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La cuadratura del círculo
Por Marco A. López Silva
Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus ... Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus opiniones son personalísimas. Sonorense y chilango, y viceversa. Hace tiempo entendió que todos tenemos ideología; que no podemos evitar usarla como filtro de la realidad, y que por lo mismo, es importante formar la ideología poniendo atención a la evidencia. Suele meterse en discusiones eternas en Twitter. Síguelo en @marcolopezsilva (Leer más)
Cuatro ideas les vengo manejando…
Una aplicación para medir el funcionamiento de las redes celulares, aprovechar éstas para obtener datos de transporte, hacer sencilla la información publicada por el gobierno y transparentar datos que deben ser públicos. Cuatro ideas útiles que nos resolverían mucho la vida. ¿Quién le entra?
Por Marco A. López Silva
17 de mayo, 2013
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Como seguramente habrán notado mis lectores, me gano la vida como consultor e investigador de política pública. Una de las grandes ventajas de hacer lo que hago es que uno cambia frecuentemente de tema, dentro de aquellos que son su especialidad. Y una consecuencia de ello es que va uno detectando pequeñas cosas que podrían mejorar el funcionamiento de los grandes sistemas. Lo anterior, de hecho, es una de las principales razones por las que las empresas u organismos públicos contratan consultores: los funcionarios encargados de un tema usualmente terminan desarrollando ceguera de taller; es decir, se acostumbran tanto a un punto de vista o a cierta manera de hacer las cosas, que dejan de ver soluciones alternativas. Traer a alguien con un punto de vista fresco es usualmente útil.

En este contexto, les quiero compartir cuatro pequeñas ocurrencias – todas relacionadas con información y tecnología – que he estado rumiando últimamente, y que creo podrían mejorar la manera en que funcionan varios mercados. Espero que los funcionarios correspondientes puedan (¿y quieran?) aprovecharlas. Va, pues…

 1.       Desarrollar una app para medir el funcionamiento de las redes celulares

Como cualquier usuario podrá atestiguar, el servicio de celular (sobre todo el de datos) deja mucho que desear en nuestro país. Mi timeline de twitter, por ejemplo, ve pasar diario múltiples mentadas de madre contra Telcel, Movistar y Iusacell. Como lo reporta esta nota (un poco viejita) de Animal Político, las tres compañías antes mencionadas figuran en el top 10 de aquéllas contra las que se presentan más quejas ante la Procuraduría Federal del Consumidor.

Yo no soy experto en telecomunicaciones, pero por el contenido de las declaraciones usuales de la PROFECO y la COFETEL (ver un ejemplo acá) me da la impresión de que estos organismos únicamente “notan” (y tienen elementos para demostrar) que existen fallas en el servicio cuando los usuarios se quejan de ello. Por su parte, en los últimos años, a las compañías les ha dado por acceder, motu proprio, a indemnizar a los usuarios con cantidades en pesos o minutos, que son calculadas por ellas mismas. De hecho, como lo manifestó el Subdirector de Asuntos Regulatorios de Telcel para esta nota, las compañías consideran que las indemnizaciones son un asunto totalmente “voluntario”. La PROFECO, por su parte, tiene la facultad de iniciar una demanda de acción colectiva; sin embargo, para sustentarla necesita pruebas. De modo que estamos donde mismo.

Si mi interpretación de estos hechos públicos es correcta, en ausencia de quejas o denuncias la PROFECO y la COFETEL no cuentan con elementos para demostrar la ocurrencia de fallas reiteradas y graves del servicio, y por tanto para exigir a las compañías celulares indemnizaciones a favor de los usuarios, o bien para imponer multas por la inadecuada prestación de un servicio en que se utiliza propiedad pública.

Ante este estado de cosas, ¿qué tal si la COFETEL o la PROFECO desarrollaran una app que los usuarios pudiéramos instalar voluntariamente en nuestros equipos; que midiera la disponibilidad y velocidad (de subida y bajada) de datos a lo largo del día, y que le enviara dicha información a la COFETEL? Adicionalmente, si nuestro celular tuviera GPS, la Comisión recibiría las coordenadas geográficas del lugar donde estaba nuestro celular en cada momento de medición. Si la COFETEL combinara y procesara los datos de múltiples usuarios (que podrían permanecer anónimos) estas dependencias contarían con datos fehacientes sobre la calidad del servicio, y en caso de ocurrir fallas graves, tendría los pelos de la burra en la mano para exigir una compensación o imponer las multas que fuera aplicables. Incluso podría identificar las zonas de cada ciudad en que se presentan fallas reiteradas, y con ello auxiliar a las compañías a detectar áreas de oportunidad. Si es que no lo saben ya, claro…

 2.       Aprovechar las redes celulares para obtener datos de transporte

Si uno quiere planear adecuadamente las redes de transporte que necesita una ciudad, primero necesita saber de dónde a dónde requieren moverse las personas, y qué rutas (y medios de transporte) usan éstas para moverse de un lado al otro. Esta necesidad de información se resuelve, normalmente, mediante encuestas que se denominan “de origen – destino”. Un ejemplo es ésta, realizada en 2007 para la Zona Metropolitana del Valle de México. Acá pueden encontrar el cuestionario que se utilizó para una encuesta similar realizada en Monterrey.

Estas encuestas toman tiempo, y son bastante caras. En el primer caso arriba citado, la medición costó la friolera de 53.5 millones de pesos, provenientes del Fondo Metropolitano. Y digo yo: dado que las compañías celulares aprovechan el espectro electromagnético, que es un bien público, ¿no se les podría pedir que hicieran un reporte (o entregaran los datos) relativo a los trayectos que toman los equipos conectados a su red – y que, se asume, corresponden a una persona moviéndose de un lado a otro?

Es cierto que no todas las personas tenemos celular, pero ya somos la vasta mayoría. En el peor de los casos, se podría hacer una encuesta simultánea, pero enfocada en personas que no tienen celular, para completar la muestra requerida. También es cierto que si un teléfono no tiene GPS, lo más que la compañía celular puede saber es la torre en cuya área de servicio se encuentra un teléfono. Y por último, con estos datos no se podría saber qué rutas o qué medios de transporte usa la gente. Pero es mejor tener algo aproximado y bastante barato, que no tener nada y tener que hacer algo muy caro.

Una alternativa sería hacer algo similar a la idea anterior: hacer una app de instalación voluntaria que, durante el periodo necesario para el estudio (digamos, una semana) registrara las coordenadas de GPS que tu teléfono tuviera a lo largo del día, y te hiciera preguntas para el resto de los datos necesarios (por ejemplo, el motivo de tu viaje, o el tipo de transporte utilizado). A su vez, el beneficiario de la información (por ejemplo, el GDF) te daría un incentivo por tu participación: ¿qué tal 50 pesos de descuento en multas, predial o agua? U otro incentivo, posiblemente no económico. Seguramente nos podemos imaginar muchas cosas.

3.       Hacer sencilla la información publicada por el gobierno

La Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental  (LFTAIPG – qué buen acrónimo…) y su Reglamento contienen una lista de la información que las dependencias del gobierno federal deben publicar en sus páginas de internet; por ejemplo: su organigrama, el directorio de funcionarios públicos, las remuneraciones de éstos, los servicios que ofrecen, y diversos datos relativos a los programas de subsidio que, en su caso, operen (por ejemplo: sus criterios de acceso y sus padrones de beneficiarios). La lista completa la pueden encontrar en el artículo 7 de la Ley. Ese mismo artículo dice que la información obligatoria “deberá publicarse de tal forma que facilite su uso y comprensión por las personas, y que permita asegurar su calidad, veracidad, oportunidad y confiabilidad”. Para procurar que la información fuera publicada con homogeneidad suficiente, en 2006 el IFAI emitió Lineamientos al respecto y montó un website llamado Portal de Obligaciones de Transparencia (POT). En este último uno debería poder encontrar toda la información de todas las dependencias, con independencia de que ésta pudiera replicarse en las páginas de internet de los organismos.

¿Y qué pasa en la vida real? Pues que, a pesar de todas estas previsiones, batalla uno mucho para encontrarla.

En efecto: si uno se dedica a esto de las políticas públicas, y requiere de forma continua recabar información sobre programas, el POT es muy buen punto de partida. Esto es porque, en teoría, ahí uno encuentra tooooda la información de toooodas las dependencias. Pero hace unos días, por ejemplo, quise buscar las Reglas de Operación más recientes del Programa de Empleo Temporal, operado por la SEDESOL – y me encontré con que el POT contiene un link a la página de SEDESOL. Hice click en el link, y me encontré esto:

Blog López Silva 17may13

Entonces, me fui a la página de SEDESOL. De entrada, me encontré con que la organización de la página no es la misma que a principios de año, que a su vez no era la misma que hace seis meses, que tampoco era la misma que hace 3 años. Después de inspeccionar la nueva página y dar un par de clicks (primero en “Programas Sociales”, luego en “Empleo Temporal (PET)” y finalmente en “Reglas de Operación del Programa Empleo Temporal, para el ejercicio fiscal 2013”) respiré satisfecho, mientras mis Reglas se cargaban. Pero ¡oh, sorpresa! El link correspondiente tampoco jaló. Gruñidos y más gruñidos.

Parte del problema consiste en que el IFAI permite que, en el POT, las dependencias coloquen links a la página propia, en lugar de estar obligadas a colgar la información en ambas fuentes. Pero el problema de fondo es, me parece, que los funcionarios (los de las Secretarías y los del IFAI) organizan sus páginas de Internet sin preguntarle nunca al ciudadano cuál es la forma más intuitiva de encontrar la información que éste normalmente busca. En efecto: lo usual es que le encarguen el diseño de su página institucional a su área de Comunicación Social, que al estar tan acostumbrada a la información y las maneras de operar de la dependencia, no piensa en cuál es el “caminito” más intuitivo para alguien que no trabaja con ellos  (¿primero “Programas Sociales” y después “Normas” y después “Reglas de Operación”? ¿O primero “Programas Sociales” y después “Reglas de Operación”? ¿O una lista de programas sociales desde el “homepage”?).

Mi sugerencia concreta sería que el IFAI (y/o la Secretaría de Hacienda, y/o la de la Función Pública) determinara “perfiles” de dependencias en función de las características de éstas (digamos, una Secretaría que opera programas de subsidio; otra que es sólo normativa; un Fideicomiso, etc). Esto es necesario porque un Fideicomiso, por ejemplo, no necesariamente tiene todas las categorías de información que una Secretaría que opera varios programas. Posteriormente, para cada perfil prepararía dos o tres layouts. Finalmente, propongo que hiciera grupos de enfoque (o encuestas, o usuarios simulados) para ver cuál layout es el mejor para cada perfil, en opinión del usuario de la información. Y después, claro, que obligara a las dependencias a respetar el layout seleccionado.

Sin embargo, lo anterior no resuelve completamente el problema. Un issue adicional es que, ya sea en Internet o en papel, cada dependencia decide la forma en la que expresa la información de un programa específico, aún para programas de un mismo tipo (por ejemplo, los programas de subsidio “S” o los “U”). Una dependencia puede decidir que sólo quiere hablar de “objetivos” y luego mencionar cuáles son los “apoyos” que otorga un programa; otra puede definir que publicará el procedimiento para acceder a los apoyos, sin ningún tipo de información adicional. Ese problema me lo he topado mucho en las evaluaciones que he hecho, y siempre es un dolor de cabeza enorme. Ante esta situación, hace unos años decidí preparar un formato estandarizado (lo nombré “Ficha Técnica” que al parecer se adapta bien a cualquier programa de subsidios). Cada vez que tengo que analizar o evaluar un programa, pongo a mi gente a llenar el formatito, que incluye por ejemplo, los objetivos; la población objetivo; los tipos y montos de apoyo; una breve historia; los criterios y requisitos de elegibilidad, etc. Pueden encontrar ejemplos de estas Fichas Técnicas en este documento. Además, obligo a analistas a que llenen la Ficha con lenguaje claro y sencillo, que permita a una persona promedio entender de qué se trata el programa, cómo opera, etc. Nada de términos técnicos (“pobreza alimentaria”) o burocráticos (“instrumento programático”).

¿Sería muy complicado que la Secretaría de Hacienda (y/o el CONEVAL, y/o la Función Pública) emitiera Lineamientos obligando a las dependencias a llenar y publicar la información de los programas en formatos estandarizados?

4.       Open Data Government

Más allá de lo expresado en el punto anterior, hay que recordar que, durante su operación normal y cotidiana, los gobiernos generan gran cantidad de datos. En manos de analistas expertos, estos datos pueden resultar en información de inmensa utilidad pública. Les doy un ejemplo: algunos organismos públicos piden a sus proveedores que llenen un registro que incluye los nombres de sus accionistas para poder presentarse a sus licitaciones (o invitaciones, o adjudicaciones directas).

Ahora vamos a suponer que ese organismo publica la información (que de origen es pública: si uno va al Registro Público del Comercio puede saber quiénes son los accionistas de una empresa) en un formato de base de datos estándar (digamos, Excel, o Stata, o lo que se les ocurra, el chiste es que sea manejable). Bueno, pues resulta que, mediante la producción de un algoritmo relativamente sencillo, un programador podría detectar casos de compañías relacionadas entre sí que – contra el espíritu de la ley – se presentan a cotizar juntas para obtener beneficios ilegales de ése o de otro organismo público. Estoy seguro que muchas Organizaciones de la Sociedad Civil estarían encantadas de hacer ese trabajo gratis, y así ayudarle a la Secretaría de la Función Pública (o quien la sustituya, de acuerdo a los planes del Presidente Peña Nieto) a cumplir con sus objetivos.

Cabe reconocer que en el caso del gobierno federal ya hay algunos esfuerzos por mostrar de forma amigable datos que están en su poder; por ejemplo ésta. Sin embargo, aún falta mucho por hacer: comparen la información que se puede encontrar en el website antes referido, con la que se puede bajar de acá.

 

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