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La cuadratura del círculo
Por Marco A. López Silva
Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus ... Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus opiniones son personalísimas. Sonorense y chilango, y viceversa. Hace tiempo entendió que todos tenemos ideología; que no podemos evitar usarla como filtro de la realidad, y que por lo mismo, es importante formar la ideología poniendo atención a la evidencia. Suele meterse en discusiones eternas en Twitter. Síguelo en @marcolopezsilva (Leer más)
Las queremos vivas y seguras
No es moralmente aceptable que los hombres mexicanos nos escondamos en nuestra propia experiencia –en apariencia exenta de violencia contra las mujeres– para voltear la mirada; que nos neguemos a ver los datos y a escuchar lo que le sucede a la otra mitad de la población.
Por Marco A. López Silva
21 de abril, 2016
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violencia contra la mujer

Los datos y su conclusión no podrían ser más claros: en México discriminamos a las mujeres.

Comencemos por el ámbito más conocido, que es el laboral. Si partimos del supuesto de que no existen diferencias en las capacidades intelectuales entre hombres y mujeres, y en ausencia de condiciones de discriminación, el porcentaje que las mujeres representan en una diversidad de variables debería ser la misma que su porcentaje en la población general. Y no es así: son apenas el 38% de la población económicamente activa pero el 74% de la no-económicamente activa. Sólo el 6.2% de los puestos directivos son ocupados por mujeres. Y por cada peso que gana un hombre en una ocupación determinada, las mujeres mexicanas ganan 74 centavos.

Cierto es que las decisiones personales explican parte de los números anteriores, pero las primeras están fuertemente influenciadas por los roles de género que, como sociedad, le imponemos a hombres y mujeres. Y que son origen y expresión de la discriminación a que las sujetamos. Trate de imaginar, querido lector varón, lo que debe sentirse ir por la vida con esa opresión laboral sobre las espaldas.

Pero el ámbito en que se refleja de forma más dramática la discriminación sistemática que nuestra sociedad ejerce contra las mujeres, es el de la seguridad personal (que debe entenderse como pública).[/animalp-quote-highlight]

En 2011, el 47% de todas las mujeres mayores de 14 años reportaron haber experimentado violencia durante su última relación de pareja, especialmente sicológica y emocional (reportadas por el 92% de las que indicaron haber experimentado violencia), económica (52%), física (30%) y sexual (16%). La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2015 indica que las mujeres tienen una probabilidad mayor que los hombres de sufrir un crimen a manos de alguien que conocen.

Además de que no están a salvo en sus relaciones personales, las mexicanas tampoco están seguras en los espacios públicos: en la misma encuesta, el 32% de las mujeres reportó haber sido sujeta de intimidación, abuso sexual o físico en dichos espacios. El 80% de las víctimas de acoso sexual, violación y secuestro son mujeres (sí, el 88% de las víctimas de asesinato son hombres, pero no cambiemos de tema). Cuando las mujeres son víctimas y se atreven a denunciar, son típicamente revictimizadas con cuestionamientos francamente inadmisibles sobre su conducta sexual, su vestimenta, su actitud, sus decisiones en general. ¿Se puede usar otro adjetivo, además de infame, cuando se piensa en el diluvio de insultos que ha tenido que sufrir la periodista Andrea Noel desde que denunció el acoso de que fue víctima en plena calle de la Condesa? ¿O los juicios superficiales y profundamente misóginos de que ha sido objeto una jovencita violentada por una pandilla de delincuentes adinerados en Veracruz?

Parte del problema radica en que, como comentó Daniel Moreno en un artículo reciente, a los hombres nos cuesta imaginarnos, entender y aceptar la situación en que viven las mujeres en nuestro país (o de cualquier otro).

Y es que los varones tendemos a ser inconscientes de la violencia contra las mujeres porque ésta no pasa, comúnmente, frente a nosotros. Como se menciona en este fragmento de un artículo académico en la materia (gracias, @samnbk) cuando un varón acompaña a una mujer, a ella nadie la molesta. Nadie le grita, le chifla, la manosea, intenta violarla. La consecuencia lógica es que los varones vamos por la vida pensando que la violencia contra las mujeres no existe. Excepción hecha de lo que sucede en ciertas zonas del país (como consecuencia de la lucha contra el crimen organizado) los hombres no vivimos constantemente preocupados por nuestra integridad física. Las mujeres mexicanas sí.

violencia contra las mujeres

Pero el hecho de que no seamos testigos de la violencia no nos exime de entenderla. Es cuestión de preguntarle a nuestras parejas, colegas, amigas: ¿cuántas de ellas cree, mi estimado lector varón, que se ven obligadas a pensar en qué ropa “pueden” ponerse cada día, en función del rumbo de la ciudad en el que estarán? ¿Qué tan seguido cree usted que ellas tienen que planear su ruta de transporte en función de cuántos talleres mecánicos, o construcciones (gracias por la referencia, @lapaolaespinosa) se encontrarán en su camino? ¿Qué porcentaje de sus días tienen que planificar sus movimientos en función de qué tan lejos de su destino tendrán que dejar su coche? Y si prefieren (o tienen que) usar el transporte público de la CDMX –el segundo más peligroso para las mujeres en Latinoamérica– ¿qué cree que sienten al no saber cuántos días pasarán hasta el siguiente manoseo no consentido, la siguiente exhibición vulgar? ¿Qué tantas veces ha caminado usted, estimado lector, por la calle, con sus llaves entre los dedos, como potencial arma de defensa? (gracias, @jtamarp). Pregunte. No me sorprende que vaya usted a sorprenderse; casi todos los varones somos ignorantes al respecto. Lo criticable es que sigamos siéndolo, de forma totalmente voluntaria, teniendo la evidencia frente a nuestras narices.

Si ya se entiende el contexto, hay que decirlo con todas sus letras: no es moralmente aceptable que los hombres mexicanos nos escondamos en nuestra propia experiencia –en apariencia exenta de violencia contra las mujeres– para voltear la mirada; que nos neguemos a ver los datos y a escuchar lo que le sucede a la otra mitad de la población. Ellas nos gritan constantemente que ya no más.[/animalp-quote-highlight]

Yo no puedo ser cómplice –y espero que usted tampoco– de la constante opresión en la que viven las mujeres en nuestro país, incluyendo a quien me aceptó como esposo y a las que tuvieron la suerte (¿mala? ¿buena?) de tenerme como padre. Expreso lo anterior no en el sentido posesivo –que a multitud de feministas le repugna– sino para enfatizar un aspecto que me parece apabullante: si los humanos tenemos la tendencia a incrementar nuestra empatía conforme disminuye la distancia (física y social), ¿cómo podemos los varones mexicanos mantenernos inmóviles ante la opresión de quienes tenemos cerca? ¿Qué dice de nosotros como país; de nuestras familias, de lo que aprendimos creciendo? Es francamente aterrador.

No hay más, querido lector, que escuchar lo que se nos dice; observar lo que pasa a nuestro alrededor y cambiar lo que mal hemos aprendido. No está en manos de nadie más; no voltee a ningún otro lado… le están hablando a usted y me están hablando a mí. Escúchelas y acompáñelas este domingo 24 en la marcha #VivasNosQueremos. Espero encontrármelo.

Marcha vivas nos queremos

 

 

@marcolopezsilva

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