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La cuadratura del círculo
Por Marco A. López Silva
Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus ... Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus opiniones son personalísimas. Sonorense y chilango, y viceversa. Hace tiempo entendió que todos tenemos ideología; que no podemos evitar usarla como filtro de la realidad, y que por lo mismo, es importante formar la ideología poniendo atención a la evidencia. Suele meterse en discusiones eternas en Twitter. Síguelo en @marcolopezsilva (Leer más)
El dogma de la pobreza creciente
Por Marco A. López Silva
29 de septiembre, 2011
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El tema de la pobreza es uno de los más importantes para nuestro país. Desgraciadamente, parece no haber un consenso – sobre todo entre las fuerzas políticas mexicanas – sobre la naturaleza, la dimensión ni la evolución histórica del problema. Es difícil pensar que habrá acuerdo sobre las estrategias necesarias para resolver el problema, si no hay un acuerdo mínimo sobre las características del mismo.

El 29 de julio de este año, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL, ver datos aquí y acá) anunció que, dependiendo de la metodología que se use, en 2010 había 52 millones de mexicanos en pobreza multidimensional (46.2% de la población), o 57.7 millones en pobreza patrimonial (51.3% de la población). Pero no todos los académicos parecen estar de acuerdo. Por ejemplo, a principios de agosto, David Lozano (de la UNAM) declaró que en México en realidad hay 87 millones de pobres, lo que equivale a decir que el 77.7% de los mexicanos están en situación de pobreza. El 5 de agosto, y de manera bastante previsible, Julio Boltvinik descalificó la metodología del CONEVAL, argumentando que “reduce milagrosamente la población en pobreza”.

Los políticos, por supuesto, abonan a la confusión. Para muestra, bastan y sobran los comentarios de varios diputados federales en la sesión del 22 de septiembre de 2009, durante la comparecencia del entonces Secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero: en una misma sesión, los diputados soltaron diversas cifras – muy divergentes – sobre el tema. Gerardo Fernández Noroña (del PT) dijo que en esa fecha había 60 millones de pobres, 40 en pobreza extrema y 19.5 en pobreza alimentaria (con lo que rebasó el número total de mexicanos); Vladimir Ramos Cárdenas (del PAN) afirmó que había 50 millones en pobreza y 20 más que no alcanzaban a comprar una canasta alimentaria (sumando erróneamente); por su parte, Laura Itzel Castillo mencionó diversas cifras confusas; cuando el entonces Secretario Cordero le corrigió la plana, ella respondió que “partir de la política neoliberal se hace todo un maquillaje con relación a la catalogación de la pobreza, para maquillar las cifras”.

¿Quién tiene la razón en todo este enredo? Veamos.

Lo primero sería definir a qué nos referimos cuando decimos pobreza. De acuerdo al Diccionario de la Lengua Española, “pobre” es la persona “que no tiene lo necesario para vivir”. En línea con esta idea, la mayor parte de las organizaciones que se dedican a medir la pobreza (ver, por ejemplo, el último reporte de la CEPAL) usan una metodología de ingreso. En este tipo de esquema metodológico, se define una línea de bienestar o de ingreso mínimo, equivalente al costo de una canasta de satisfactores mínimos necesarios para una persona; posteriormente, se identifica el ingreso de un hogar (en encuestas de ingreso-gasto) y se calcula el ingreso promedio per cápita; si el ingreso así calculado está por debajo de la línea de bienestar, se considera que el hogar es pobre. Finalmente, se calcula cuántos hogares están en situación de pobreza, y se divide entre el número de hogares para calcular la incidencia.

Un ejemplo concreto de lo anterior es la “metodología tradicional” aplicada por el CONEVAL desde su creación, y para la cual se cuenta con series históricas oficiales con datos desde 1992. El CONEVAL, por cierto, es un organismo público creado por la Ley General de Desarrollo Social (promulgada en 2002) que tiene dos funciones: a) normar y coordinar la evaluación de la Política Nacional de Desarrollo Social y las políticas, programas y acciones que ejecuten las dependencias públicas; y b) establecer los lineamientos y criterios para la definición, identificación y medición de la pobreza, garantizando la transparencia, objetividad y rigor técnico en dicha actividad. Está dirigido por un Comité Directivo integrado por seis investigadores académicos seleccionados por convocatoria pública (y que, actualmente, son miembros de la UAM, CIDE, COLMEX, CIESAS y la Universidad Iberoamericana). Pues bien: el CONEVAL, en su “metodología tradicional”, definió tres líneas de pobreza: la alimentaria (equivalente al valor de una canasta alimentaria), la de capacidades (insuficiencia del ingreso para adquirir la canasta alimentaria, más gastos necesarios en salud y educación), y la patrimonial (que se refiere a una insuficiencia para cubrir lo anterior, más gastos de vestido, calzado, vivienda y transporte). Como se puede observar en su definición, las líneas van subiendo en ese orden y por tanto son incluyentes (o están “traslapadas”), es decir, quien está en pobreza alimentaria está en pobreza de capacidades y en pobreza patrimonial; quien está en la segunda condición también está en la tercera.

 

Bajo esta metodología, en 2010 el 51.3% de los mexicanos (27.7 millones de personas) estaba en pobreza (me refiero a la patrimonial, dado que es la línea más alta). Como debe resultar obvio, el error de los diputados Fernández Noroña y Ramos Cárdenas fue sumar líneas y cifras que se incluyen una a la otra.

Las siguientes dos gráficas muestran la evolución de la pobreza entre 1992 y 2010, como porcentaje de la población y en número de personas. Es importante ver ambas, ya que la población de México no es estática: en 1990 éramos 81.2 millones de mexicanos, y en 2010 ya éramos 112.3 millones. Llaman la atención varios puntos:
•    La crisis de 1994-1996 aumentó la pobreza total en 16.6 puntos porcentuales, es decir, 17 millones de personas. La más reciente (2008-2010) hizo lo propio en 8.6 puntos, o 12.2 millones de mexicanos. Esto es interesante, dado que las crisis fueron de una magnitud similar: en el 5to trimestre de 1995 el PIB cayó 8.14% anual, mientras que en el 1er trimestre de 2009 la caída fue de 8.64%.
•    Se observó una fuerte disminución de la pobreza entre 1996 y 2006: el número de mexicanos pobres se redujo en 18.5 millones.

 

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Además de lo anterior, es importante ver el otro lado de la moneda: el número de personas no pobres. Esta cifra es comúnmente ignorada por la comentocracia, a pesar de que es sumamente relevante. La siguiente gráfica muestra que:

•    El número de personas no pobres en México se duplicó entre 1996 y 2005. Después de la crisis más reciente (2010) el número de personas no pobres era de 54.7 millones, es decir, 26.5 millones más que el dato observado después de la crisis del “Tequila” (1996).
•    En la década existente entre ambas crisis (1996-2006), el número de mexicanos no pobres aumentó en 32 millones de personas.
•    Aún teniendo en cuenta ambas crisis (es decir, comparando el período 1992-2010 completo) el número de no pobres aumentó fuertemente en el país, pasando de 39.6 millones a 54.7. Dicho de otra forma, a pesar de la crisis, en 2010 hubo 15.1 millones de mexicanos más fuera de la pobreza que en 1992.

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Además de la “metodología tradicional”, el CONEVAL está usando un nuevo esquema conocido como “medición multidimensional de la pobreza”. Esta nueva metodología fue desarrollada para cumplir con el mandato de la Ley General de Desarrollo Social, que en su artículo 36 mandata al CONEVAL a que en la medición de la pobreza tome en cuenta al menos ocho factores: Ingreso corriente per cápita, Rezago educativo promedio en el hogar, Acceso a los servicios de salud, Acceso a la seguridad social, Calidad y espacios de la vivienda, Acceso a los servicios básicos en la vivienda, Acceso a la alimentación, y Grado de cohesión social. Se basa en analizar dos dimensiones: el ingreso y las carencias sociales (que se refieren al resto de los conceptos mencionados en la Ley). En la dimensión de ingreso se definieron dos líneas, la de bienestar y la de bienestar mínimo (correspondiente al valor de una canasta alimentaria). Se considera “pobre multidimensional extremo” a quien tiene un ingreso menor que la línea de bienestar mínimo y presenta tres carencias o más; es “pobre multidimensional moderado” quien tiene un ingreso menor que la línea de bienestar pero mayor que la línea de bienestar mínimo, y presenta una o más carencias sociales.

Bajo esta metodología, en 2010 había 52 millones de pobres multidimensionales (46.2% de la población), que son la suma de los “pobres extremos” y los “pobres moderados”. Nótese que en esta nueva metodología, las definiciones no se “traslapan”: los pobres extremos no son moderados, ni viceversa. Bajo esta lógica, el número de pobres creció en 3.2 millones entre 2008 y 2010 (1.7 puntos porcentuales). El aumento es menor que bajo la anterior metodología, porque entre 2006 y 2010 bajó mucho el número de personas que presentan carencias sociales; ello se debe principalmente al aumento en la provisión de servicios públicos y el aumento en la cobertura de salud derivado de la expansión del Seguro Popular.

 

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Lo anterior son los datos oficiales, publicados por el CONEVAL. El Consejo toma en cuenta los años 1992 hacia adelante, porque a partir de ese año las características de la encuesta bianual utilizada para la medición (Encuesta Nacional de Ingreso – Gasto de los Hogares, ENIGH) son muy similares. Sin embargo, existen en el país encuestas anteriores que permiten – mediante diversos ajustes y aproximaciones -hacer evaluaciones hasta 1950. En su paper “Pobreza y Desigualdad en México entre 1950 y el 2004” Miguel Székely – entonces Subsecretario de Planeación de la SEDESOL y hoy académico del ITESM – expande la serie histórica, cuyos datos resultan en las siguientes gráficas, que a mi parecer son en extremo interesantes. De nuevo, es necesario tener en consideración tanto la incidencia (porcentajes) como los números absolutos, ya que la población se cuadriplicó entre 1950 (25.8 millones de personas) y 2010 (112.2 millones):

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La última gráfica no debería dejar lugar a dudas:

•    Desde los 50s del siglo pasado, el número de mexicanos no pobres aumentó muy fuertemente, multiplicándose por 18. En 1950 había 3 millones de personas no pobres, mientras que en 2010 hubo 54.7 millones.
•    La década comprendida entre 1996 y 2006 ha sido el único período en la historia nacional en que el número de personas no pobres subió al mismo tiempo que bajó el número de pobres.
•    Por primera vez desde que se tiene registro, en 2002 el número de no pobres superó al de pobres.

¿Tenía entonces razón la Directora del Instituto Politécnico Nacional cuando – como reportan los periódicos – dijo que en materia de pobreza “México está igual o peor que en los años 30”? ¿Por qué los políticos – sobre todo los de la actual oposición – insisten en vendernos la idea de que el país no ha progresado en los últimos 20 años? No estoy seguro, pero al menos en el segundo caso me viene a la mente la frase atribuida a Upton Sinclair: “Es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda”. Los políticos han encontrado rentabilidad en vendernos una imagen del país en que las cosas están tan mal, que necesitamos con urgencia un caudillo que nos rescate.

Con lo anterior no quiero decir que no haya cosas que mejorar en las estrategias económica y de desarrollo social del país – nada más lejos de la realidad y de mi opinión. En otra entrada hablaré sobre lo que pienso que hace falta en la materia. Pero decir que falta mucho no está peleado con reconocer que se ha avanzado.

Dice un académico, que escribe en este mismo medio y a quien respeto mucho, que habemos analistas que usualmente vemos el vaso medio lleno, y otros que lo vemos medio vacío. Tal vez tenga razón. En lo personal, me inclino por pensar que es necesario voltear hacia atrás para apreciar mejor lo que falta hacia enfrente. Para no distraerse en discusiones estériles; para no caer en el dogma.

 

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