurso fresco que representaba ese cambio, el cual llegó pero incompleto y medio mal hecho. En 2006 el país claramente se dividió entre un discurso de continuidad y una retórica de lucha de clases, en específico, en contra de los grupos de poder. Hoy, el segundo discurso sigue presente, aunque con tonos más amigables y un líder desgastadísimo; pero lo que queda claro es que ninguno de los candidatos aboga por la continuidad. Todos buscan el cambio, en muchas direcciones y en varios temas.

¿Los dejé más confundidos que antes sobre por quién votar? No se preocupe, estamos en las mismas. Mejor ocúpese en informarse quiénes son los candidatos a diputados de su distrito, o los que buscan la presidencia municipal, porque son y serán cada vez más importantes de acuerdo a los análisis de la guerra contra las drogas realizado por la Dra. Dell. Me temo que para definir por quién votar para la Presidencia sabremos sólo un poco más.

Nuestra estrategia de desarrollo

Convenientemente en este periodo de ánimos electorales me topé con artículo de Francis Fukuyama y Brian Levy que se llama “Estrategia de Desarrollo: Integrando Gobernanza y Crecimiento”. En este documento los autores describen cómo los politólogos, economistas, diseñadores de política e intelectuales en general no tienen una visión estratégica sobre cómo lograr el desarrollo de un país. Hacen una acertada observación cuando mencionan que muchas veces los objetivos impuestos por gobiernos o agencias internacionales parecen más bien una lista de buenos deseos que no contemplan la importancia del orden de las acciones y la secuencia de los resultados, así como lo hacen las propuestas de campañas. Realizan también una crítica a la falta de una visión integral que incluya el ámbito económico, político y social de una estrategia de desarrollo.

Una de las grandes aportaciones de este documento es que hacen una taxonomía de las distintas estrategias de desarrollo. Por un lado, existe una estrategia que busca la generación de capacidades del Estado como punta de entrada al desarrollo, modelo seguido por países con Estados tambaleantes que no pueden ofrecer bienes públicos básicos como seguridad o un estado de Derecho funcional, como Etiopía después del derrocamiento de Mengistu o varios países del Este de Asia (Vietnam o Singapur). Otra estrategia es la transformación institucional como primer paso –por ejemplo, el establecimiento de la democracia-, lo que implica un ajuste en las reglas del juego que busca generar credibilidad y legitimidad, promoviendo mayor participación ciudadana que logre el dinamismo adecuado para detonar el crecimiento. Destacan ejemplos Latinoamericanos como Brasil, Colombia y Perú. Finalmente, la tercera estrategia que identifican es a través de reformas institucionales incrementales, es decir, sin mayores ajustes sino con cambios selectivos cuidadosamente identificados (o no) que vayan generando ajustes en las conductas de ciertos grupos, una estrategia de cambio institucional “por pasos”, en la que los pasos se van definiendo en la marcha, de una forma más bien desordenada como en el caso de Kenia o Tailandia.

Fukuyama y Levy hacen una importante contribución al diseño de políticas hacia el desarrollo de los países, simplificando de una manera elegante las diversas maneras de lograrlo y enumerando ejemplos. Cuando la leí me pareció fascinante no sólo por la ideas sino por el orden mismo, parecía que estaban describiendo dos distintas estrategias que México realizó después de la Revolución Mexicana: la generación de un Estado Federal con capacidades durante la mayor parte del siglo XX, y el cambio institucional hacia la democracia, aún incompleto, que se ha convertido en una serie de ajustes institucionales desordenados con una reforma por aquí, otra por allá. Cuando analizamos los gobiernos a nivel estatal y municipal la historia es distinta, no ha habido una estrategia definida sino más bien una serie de medidas que les ha transferido responsabilidades sin la generación de las capacidades para realizarlo, cuyo desarrollo ha sido afectado por un cambio institucional hacia mayor democracia electoral, pero no mayor democracia participativa ni verdadera gobernanza, y es aquí donde la tarea pendiente es más marcada. Una vez más, un punto más a favor de preocuparnos por quién vamos a votar en elecciones estatales, municipales y distritales.

Y aún así te extraño…

No obstante las tareas pendientes, la negligencia de algunos políticos, y la cantidad de acontecimientos alegres, grises y negro azabache que nuestro país ha visto pasar en estos meses, ayer hicimos pausa en nuestro pequeño departamento de tabique rojo con Pichona, quien me alegró celebrando el día del maestro con unos ricos tacos de “pescao”, una salsa verde que prepara como la mejor fondita de su querido Coyoacán, un guacamole que preparé con aguacates importados de mi natal Michoacán, que se aprecian como el caviar más exquisito, y una XX equis. ¡Salud, maestros! Sí, compañeros, extraño México, como lo extrañará Carlos Fuentes ahora que dejó la región más transparente. Porque no obstante sus políticos, su mala educación, sus niveles de violencia, las muestras de intolerancia de algunos o la falta de entendimiento de lo que la democracia implica, es un gran país y lo mejor de todo, es nuestro.

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