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La cuadratura del círculo
Por Marco A. López Silva
Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus ... Ingeniero; maestro en y analista de políticas públicas. Miembro de Fundación IDEA, aunque sus opiniones son personalísimas. Sonorense y chilango, y viceversa. Hace tiempo entendió que todos tenemos ideología; que no podemos evitar usarla como filtro de la realidad, y que por lo mismo, es importante formar la ideología poniendo atención a la evidencia. Suele meterse en discusiones eternas en Twitter. Síguelo en @marcolopezsilva (Leer más)
Terrorismo y religión
Los musulmanes alrededor del mundo deben aceptar que tienen un problema entre sus filas, y que deben ayudar a su solución. No se trata de que los musulmanes “moderados” se disculpen, o acepten responsabilidad por acciones que no les son propias –no estoy diciendo eso. Sí estoy diciendo que, si ellos no son parte de la solución, no hay solución posible.
Por Marco A. López Silva
12 de enero, 2015
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El ataque terrorista contra los dibujantes de Charlie Hebdo ha conmocionado al mundo. Para una buena parte de los opinadores –entre los que me cuento– la conmoción deriva de que el evento hace evidente el choque entre dos sistemas de valores distintos: los del Islam “radical” y los de la democracia liberal “occidental”. Hay opinadores, sin embargo, que creen que hablar de un “choque cultural” es falaz, racista y hasta neocolonialista.

En cualquier caso, me parece que este evento está siendo abordado con cierto nivel de corrección política que no ayuda a la comprensión del tema. Un ataque de esta naturaleza debiera servirnos para plantearnos una serie de preguntas incómodas relativas al rol de la religión en la sociedad; a la a veces tenue diferencia entre fundamentalismo y religión; a la relación que ella puede (o debe) tener con la política pública, y a las posibles avenidas de solución. No son temas fáciles, porque su simple planteamiento hiere susceptibilidades y afrenta ideologías. Pero, de nuevo, creo que son temas de discusión imprescindible. A’i les van:

1. ¿Qué rol o responsabilidad tiene la religión sobre el terrorismo religioso?

Empecemos por establecer lo que debiera ser obvio: el terrorismo religioso es religioso. A pesar de que a mí me parece una obviedad, hay quien argumenta que cuando un grupo de musulmanes armados hasta los dientes entra en las oficinas de una revista gritando frases religiosas y mata a 12 personas, es nomás terrorista, pero no religioso. Con ese argumento, no pierdo tiempo.

Ahora bien: ¿son o no musulmanes estos terroristas? ¿Obedecen las reglas del Islam, o no? Esa pregunta es complicada de resolver. La religión es un conjunto de doctrinas (ideas), prácticas y parafernalia (los libros sagrados, entre otros) que pueden ser “interpretados”. Probablemente sea justo por eso que las tres grandes religiones actuales han logrado sobrevivir varios milenios después de la aparición de sus principales profetas y de la escritura de sus textos sagrados: al “interpretar” las escrituras, los religiosos las mantienen vigentes, a pesar de que éstas en realidad hablan de contextos sociales radicalmente distintos a los actuales. El problema es que “interpretaciones” hay tantas como humanos en el planeta. A diferencia de los conceptos científicos, que tienen definiciones únicas, que permiten establecer criterios de identidad unívocos (y que permiten, por ejemplo, examinar una partícula atómica y determinar si ésta es un electrón o no), en sentido estricto, lo anterior en religión no existe. Para complicar las cosas, el Islam no es un monolito con una autoridad centralizada (como es el caso del catolicismo –que gira alrededor de las opiniones del papa– o de algunas otras religiones cristianas) que pueda, por la autoridad que se le confiere, definir qué es el Islam, o qué significa ser musulmán. Todo lo anterior implica, para acabar pronto, que el que dice que es musulmán (independientemente de su “versión” del Islam) lo es. En sentido estricto, los cristianos que se han separado de la Iglesia Católica por cuestiones doctrinarias (pensemos en el “catolicismo tradicionalista”, que terminó separándose del romano a raíz, principalmente, del aggiornamiento derivado del Concilio Vaticano II) también son católicos, porque así lo consideran ellos, aunque en ese caso su argumento es complicado por la existencia de una doctrina formal, única, católica. El caso es que si un grupo se autodenomina religioso, lo es. No tiene sentido pretender otra cosa.

Ahora bien: ¿qué responsabilidad tienen la religión, el Islam (y sus creyentes, que no son lo mismo) en la comisión en estos actos terroristas? Aquí empieza lo peliagudo. Algunos ateos activistas (como Richard Dawkins) enfatizan una característica problemática de todas las religiones: parten del supuesto –y en ocasiones promueven la idea– de que es razonable y aceptable sostener creencias para las que no existe ningún sustento verificable. Recordemos, por ejemplo, lo que dice Hebreos 11:1 en la Biblia católica: “La fe es aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver”. O lo que afirma Juan 20:29 que dijo Jesús a Tomás: “Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!»” Esta característica, dice Dawkins, implica que todas las religiones ayudan a crear una situación social en que está bien creer cualquier cosa, y eso es un caldo de cultivo para el fanatismo, para el extremismo, que siempre termina apareciendo en cualquier religión o sistema ideológico. Creo que a Dawkins se le pasa la mano en su argumento, pero tiene un punto válido.

Ahora bien: ¿qué puede criticársele al Islam en concreto? La crítica típica es que el libro sagrado del Islam (el Corán) contiene numerosas citas que, entendidas literalmente y en el contexto actual, pueden considerarse no sólo una invitación sino un ordenamiento a causar daños a personas de otras religiones, específicamente, a los que cometen la falta imaginaria de blasfemia. Por ejemplo, la Sura 9:5 dice “Mas cuando hayan pasado los meses sagrados matad a los idólatras dondequiera les halléis, capturadles, cercadles y tendedles emboscadas en todo lugar, pero si se arrepienten , cumplen con la oración prescrita y pagan el Zakât dejadles en paz. Ciertamente Allah es Absolvedor, Misericordioso”. Por su parte, el versículo 2:191 afirma que Allah mandó lo siguiente: “Y matadles dondequiera que los encontréis, y expulsadles de donde os hubieran expulsado. Y la sedición es más grave que el homicidio. No combatáis contra ellos en la Mezquita Sagrada, a menos que os ataquen allí; pero si lo hacen combatidles, ésta es la retribución de los incrédulos”.

Los que se dedican a estudiar estas cosas han identificado más de 100 versículos por el estilo. Sin embargo, sacar citas de contexto (literal e histórico) de un texto religioso es indebido. Si uno lee la Sura 2:190 a 195, por ejemplo, el texto completo dice: Y combatid por la causa de Allah a quienes os combatan, pero no seáis agresores; porque ciertamente Allah no ama a los agresores. Y matadles dondequiera que los encontréis, y expulsadles de donde os hubieran expulsado. Y la sedición es más grave que el homicidio. No combatáis contra ellos en la Mezquita Sagrada, a menos que os ataquen allí; pero si lo hacen combatidles, ésta es la retribución de los incrédulos. Mas si cesan de combatiros, sabed que Allah es Absolvedor, Misericordioso. Combatidlos hasta que cese la sedición y triunfe la religión de Allah, pero si dejan de combatiros que no haya más enemistad, excepto con los agresores. Si os combaten en un mes sagrado combatidles y aplicad la ley del talión, así pues, si os agraden agredidles en igual medida. Temed a Allah y sabed que Allah está con los piadosos. Y contribuid por la causa de Allah y no os autodestruyáis, y haced el bien; ciertamente Allah ama a los benefactores”. ¿De qué está hablando Mohammed, quien dictó el Corán (supuestamente, a partir de lo que le dijo un enviado de su dios)? Bueno, cuando el profeta comenzó su evangelización, él y sus seguidores fueron sujetos de persecución religiosa y huyeron de La Meca a Medina. Cuando el Islam se había propagado lo suficiente, Mohammed quiso regresar a La Meca; para ello, firmó alianzas de paz con las tribus no-musulmanas. Sin embargo, algunas tribus se negaron a firmar alianzas con él, y otras renegaron de las que habían celebrado. A esas personas se refiere el Corán cuando dice “quienes os combatan”.

Pero hay otras fracciones del Corán cuya restricción al contexto histórico original es menos claro. Por ejemplo, la Sura 9 (dictada a Mohammed en Medina) comienza diciendo “ Allah y Su Mensajero son libres de no respetar ya el pacto que habíais celebrado con los idólatras ” y más adelante dice (29)Combatid a quienes no creen en Allah ni en el Día del Juicio, no respetan lo que Allah y Su Mensajero han vedado y no siguen la verdadera religión de entre la Gente del Libro , a menos que éstos acepten pagar un impuesto con sumisión”.

Pero bueno: seamos optimistas y planteemos que el Corán sí contiene incitaciones a la agresión, pero sólo contra los agresores de su fe. Hasta aquí todo más o menos bien, ¿verdad? Pues no tanto: el problema es que hoy, como lo muestra un extenso estudio de la Universidad de Maryland, una minoría significativa de musulmanes –muchos millones– cree que el mundo occidental (y específicamente, Estados Unidos) está enfrascado justo en una guerra religiosa contra el Islam, tratando de subyugar al mundo árabe para controlar su petróleo; que busca obstaculizar su desarrollo democrático, y esparcir el cristianismo en sus tierras (ojo: no “los valores occidentales”, sino el cristianismo).

Gráfica1-Maryland1

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Por ejemplo, de cada 10 musulmanes egipcios (que, a su vez, son el 95% de los egipcios), nueve opinan que EU quiere debilitar y dividir al Islam –ojo: no al mundo árabe, sino al Islam en específico-; casi cuatro que EU se opone a la democracia y otros cuatro que la apoya pero siempre que sea cooperativa con los americanos; nueve de cada 10 cree que EU tiene como objetivo controlar el petróleo árabe. Finalmente, en todos los países encuestados, al menos cinco de cada 10 cree que EU tiene como objetivo diseminar el cristianismo. Vamos a suponer, bajita la mano, que en Egipto uno de cada tres musulmanes cree todo esto: estamos hablando de 24 millones de personas. ¿Paquistán? Si son, de nuevo, uno de cada tres, son otros 54 millones de personas. Y así sucesivamente. Se estima que, en todo el mundo, hay unos 1,570 millones de musulmanes. Entonces, ¿cuántos millones de personas alrededor del mundo estarán convencidos de que existe una “guerra religiosa” de los estadounidenses y sus aliados?

Todo lo anterior crea una situación en que, a pesar de que la vasta mayoría de los musulmanes opina que los ataques suicidas nunca o casi nunca están justificados (ver la siguiente gráfica, que proviene de este estudio de Pew del 2013) en algunos países tenemos una población musulmana muy numerosa, con una fracción significativa de convencidos de que EU y sus aliados están librando una guerra religiosa contra el Islam, con instrucciones del Corán acerca de cómo responder a este tipo de situaciones que pueden ser interpretadas de forma desafortunada. Eso es un caldo de cultivo para el extremismo, que si algo nos dice la historia, se termina presentando en casi cualquier sistema ideológico o religioso.

Gráfica2-Pew

Para ser perfectamente claro: no estoy diciendo que el Islam sea inherentemente más violento que otras religiones (solamente pensemos en el Catolicismo medieval, tan dañino para las minorías y el desarrollo de la ciencia). Lo que sí estoy diciendo es que, en el contexto sociopolítico actual, ciertas partes de su texto originario dan lugar a interpretaciones desafortunadas. Y no es sólo mi impresión: es lo que dicen los propios extremistas. Tampoco estoy diciendo que todos los musulmanes sean potenciales terroristas: sólo una fracción muy pequeña de ellos lo son. El problema es que hay muchos millones de musulmanes en el mundo, y una pequeñísima fracción de miles de millones implica un número significativo de personas en términos absolutos.

2. ¿Es compatible el Islam con la democracia liberal?

Por “democracia liberal” no me refiero sólo el tema electoral (elegir mediante voto a los gobernantes) sino a la enchilada completa: respeto a los derechos humanos, igualdad de género, separación iglesia-estado, etc. ¿Cómo se comparan estas ideas con los planteamientos islámicos? Bueno, aquí nos enfrentamos ooootra vez al problema: ¿de qué Islam estamos hablando? En los últimos días hemos visto numerosas demostraciones populares y declaraciones de líderes islámicos en contra del ataque contra Charlie Hebdo y a favor de la democracia, incluso de movimientos que en el pasado han sido considerados extremistas, como Hezbollah y Hamas. Pero, del otro lado, en este provocador editorial, el clérigo musulmán Anjem Choudary (basado en Londres, no el Medio Oriente) argumenta que “Contrariamente a la creencia popular, el Islam no significa paz sino la sumisión a las órdenes de Alá. Por tanto, los musulmanes no creen en el concepto de libertad de expresión, ya que su discurso y acciones están determinados por revelación divina y no están basados en los deseos de las personas. Aunque los musulmanes no concuerden con la idea de la libertad de expresión, hasta los no-musulmanes que sí la abrazan dicen que ésta viene con responsabilidades […] Los musulmanes consideran el honor del Profeta Muhammad como más querido que el de sus propios padres. Defenderlo debe considerarse una obligación suya. El castigo por este crimen, de ser considerado culpable bajo la Sharia (ley islámica) es la pena capital implementada por un Estado Islámico. Esto es porque el Mensajero Muhammad dijo: ‘Quien insulta a un Profeta, mátalo […] Entonces, en este caso, ¿por qué el gobierno francés permitió a la revista Charlie Hebdo continuar provocando a los musulmanes, por tanto poniendo en riesgo la santidad de sus ciudadanos?” Ah, canijos. Por lo menos a mí, me queda claro que el Islam literalista (que es del que se desprenden los extremistas actuales) no es compatible con la democracia liberal.

Pero, de nuevo, el problema a es más complejo. A pesar de que en las encuestas practicadas hasta la fecha una vasta mayoría (arriba del 50%) de los musulmanes dice considerar a la democracia como un buen mecanismo de gobierno, claramente no se están refiriendo a la democracia liberal. Por ejemplo, si excluimos por un momento a Asia Central, al menos tres de cada 10 musulmanes (y, en algunos países, hasta nueve) creen que la Sharia debería ser ley; además, una fracción significativa cree que ésta debe aplicarle a todos los ciudadanos (siete de cada 10 musulmanes en Egipto, por ejemplo) y no sólo a los musulmanes. Lo mismo se repite si analizamos subtemas como la equidad de género; algunos aspectos de la libertad de expresión, etcétera. Entonces, la posible incompatibilidad no se limita al Islam literalista.

 

Gráfica4-Pew

En conclusión: no se puede saber si “El Islam” en sí es compatible o no con la democracia liberal. Pero algunas actitudes y convicciones actuales de fracciones considerables de los musulmanes alrededor del mundo, claramente no lo son.

3. ¿Cuál es la responsabilidad de los musulmanes “moderados?

En estos días, una respuesta casi automática de muchos religiosos ha sido “el ataque a Charlie Hebdo no es Islam”. El autor y académico musulmán Reza Aslan dice (y yo coincido): también esto es Islam. Más o menos lo mismo dice George Packer en este buen artículo publicado por The New Yorker. Y es que eso es obvio. Es imprescindible hacer a un lado la corrección política respecto de la religión, porque si no aceptamos y entendemos la naturaleza del problema, no vamos a poder resolverlo. Darle un pedestal indebido a la religión en la discusión pública es un mal progresismo, o un relativismo cultural mal entendido.

Como dice el filósofo francés Bernard-Henri Lévy en este fabuloso editorial, no es suficiente que los musulmanes “moderados” (aunque diría Sam Harris que no está fácil reconocerlos) condenen los ataques; es imprescindible que entiendan y acepten su responsabilidad frente a la historia y empujen, públicamente, la idea de que las religiones son sistemas de pensamiento con la misma validez y estatus que las ideologías seculares; que el dudar de las religiones, debatirlas, unirse a ellas o dejarlas, o incluso reírse de ellas, es el derecho inalienable de todo ciudadano. Los musulmanes alrededor del mundo deben aceptar que tienen un problema entre sus filas, y que deben ayudar a su solución. No se trata de que los musulmanes “moderados” se disculpen, o acepten responsabilidad por acciones que no les son propias –no estoy diciendo eso. Sí estoy diciendo que, si ellos no son parte de la solución, no hay solución posible. Porque en el mejor de los escenarios, a los secularistas ateos, o a los que tienen otras religiones, los literalistas musulmanes no nos hacen caso. En un país musulmán, yo ya habría tenido problemas para publicar este artículo.

4. ¿Cómo solucionamos el problema?

Fuera de apoyarnos en los musulmanes moderados para intentar convencer al resto, no hay soluciones obvias. Pero sí hay posibles avenidas que debiéramos debatir; por ejemplo:

  • ¿Tenemos derecho, como dice este interesante artículo de Mark Lilla, a seguir promoviendo nuestras ideas seculares en los países árabes? ¿Estamos haciendo de la democracia liberal un dogma? ¿Deberíamos aceptar que una parte del mundo –por propia decisión– viva en teocracias y ya? ¿Podemos aceptar el derecho a la autodeterminación de los pueblos aunque ello implique dejar a su suerte, por ejemplo, a cientos de millones de mujeres y minorías oprimidas?
  • ¿Por qué nos seguimos negando a ver que la religión –en todas partes, y no sólo el Islam– causa problemas en el ámbito público? Decíamos que en muchos países árabes la mayor parte de la población quiere a la Sharia como fuente única de la legislación. Pero en EU, 42% de la población desea que los líderes religiosos tengan un rol directo en escribir sus normas. En México, el 58% de la población no residente de la Cd de México está en contra de la legalización del aborto y el 74% se opone a que la gente gay pueda adoptar. ¿Por qué seguimos pensando que se trata de un problema “allá lejos, de los musulmanes”? ¿Tiene sentido, por ejemplo, criticar a las teocracias islámicas, sin criticar a la democracia teocrática de Israel?
  • ¿Por qué seguimos tomando como tabú el discutir de religión? ¿Por qué los medios mexicanos evitaron mostrar portadas como ésta, de Charlie Hebdo, para explicar la historia completa de la revista? ¿Qué tipo de honor se le hace a los muertos cuando se da la impresión de que cualquier expresión “se vale” pero sólo cuando las creencias que son ridiculizadas son las del otro?
  • ¿Estamos condenados a ver cada vez más recortadas nuestras libertades, so pretexto de protegernos contra el terrorismo –hoy mayoritariamente religioso? ¿Cómo evitamos que, en el contexto actual, termine de nuevo ganando el fascismo– que la seguridad en los espacios públicos sea cada vez mayor, que nuestras conversaciones por correo electrónico y teléfono sean intervenidas e inspeccionadas?
  • ¿Por qué casi nadie está señalando la contradicción evidente en la escuela europea de libertad de expresión, respecto de la masacre de Charlie Hebdo? Y es que, en Europa y como respuesta al Holocausto, desde hace décadas se ha considerado válido restringir en algunos casos la expresión (por ejemplo, en varios países europeos ha estado prohibida la venta de los libros de Hitler, o la exhibición pública de swásticas, o la expresión de ideas nazis). Pero, ¿por qué cuando se trata de expresiones hirientes a los musulmanes se cambia de pronto de bando, y se acude a la escuela estadounidense, donde cualquier expresión se vale?

En fin, estimado lector, lectora querida. Se trata de un tema muy complejo y las soluciones –al menos para mí– no son obvias. Sólo espero que no suceda –como ya me ha pasado– que critica uno con fundamentos a la religión (la que sea) y le brincan tanto conservadores, como religiosos progres, a inventarle a uno fobias, rabias y/o intolerancias. De todo se puede discutir. Seamos adultos. Y éste es un tema ineludible; probablemente, el de mayor trascendencia para nuestra generación.

 

@marcolopezsilva

 

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