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La cuadratura del círculo
Por Marco A. López Silva
Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus ... Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus opiniones son personalísimas. Sonorense y chilango, y viceversa. Hace tiempo entendió que todos tenemos ideología; que no podemos evitar usarla como filtro de la realidad, y que por lo mismo, es importante formar la ideología poniendo atención a la evidencia. Suele meterse en discusiones eternas en Twitter. Síguelo en @marcolopezsilva (Leer más)
El villamelón contraataca
Va de nuevo. Quienes estamos a favor del derecho a decidir no estamos “a favor del aborto”. Estamos a favor de que niñas y mujeres puedan decidir.
Por Marco A. López Silva
11 de julio, 2013
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En este artículo de hace unos meses, compartí la anécdota personal que formó mi posición acerca del aborto. Como lo platicaba entonces, creo que la decisión sobre el desarrollo de un embarazo es personal; las posiciones ideológicas o religiosas de los demás no deben tener espacio alguno en esa decisión personalísima. El aborto debe ser legal y seguro para todos (y no sólo para quienes tenemos recursos para viajar a un lugar donde la interrupción del embarazo está permitida, si nos sentimos obligados a emplear esa vía).

Desafortunadamente, el tema parece estar destinado al debate eterno. Los chilangos vivimos en una ciudad de avanzada, donde la interrupción del embarazo es legal desde hace unos años. Sin embargo, la batalla que se dio para lograrlo no es una victoria asegurada: siempre hay  voces que empujan a que el resultado sea revertido. Ayer, por ejemplo, noté que una persona que sigo en Twitter y que en ocasiones da lugar a discusiones interesantes (Mario Martínez Fisher, @MarioMtzFisher) retuiteó un link a este artículo de un investigador chileno. Leí el artículo porque otras personas comenzaron a retuitearlo rápidamente, y porque su título (“Aborto en casos de violación: perpetuando un ciclo de violencia”) prometía un debate serio. A la mitad del artículo me quedó claro que la argumentación se quedaba muy corta, y que era buen ejemplo de los razonamientos, generalmente incompletos y divagantes, de quien intenta usar datos científicos sueltos para sustentar una posición esencialmente ideológica.

Como podrán ustedes observar de la lectura del artículo, su autor (Elard Koch, @ElardKoch) básicamente argumenta que el aborto tiene costos muy importantes para la “abortante”; que estos costos son especialmente altos en el caso de abortos coercidos; que la interrupción del embarazo no tiene beneficios, y que, por tanto, debe ser evitado – sobre todo, en casos de violación. Voy a desmenuzar esta cadena argumentativa, para explicar por qué creo que es incompleta. Los argumentos del Sr. Koch son los siguientes:

Al discutir la despenalización del aborto es necesario tomar en cuenta la evidencia científica en la materia

En principio, estoy de acuerdo con este argumento: los debates de política pública deberían tener en consideración la información que las disciplinas científicas puedan aportar al respecto. Sin embargo, la ciencia no es normativa, sólo descriptiva; es decir, nos puede decir qué son las cosas y cómo pasan, pero no nos puede decir qué hacer con nuestras vidas. Los datos científicos disponibles acerca del desarrollo de la vida humana y del aborto pueden y deben informar nuestra decisión, pero no determinarla. La discusión sobre el aborto es esencialmente ética, no biomédica.

Desafortunadamente, en este tema es común que tanto la gente “pro-life” (los que se oponen a la despenalización del aborto) como la “pro-choice” (los que la apoyan) pretendan acudir a la ciencia en busca de la bala de plata que nos dé la respuesta que terminará, de una vez por todas, con la discusión. Algunos de los mal llamados “abortistas” esperan que la ciencia pueda decir que la vida humana comienza lo suficientemente tarde en la evolución del embarazo como para que su interrupción en etapas tempranas no presente problemas éticos o logísticos. Por el contrario, los “cigoteístas” (gracias por el término, @PepeMerino) tienen la esperanza de que la ciencia determine que la vida humana comienza desde la fecundación, y que, en consecuencia, no pueda considerarse aceptable interrumpir un embarazo en ninguna de sus etapas.

Lo que las partes suelen no tener en cuenta es que la definición misma de “vida” no es tan sencilla como parece. La entrada en inglés de Wikipedia al respecto aborda el asunto de forma accesible. Una de las definiciones de mayor uso actual para el concepto de vida es “la característica que distingue objetos que poseen procesos auto-sustentables y de signaling, de aquellos que no” (Si su reacción ante tal definición, querido lector, fue “Whaaaaat?”, no se preocupe… es lo más común y trataré de desmenuzarla). Los procesos a los que se refiere la definición anterior incluyen la homeostasis (es decir, la capacidad de un organismo para mantener un estado, como la temperatura del cuerpo); la organización interna, el metabolismo; el crecimiento, la adaptación, la respuesta a estímulos y la reproducción.

No sé si a usted le resulte intuitiva la definición anterior (los científicos han batallado mucho para desarrollarla), pero hay algunos elementos que observamos en la naturaleza que nos parecen “vivos” y que no cumplen con la misma. Los virus, por ejemplo, tienen genes, evolucionan y se reproducen; sin embargo, no metabolizan y no pueden sobrevivir sin un organismo huésped. Por lo tanto, usualmente se les considera un organismo limítrofe con la vida y no un organismo vivo propiamente dicho. Como se puede observar, definir la vida no es trivial; no se trata de un concepto fácil.

Regresemos entonces al tema del aborto. Un espermatozoide, o un óvulo ¿están vivos? ¿Qué tal un óvulo fecundado? Ninguno de ellos puede sobrevivir por sí solo (tampoco un feto, sino hasta etapas muy tardías del embarazo). Dado lo anterior, en favor del derecho a decidir se ha avanzado el argumento de que no es éticamente problemático el interrumpir un embarazo antes de que el feto pueda sentir dolor (y, presumiblemente, tener conciencia). El argumento tiene su mérito; sin embargo, es preciso notar que utiliza una “variable proxy” (es decir, una variable que se usa en representación o sustitución de otra variable que no puede medirse). La definición del “momento en que comienza la vida” requiere de la definición previa de “vida” y esa es una decisión humana, no un hecho natural inamovible. Todo lo anterior debería llevarnos a una conclusión lógica: en materia de aborto – y si restringimos la discusión al análisis de “cuándo comienza la vida” – nunca recibiremos una respuesta inequívoca de la ciencia. Se trata, de nuevo, de un tema ético – informado por la ciencia, sí, pero no un tema científico.

 

Está demostrado que el aborto tiene efectos sicológico/médicos negativos en la mujer que lo ejerce; no hay un solo estudio que haya demostrado que el aborto tenga beneficios, por lo tanto, no es solución

Este segundo argumento son en realidad tres, pero no tienen mucho sentido si no se les analiza juntos.

Veamos. La primera parte (los efectos negativos del aborto) no deberían estar a discusión; como lo señala el Sr. Koch, existen diversos estudios que señalan que una parte importante de las mujeres que deciden abortar experimentan sentimientos de culpa al respecto, depresión importante, mayor propensión al suicidio. Además del link anterior, el Sr. Koch aporta vínculos a varios otros estudios al respecto. Pero ¿de verdad debería sorprenderle a alguien la conclusión de estos estudios? Como lo platicaba en mi primer artículo sobre el tema, me consta la angustia a la que una persona se enfrenta cuando se ve obligada a considerar la posibilidad de un aborto; aún habiendo experimentado lo anterior, apenas puedo imaginarme lo terrible que se debe sentir tener que llevarlo a cabo. Sinceramente, no creo que ninguna mujer tome esa decisión a la ligera, y menos que la tome sin experimentar angustia, culpa o depresión. Me parece que sería ignorante tratar de argumentar lo contrario.

La segunda fracción del argumento (la supuesta inexistencia de “beneficios” del aborto) me parece una contorsión conceptual o, al menos, semántica. Es diferente hablar de “beneficios” que de “costos evitados”. Al considerarse un aborto, la persona que analiza la situación no busca un beneficio, está intentando elegir el menor de dos males: tener un hijo que no desea y limitar su potencial de desarrollo, o tener un aborto y enfrentar costos emocionales (y posiblemente médicos) importantes. Entonces, no entiendo: ¿cómo puede alguien pretender que el aborto puede tener “beneficios” que deberían tratar de ser cuantificados, medidos, estimados?

La última parte del argumento – que pretende cerrar la pinza de los dos sub-argumentos anteriores – es una joya: como hay costos y no beneficios, no debería permitirse el aborto. Perdón, pero no veo ningún elemento que permita suponer que, en una situación cualquiera, sea deseable impedir la decisión de una persona a tomar costos netos. Si una persona quiere fumar hasta tener enfisema, por mí que se ponga los pulmones negros. Si quiere engordar hasta morir de diabetes, fine by me. Todos los datos provistos por las dos decenas de estudios que menciona el Sr. Koch en su artículo son, en este sentido, irrelevantes. El argumento funcionaría diferente si se introdujera un elemento adicional: la afectación a terceros. Muchas sociedades en el mundo (incluida la chilanga) han decidido restringir la libertad de las personas a hacerse daño, cuando hay afectaciones inevitables a terceros; por eso prohibimos fumar en lugares públicos (el humo de segunda mano afecta a las demás personas). Por eso, también, es que es posible hacer un buen argumento a favor de imponer impuestos especiales a alimentos y bebidas que engordan: en un sistema en que los riesgos y los costos de la salud son compartidos, las malas decisiones de alimentación de unos nos terminan costando a todos. Pero el autor no introduce nunca este elemento adicional. Sospecho, por supuesto, que tiene en mente el bienestar del feto – pero nunca lo dice. Y sospecho que no lo dice porque lo remitiría al problema anterior: ¿está acaso vivo, o consciente, el feto?

 

El aborto coercido es cada vez más frecuente

Dado el contexto en que el Sr. Koch redactó su artículo (en Chile se está debatiendo la deseabilidad de despenalizar el aborto, justo cuando una niña de 11 años está siendo obligada a llevar a término un embarazo por violación de su padrastro) entiendo que el autor presenta este argumento queriendo introducir al debate la posible facilidad de coercer a una niña a que aborte (cuando no quiere hacerlo). Pero éste es un argumento que no me parece  polémico: la gente que está opuesta al aborto estará también opuesta al aborto coercido; la gente pro-choice defiende la libertad de elección, y naturalmente estará también opuesta a la posibilidad de que a alguien se le obligue a abortar. ¿Entonces, para qué traer al caso el tema de la coerción? En todo caso, creo que sería más interesante debatir el derecho de cualquier mujer o niña a tener información completa antes de decidir interrumpir o seguir con un embarazo.

Creo que lo que sucede, en realidad, es que el Sr. Koch confunde la gimnasia con la magnesia: quienes estamos a favor del derecho a decidir no estamos “a favor del aborto”. A favor del aborto no creo que haya nadie. Y nadie en su sano juicio pretendería sujetar a un aborto a toda niña embarazada, con independencia de la opinión de ésta. De lo que se trata es que las niñas y las mujeres puedan decidir.

 

Es lamentable que se instrumentalicen políticamente casos de niñas abusadas para discutir si legislar o no el aborto

No sé si tomar en serio este último argumento. Tal vez, como es hombre, el Sr. Koch piensa que el aborto es algo conceptual o etéreo. Pero no lo es: se trata de una decisión y una intervención médica que toman mujeres y niñas concretas, en “casos” concretos, con vidas específicas y condiciones que sólo ellas entienden. Cuando se habla de penalizar el aborto, se está dejando sin poder de decisión a niñas y mujeres con nombre y apellido. Y, por tanto, al discutir el tema, es de elemental justicia tratar de entender los casos concretos.

 

Ya para terminar, les comento que uno de los tuits que llamó mi atención hacia el artículo del Sr. Koch refería que éste contenía una argumentación no religiosa (digamos, laica) al respecto. Si esa era la intención del autor, me parece un intento fallido. No digo que no sea posible construir un argumento laico en contra de la libertad de decidir; al contrario, creo que sí es factible hacerlo. Un argumento laico y medianamente exitoso podría, por ejemplo, descansar en un principio de “precaución ante la incertidumbre”: si no tenemos – ni tendremos nunca – elementos para decidir cuándo comienza una vida humana, deberíamos errar hacia el lado de la seguridad. Pero como yo estoy a favor de la libertad de decisión, dejo a otros el desarrollar el argumento. Tampoco se trata de hacerles la vida fácil a los señores – porque por lo general se trata de hombres – villamelones.

 

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