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La cuadratura del círculo
Por Marco A. López Silva
Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus ... Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus opiniones son personalísimas. Sonorense y chilango, y viceversa. Hace tiempo entendió que todos tenemos ideología; que no podemos evitar usarla como filtro de la realidad, y que por lo mismo, es importante formar la ideología poniendo atención a la evidencia. Suele meterse en discusiones eternas en Twitter. Síguelo en @marcolopezsilva (Leer más)
Continúa el incomprensible pleito entre educación privada y pública
¿Cómo hizo el ITESM para estar pisándole los talones a la UNAM en tan solo 75 años? ¿Cómo hizo para ya casi alcanzar a una universidad que es cinco veces más vieja? ¿La rebasará en el próximo siglo?
Por Marco A. López Silva
29 de octubre, 2013
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Decíamos ayer, querido lector/lectora, que los mexicanos salimos mejor de la educación privada, que de la pública. También decíamos que necesitamos educación elemental universal y gratuita, pero no necesariamente provista por organizaciones dependientes del sector público. Continuaremos hoy con esta última idea, pero analizando el caso de la educación superior.

 

3.       LA EDUCACIÓN SUPERIOR PRIVADA ES MUY COMPETITIVA FRENTE A LA PÚBLICA… Y LA SEGUNDA VIVE EN LA NEGACIÓN

Ayer analizábamos los resultados de las pruebas ENLACE, EXCALE y PISA, que se refieren a la educación elemental (primaria, secundaria y preparatoria). Curiosamente, no tenemos evaluaciones equivalentes para la educación superior. No ha sido por falta de esfuerzos: en 1994 un grupo de universidades y asociaciones de universidades fundaron el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior, A.C. (CENEVAL). El grupo incluye a la UNAM, el IPN, el Tec de Monterrey, varias autónomas estatales, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, A.C. (ANUIES) y la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior, A.C. (FIMPES). El CENEVAL diseña y aplica diversas pruebas estandarizadas, tanto para ingresar (el EXANI) como para salir de la educación superior (los EGEL).

El caso de los Exámenes Generales de Egreso de la Licenciatura (EGEL) es particularmente interesante. La idea general es que los egresados recientes del nivel licenciatura tomen un examen estandarizado, pero diseñado de forma específica para cada licenciatura, que permita evaluar su nivel de conocimientos y habilidades académicas. Hoy hay EGELs para 40 licenciaturas (digamos, Arquitectura, Ingeniería Civil, Medicina General). El examen de cada especialidad es preparado por expertos en la materia. Sus resultados son en extremo útiles: permiten a los alumnos saber en qué están fuertes, y en qué áreas débiles; a las universidades, mejorar la formación académica de los alumnos. A los empleadores, tener elementos para juzgar sobre las diferencias en las capacidades técnicas con que salen los egresados. Y, a las familias y los futuros estudiantes, elegir mejor su universidad.

Para facilitar esto último, el CENEVAL diseñó el “Padrón de Programas de Licenciatura de Alto Rendimiento Académico–EGEL”. Las instituciones que han decidido participar en este esfuerzo hacen pasar por los EGEL a todos o a una muestra representativa de sus egresados; aquellos programas de licenciatura en que al menos el 80% de los sustentantes obtienen una calificación de desempeño satisfactorio o sobresaliente, con calificados como “Estándar 1”. Los que sólo logran lo anterior con el 60% de los sustentantes son calificados como “Estándar 2”. Esto es utilísimo, por ejemplo, para que un padre de familia se siente con su hijo o hija, a decidir cuál es la mejor universidad para estudiar X o Y carrera. Acá pueden encontrar los resultados para 2011-2012.

¿Y cuál es el problema con todo esto? Pues que las principales universidades públicas se han echado para atrás en la aplicación de los EGEL y la publicación de sus resultados. Una de las exigencias del Consejo General de Huelga dela UNAM, para levantar la paralización de la universidad en 1999-2000, fue el “Rompimiento total y definitivo de los vínculos de la UNAM con el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior A.C. (CENEVAL) y, en consecuencia, la anulación del examen único de ingreso al bachillerato de las universidades y escuelas públicas, así como del Examen Único de Egreso”.  Aparentemente, los huelguistas pensaban que la evaluación era parte del “proyecto neoliberal” del Rector Barnés. El caso es que la UNAM, que fue una de las principales promotoras de la creación del CENEVAL, decidió doblar las manos, no aplicar los EGEL y solicitó al CENEVAL “suspender sus derechos y obligaciones”. Muy bonito, ¿verdad?

Pero bueno. En este contexto, lo que sabemos es que para el periodo 2011-2012, 821 programas/campus solicitaron a CENEVAL entrar en el esfuerzo; de ellas, 381 terminaron siendo incorporadas. Los resultados indican lo siguiente: sólo el 30.3% de los programas/campus incorporados alcanzaron el Estándar 1; de éstos, 3 cuartas partes son programas/campus de instituciones privadas y una de cada dos son del Tec de Monterrey. Las principales instituciones privadas con programas/campus en Estándar 1 son el ITAM, el Tec de Monterrey, la Ibero y la UVM. Del lado público, las principales son las Autónomas de Aguascalientes, Baja California, Ciudad Juárez, San Luis Potosí, Yucatán e Hidalgo. De la UNAM, el IPN o el COLMEX, ni sus luces… simplemente no le entraron. Dada la distribución actual de la matrícula de educación superior, nos estamos perdiendo de datos correspondientes a una buena fracción de las instituciones que atienden a dos terceras partes de los universitarios mexicanos.

5-DistribuciónIES

Afortunadamente, aunque las principales instituciones públicas se hagan las que la virgen les habla, contamos con datos independientes relativas a su desempeño: los rankings internacionales. Conozco un par de rankings que se basan mayoritariamente en datos duros (es decir, que se alejan del levantamiento de información relativa, meramente, a percepción): el QS World University Rankings, publicado por Quacquarelli Symonds(originalmente en asociación con Times HigherEducation) y el Ranking de Universidades de América Economía (en conjunto con El Economista). No son los únicos, pero son los que he revisado bien. El primero califica seis variables: reputación académica, reputación entre empleadores; ratio profesores : alumnos; número de citas en papers académicos, de publicaciones de los profesores; proporción de estudiantes internacionales, y proporción de profesorado internacional. Las primeras dos las obtiene de encuestas (son “percepción”) y el resto de reportes institucionales que contienen los datos cuantitativos correspondientes. De acuerdo con este ranking, la universidad mexicana con más alta posición es la UNAM, en el sitio 163, seguida del Tec de Monterrey, en el sitio 279. Uno se tiene que ir hasta el rango del 551 a 600 para encontrarse la siguiente universidad mexicana: el IPN, seguida de la Universidad de Guadalajara y la Ibero (en el rango 601-650); el ITAM, la Autónoma del Estado de México y la Autónoma Metropolitana (651-700). El resto están por debajo del 700. A nivel Latinoamérica, la UNAM es la número 6 (rebasada por universidades de Brasil, Chile y Colombia) y el ITESM es la 7ª. Si uno compara la UNAM contra el ITESM, ve que ya se parecen mucho (ver la figura siguiente).

4-UNAMvsITESM

El otro ranking (el de América Economía) califica: calidad docente (distribución de la jornada de los profesores, y último grado académico de éstos); investigación (producción de papers y generación de patentes); infraestructura (por ejemplo, metros cuadrados de construcción de salones de clases, para el total de alumnos); la oferta de postgrados de calidad; el grado de internacionalización; y la reputación ante empleadores. Esta última variable es la única “de percepción”. ¿Cuáles son los resultados? La UNAM obtiene el primer lugar, seguida muy de cerca por el ITESM;  el Poli, la UAM, UDLAP, ITAM; Autónoma de Nuevo León, COLMEX, UdG y la Ibero.

Hay por cierto, ciertos estudios – apoyados por evidencia empírica – que señalan que la vasta mayor parte de los beneficios derivados de la educación superior son percibidos directamente por los individuos, y que las “externalidades” o beneficios sociales de dicho nivel educativo son muy pequeños. Lo anteriorinvitan a discutir si la participación del Estado en dicho nivel educativo debería limitarse a asegurar que existan opciones de financiamiento educativo barato (tal vez mediante otorgamiento de garantías), que los individuos puedan después pagar con los retornos de la educación recibida. Pero – ojo – no es una postura que yo esté dispuesto a promover.

 

Todo lo anterior invita a una serie de preguntas:

a)      ¿Por qué, si la economía mexicana es la 14va más grande del mundo, no tenemos universidades dentro del top 100 (ya no digamos el 50)? ¿Por qué nos ganan universidades brasileñas, colombianas y chilenas?

b)     ¿Cómo hizo el ITESM para estar pisándole los talones a la UNAM en tan solo 75 años? ¿Cómo hizo para ya casi alcanzar a una universidad que es cinco veces más vieja? ¿La rebasará en el próximo siglo?

c)      ¿Por qué hoy entre el 30 y el 40% de las universidades en el top 10 de México son privadas?

d)     ¿Por qué el discurso de las universidades públicas es de un constante ninguneo a las privadas? ¿Por qué las principales universidades públicas se niegan a ser evaluadas?

 

4.       LA DEDUCIBILIDAD DE LAS COLEGIATURAS NO ES EL FIN DEL MUNDO

Como recordaremos, el entonces Presidente Calderón autorizó que los gastos en colegiaturas de escuelas privadas fueran deducibles para los efectos del Impuesto Sobre la Renta. Lo que a veces no se comprende cabalmente es que el hecho de que una persona pueda deducir un gastode $100 para efectos de ISR, no significa que esa persona va a pagar $100 pesos menos de ISR; significa que va a poder considerar esos $100 pesos como un gasto que se restará a sus ingresos. Dado que la tasa máxima actual del ISR es del 30%, una deducción adicional de $100 implica una reducción en el pago de ISR de máximo $30.

Por otra parte, la administración pasada no autorizó que se dedujera cualquier monto de colegiatura: puso límites por nivel educativo, que se  pueden consultar aquí. Como se puede observar, para el ejercicio 2011 se podían deducir hasta $19,900 anuales para el caso de la secundaria. Y en este reporte oficial pueden ver cuánto le cuesta al Estado mexicano la provisión del servicio de secundaria en escuelas públicas (ver página V): $20,900. Eso significa que la administración pasada aceptó “dejar de cobrar” un máximo de $5,970 anuales (es decir, el 30% de $19,900) de ISR, para las personas que se fueron a recibir en el sector privado un servicio que la Estado le hubiera costado $20,900. ¿De verdad es tan mala idea, para el contribuyente?

Hay algunas voces que afirman que esta deducción, al fomentar el uso de la educación privada, puede debilitar a la pública, al hacer que las personas que más interesadas están en que ésta mejore (es decir, las clases medias) salgan de la educación pública hacia la privada. Algunos llevan más allá el argumento: asumiendo que lo anterior es cierto – dicen – hay que prohibir la educación privada, para que todos estemos en el mismo barco. Me parece una exageración mayúscula. En primer lugar, la misma Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos” – así que no vengan con jaladas. Pero además, si todos los alumnos que hoy reciben educación privada se movieran a la pública, esta última no tendría capacidad para recibirlos. Entonces, ¿qué estamos discutiendo?

Ojo: no estoy argumentando a favor de que el Estado mexicano asigne un presupuesto individual a cada persona y que ésta decida si usarlo en una institución privada o una pública (la idea de los “vouchers”). Lo anterior, hasta donde conozco, no ha tenido los efectos de mejora general en la educación que sus promotores argumentaban. Solamente estoy diciendo que la deducción que se autorizó en la administración del Presidente Calderón no es ni un hoyo negro para las finanzas públicas (al contrario) ni va a provocar una salida masiva de la educación pública. Entonces, paren el mame.

 

5.       LA EDUCACIÓN PRIVADA AYUDA A ASEGURAR LA HETEROGENEIDAD IDEOLÓGICA

Como decíamos anteriormente, la educación está requerida por ley a transmitir ciertos valores. Y los valores no son políticamente neutros: están ligados a ideologías políticas. De forma explícita o implícita, las universidades transmiten cierta forma de ver el mundo. No existen datos suficientes para extraer conclusiones definitivas, pero me parece que la impresión general es que los centros públicos de educación superior concentran académicos que tienden a ubicarse en el lado izquierdo de la orientación política. Y, al menos éstos, parecen opinar que las universidades privadas transmiten valores de la derecha política (ver, por ejemplo, este artículo de la Profra. Suárez Zozaya, de la UNAM, titulado “Los estudiantes como consumidores: Acercamiento a la mercantilización de la educación superior a través de las respuestas a la Encuesta Nacional de Alumnos de Educación Superior (ENAES)” – el título lo dice todo).

Mi experiencia en la educación privada concuerda, hasta cierto punto, con esta impresión. El Tec de Monterrey es una institución no muy abierta al debate (uno siempre está con la impresión de que va uno “a que le enseñen”, no a discutir) y transmite valores de corte empresarial (la importancia del emprendimiento, por ejemplo). Esta transmisión de valores no es algo negativo. Lo negativo sería que toda la oferta educativa transmitiera la misma tendencia ideológica. Si los académicos de izquierda tienen razón, entonces la educación superior privada cumple una función de balance ideológico en el país, que no me parece tan criticable.

 

MIS CONCLUSIONES

¿Tiene sentido discutir, ad-infinitum, si es mejor la educación privada o la pública? La verdad, me parece una discusión inútil. Mejor busquemos mejorar la educación, así en general. Para lo anterior, lo que yo haría, es:

a)      Seguiría adelante con la Reforma Educativa. No es perfecta, pero ciertamente es una mejora respecto de lo que tenemos. La evaluación es imprescindible para la mejora.

b)     Invertiría mucho más en mejorar la infraestructura de las escuelas públicas de los niveles básico, y medio superior. No necesariamente gastaría en computadoras: comenzaría por asegurarme de que todas tengan una línea mínima de dignidad: agua potable, drenaje, sanitarios, luz eléctrica, materiales de construcción de larga duración y un paquete mínimo de materiales y equipamiento didáctico.

c)      Terminaría de entender el grave problema de deserción a que se enfrenta la educación media superior. No mencioné este tema antes, pero cuando se les pregunta a los muchachos por qué dejan la escuela, dicen principalmente dos cosas: por necesidades económicas, o por no estar ya interesados. Lo primero se resuelve con becas, pero lo segundo puede esconder muchos temas (¿pertinencia de la educación? ¿falta de conocimiento sobre los retornos a la educación? ¿falta de vinculación laboral?)

d)     Congelaría los recursos públicos (partidas presupuestales directas; becas, etc) que reciben todas las instituciones de educación superior, en su nivel actual nominal. Formaría un nuevo programa presupuestal que se incrementaría sustancialmente año con año, y al cual podrían acceder las universidades públicas que accedieran a aplicar los EGEL, que se incorporen al “Padrón de Programas de Licenciatura de Alto Rendimiento Académico–EGEL” y que elaboren y publiquen un plan de mejora continua. Y a todas las privadas les exigiría estos dos últimos puntos, como condición para conservar su registro. De esta forma, los ciudadanos (futuros alumnos, padres de familia; contribuyentes) sabríamos qué resultados estamos pagando con nuestros impuestos, y cuál es la mejor universidad para nuestros hijos.

e)     Elaboraría un plan nacional concreto, y público, para tener al menos dos universidades públicas en el top 50 mundial en los siguientes 20 años.

f)       Dejaría ese discurso inútil de lo público versus lo privado. El medio no es lo importante; lo importante es el fin. Mejoremos la educación y dejémonos de fijaciones ideológicas; y

g)      Fomentaría el intercambio entre alumnos de instituciones de educación superior privadas y públicas. Que los alumnos del ITESM puedan tomar algunas clases en el IPN, y viceversa. Que nuestras nuevas generaciones tengan ambas experiencias. Que no crezcan con los prejuicios y las fijaciones ideológicas que, aparentemente, persisten hoy, y que toman taaaanto de nuestro valioso tiempo.

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