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La cuadratura del círculo
Por Marco A. López Silva
Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus ... Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus opiniones son personalísimas. Sonorense y chilango, y viceversa. Hace tiempo entendió que todos tenemos ideología; que no podemos evitar usarla como filtro de la realidad, y que por lo mismo, es importante formar la ideología poniendo atención a la evidencia. Suele meterse en discusiones eternas en Twitter. Síguelo en @marcolopezsilva (Leer más)
¿Con qué se come la vivienda sustentable?
Los estudios que hemos hecho a la fecha demuestran que una mala ubicación deriva en mayores daños al medio ambiente (por mayores tiempos de traslado), deshabitación e inseguridad. Las casas mal ubicadas tienden a caer en “una espiral de la muerte”: cuando hay un número importante de viviendas deshabitadas, la zona se vuelve insegura (porque los delincuentes aprovechan los espacios); ello lleva a más deshabitación (la gente que queda decide mudarse), y así sucesivamente. Por lo tanto, es clave que las herramientas públicas disponibles sean dirigidas a viviendas bien ubicadas y no a cualquier vivienda.
Por Marco A. López Silva
4 de noviembre, 2013
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El pasado miércoles 30 de octubre, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) organizó el 1er Taller de Expertos en Edificación Sustentable, al que tuvieron la gentileza de invitarme. Me pareció un esfuerzo loable, sobre todo porque al evento invitaron the usual suspects: investigadores, académicos y representantes de la iniciativa privada; pero también participaron otras dos instituciones públicas relacionadas con el tema: la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI) y la nueva Secretaría  de Desarrollo agrario, Territorial y Urbano.

Creo que la información que intenté transmitir durante mi intervención en el evento puede resultar interesante para mis lectores que gustan del tema vivienda. Como lo comenté allá, durante 2013 y con apoyo de la Embajada Británica en México, la organización que dirijo elaboró un documento que buscó hacer converger a los actores federales que tienen que ver con la Vivienda Sustentable: CONAVI, el Instituto Nacional de Vivienda para los Trabajadores (Infonavit), la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (CONUEE) y la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA). Fue un esfuerzo colosal, que comenzó identificando a los actores relevantes, y sus esfuerzos actuales.  Uno de los hallazgos de mayor interés fueron las distintas herramientas con que contaban los actores; la siguiente gráfica los explica de manera muy sucinta.

1-CronologíaEsfuerzos

Como se puede ver en la gráfica anterior, hay muchos actores en la materia, cada uno con distintas herramientas y metodologías. De modo que uno de los grandes retos en el tema ha sido, es y seguirá siendo el de coordinar a estos actores. De hecho, uno de los grandes éxitos del proyecto fue que todas las dependencias involucradas adoptaran el sistema “Sisevive-Ecocasa” para evaluar la eficiencia energética de las viviendas, en lugar de desarrollar herramientas individuales. Y eso que el proyecto sólo incluyó a las dependencias federales; pero la Constitución Mexicana, en su artículo 115, fracción V, establece como facultades de los Municipios – en el marco de las leyes federales y estatales – desarrollar las tareas fundamentales vinculadas con la planeación urbana, la prestación de servicios públicos y el desarrollo del sector vivienda. El país tiene 2,457 municipios, de modo que el reto está cañón. Un segundo éxito fue consensar una definición de “Vivienda Sustentable”, acordando que ésta es “el espacio a través del cual los mexicanos podamos mejorar nuestra calidad de vida, generar ahorros económicos y elevar la plusvalía de nuestro territorio al tiempo que optimizamos el consumo de recursos como el agua, energía y suelo. Esta visión también incluye la creación de comunidades mejor estructuradas y organizadas, de manera que sean competitivas y responsivas a las condiciones climáticas de cada región del país”.

Dado lo que he aprendido en materia de vivienda (ver mi “trilogía de vivienda” aquí, acá, y acullá) creo que si de verdad queremos que el desarrollo de vivienda – que históricamente ha ido al frente de desarrollo urbano – se dé de forma sustentable, el Gobierno Federal tendría que seguir los siguientes ocho principios:

 

1.       Considerar los efectos integrales de la edificación, en el medio ambiente

Las herramientas de evaluación existentes a la fecha se enfocan en la vivienda como unidad. El SISEVIVE, por ejemplo, evalúa la eficiencia energética de una vivienda de acuerdo con sus materiales y técnicas de construcción, y eco-tecnologías; sin embargo, no evalúa la ubicación de un fraccionamiento y las implicaciones de ésta. Eso significa que podríamos tener viviendas muy eficientes energéticamente, con reducciones en la emisión de gases invernadero; pero si éstas están muy lejos de los centros de trabajo de sus habitantes, esas reducciones se cancelarían con los mayores traslados. También hay que evaluar las opciones de movilidad de los fraccionamientos y las eco-tecnologías al nivel de desarrollo (por ejemplo, el uso de lámparas eficientes para alumbrado público; el reciclaje de agua para áreas verdes).

2.       Es central fomentar la buena ubicación

Los estudios que hemos hecho a la fecha demuestran que una mala ubicación deriva en mayores daños al medio ambiente (por mayores tiempos de traslado); en deshabitación (ver el punto 2 de este post)e inseguridad. Las casas mal ubicadas tienden a caer en “una espiral de la muerte”: cuando hay un número importante de viviendas deshabitadas, la zona se vuelve insegura (porque los delincuentes aprovechan los espacios); ello lleva a más deshabitación (la gente que queda decide mudarse), y así sucesivamente. Por lo tanto, es clave que las herramientas públicas disponibles (por ejemplo, los subsidios de Esta es Tu Casa, de CONAVI) sean dirigidas a viviendas bien ubicadas y no a cualquier vivienda.

En este sentido, la definición de perímetros de consolidación urbana y la entrega de montos de subsidios diferenciados, por parte de CONAVI, es un gran avance.

3.       Seleccionar un sistema integrado de evaluación, con no más de 3 indicadores

Si queremos dar a los compradores y a los desarrolladores de vivienda una idea clara de qué tan sustentables son sus casas y departamentos, necesitamos poder mostrarles un número muy limitado de indicadores diseñados para ello. Conozco tres que podrían usarse de forma complementaria, o que podrían ser combinados en uno nuevo.

El Índice de Sustentabilidad de la Vivienda del Centro Mario Molina, por ejemplo, hace una serie de preguntas que permiten estimar distintas dimensiones de “los impactos ambientales, económicos y sociales asociados a la vivienda y su entorno en el sector de interés social”. Su aplicación ha permitido identificar, por ejemplo, que “la vivienda de interés social en México tiene una sustentabilidad media-baja, ubicándose en un rango de 41 a 48 puntos en una escala de 0 a 100”. De acuerdo con las estimaciones realizadas por el Centro, en Cancún las viviendas alcanzan 41 puntos; en Monterrey 48; en Tijuana y el Valle de México, 42.

Por su parte, el Sistema de Evaluación de la Vivienda Verde (SISEVIVE) evalúa tres dimensiones de eficiencia, al nivel de unidad: el Consumo Energético (cuánta energía gasta una vivienda en alimentar aparatos, así como en refrigeración y/o calefacción); la Demanda de Energía (concepto relacionado al confort térmico: uno puede tener una casa en Hermosillo sin prender el aire acondicionado – y por tanto no consumir energía – pero eso se paga estando incómodo con tanto calor) y el Consumo de Agua. Su uso permite asignar “calificaciones” y “etiquetas” a las viviendas (como si se tratara de un refrigerador, por ejemplo).

2-Sisevive

Por último, el Índice de Calidad de Vida vinculado a la Vivienda (ICVV), desarrollado para el Infonavit, permite cuantificar qué tan alta o baja sería la calidad de vida que una familia tendría en distintas viviendas. Su construcción permite, por ejemplo, decirle a una persona: en la vivienda que habitas actualmente tienes una calidad de vida de 7.5; si compras la casa que te interesa, tu calidad de vida bajaría a 7.0; ¿por qué no consideras estas otras opciones, en que lograrías al menos 8.0? Para lo anterior, se le preguntan las características de su familia y trabajo y se comparan sus necesidades con las características de las viviendas disponibles. Su uso permitiría no sólo guiar a las personas para hacer mejores compras, sino también evaluar si los programas públicos de vivienda están subiendo – o bajando – la calidad de vida de las familias mexicanas.

3-ICVV

 4.       Es necesario encontrar maneras prácticas y activas de fomentar los resultados deseados

La planeación está muy bien, pero no es suficiente. Hay que desarrollar maneras prácticas de promover que pase lo que queremos que pase. Como detallé en la última entrega de mis anteriores artículos de vivienda, es factible hacer un Banco de Inversión Urbana (o Fondo de Capital Semilla), que financie – no subsidie – buenos proyectos de desarrollo urbano. Es un esquema que ha dado muy buenos resultados en otros temas. También hay que empoderar a los municipios, permitiendo la reelección de los alcaldes, y darles mayores herramientas: capacidad de expropiación por causa de utilidad pública, por ejemplo.

5.       Alineación de objetivos

Todos los organismos públicos que tienen responsabilidad en materia de Vivienda deberían tener LITERALMENTE los mismos objetivos, indicadores y metas en este tema; y, además, estar alineados con la sustentabilidad. Los objetivos e indicadores no son triviales: si una organización pública (digamos, CONAVI) se fija como indicador de desempeño el número de subsidios otorgados, sus funcionarios van a hacer todo lo necesario para cumplirlo, en detrimento de otras consideraciones. Sería bueno que todos (CONAVI, Infonavit, FOVISSSTE, SEMARNAT, CONAGUA) tuvieran un mismo indicador (por ejemplo, número de viviendas colocadas que aumentan la calidad de vida). De otra forma, van a seguir descoordinados.

6.       Dejemos de ofrecer sólo vivienda nueva en adquisición

Ofrezcamos opciones de renta; renta con opción a compra; remodelación. Para mayor detalle, ver mis artículos anteriores.

7.       Alinear las herramientas y diseñar un esquema de responsabilidades claras y rendición de cuentas

El actual esfuerzo del Gobierno Federal, en el sentido de identificar quiénes fueron responsables de cambiar el uso de suelo de las zonas inundadas de Acapulco, me parece muy positivo. Quien haya cometido una arbitrariedad debe hacer frente a las consecuencias. Esto mismo debería hacer – tal vez la SEDATU – para todos los municipios: centralizar y publicar información relativa al uso de suelo en todo el país. Tecnológicamente es casi trivial poner en un solo plano distintas capas, correspondientes, por ejemplo, a los Planes de Desarrollo Urbano municipales, con sus usos de suelo; las autorizaciones de Impacto Ambiental; las Marítimas. Sería un esfuerzo mayúsculo recopilar la información, pero sería muy útil para todos.

8.       Combinar la planeación, que es una herramienta pasiva, con instrumentos de financiamiento, que son instrumentos activos

La planeación es pasiva en el sentido que implica diseñar documentos normativos (digamos, un plano de uso de suelo) y luego sentarse a esperar a que todos lo cumplan. Los ejercicios y documentos de planeación de ninguna manera son inútiles: sirven para demostrar que alguien se salió de lo previsto, cuando esto sucede. Vigilar su cumplimiento requiere de una labor casi policiaca de parte del municipio. Esto debe combinarse con herramientas activas, como las que discutimos en el punto cuatro.

 

En este contexto, pues, la iniciativa de coordinación y consulta de la SEMARNAT me pareció muy, muy positiva. Esperemos que la administración siga en esa línea…

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