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La dignidad en nuestras manos
Por CDH Fray Vitoria
El Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria OP, A. C., es una organización no gubern... El Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria OP, A. C., es una organización no gubernamental que desde la década de los ochenta contribuye a la defensa de los derechos de las personas y los pueblos. Desde este espacio diverso y crítico, con la dirección del Dr. Miguel Concha Malo, buscamos abonar a una cultura basada en los derechos humanos. Trabajamos con la firme convicción de que “Otro mundo es posible”, donde se respete la dignidad humana. Optamos por acompañar a los grupos en situación de vulnerabilidad y de esa manera aspirar a un mundo más justo, sororo y fraterno. (Leer más)
El Congreso Popular: una iniciativa para acertar con el pueblo
La gran falla de los últimos gobiernos del país es que están lejos, muy lejos del pueblo. Los supuestos representantes populares no gobiernan para los desamparados, gobiernan para las élites.
Por CDH Fray Vitoria
13 de febrero, 2014
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Por: Sayuri Herrera Román

Alguna vez Frei Betto, pensador cristiano y teólogo de la liberación, dijo lo siguiente: “Prefiero correr el riesgo de equivocarme con los pobres, que tener la pretensión de acertar sin ellos”. Tiene razón por una cuestión fundamental: los grandes cambios no los realizan pequeños grupos por bien intencionados y preparados que sean, los grandes cambios progresistas siempre han tenido al pueblo como protagonista. Entonces, acertar sin el pueblo, en realidad es no acertar, porque por muy lúcidas que sean nuestras ideas, proyectos o iniciativas, si el pueblo no las hace suyas, se quedarán en el papel. De la misma manera, el primer acierto, el fundamental y base de cualquier otro acierto que puedan tener todos aquellos que buscan una mejoría para el país, es estar con el pueblo. Ese es el primer paso. Y al pueblo hay que acompañarlo en las buenas y en las malas, en las derrotas también. Por eso dice Frei Betto que está dispuesto a equivocarse con los pobres.

La gran falla de los últimos gobiernos del país es que están lejos, muy lejos del pueblo. Los supuestos representantes populares no gobiernan para los desamparados, gobiernan para las élites. Reciben y atienden los llamados de cúpulas empresariales, pero tienen oídos sordos para el clamor de la ciudadanía, legislan pensando en el beneficio de sus patrocinadores o socios pero no en el de quienes los eligieron.

No gobiernan para el pueblo y tampoco forman parte de él, por eso no lo comprenden, no tienen la menor idea de cuáles son sus necesidades y dificultades, de su pesadilla cotidiana por conseguir un mendrugo de pan. Diputados, senadores, gobernadores tienen un estilo de vida muy diferente al de la gente común, viven en medio de un lujo ofensivo en medio de un país lleno de miseria. No saben cómo vive el común de la gente, qué come, donde trabaja, cómo se transporta y hasta llegan a justificar su ignorancia sobre aquellos que se supone representan con frases como “yo no tengo por qué saber cuánto cuesta el kilo de tortillas porque no soy la señora de la casa”.

Pero no solamente quienes tradicionalmente están ubicados en la derecha sino los propios partidos de izquierda, que se supone son populares, están lejos de los pobres, de los oprimidos. Hoy más que nunca la distancia entre la alta cúpula de partidos de izquierda y el pueblo es abismal y absolutamente palpable. El Pacto por México es ni más ni menos que la prueba fehaciente, declarada y cínica de este deslinde. La dirigencia del PRD prefirió pactar con sus adversarios históricos que acercarse a los pobres, a los que luchan, a quienes se supone son su razón de ser. Es por este pacto que al día de hoy, luego de la aprobación de las reformas estructurales en materia energética, educativa, laboral y financiera, el país se encuentra en grave riesgo de perder definitivamente su soberanía.

Si ellos no lo representan, si las cámaras y palacios de gobierno le son ajenos, el pueblo busca y genera sus propios espacios de encuentro, diálogo y construcción. Eso es el Congreso Popular. Este Congreso es un llamado a acertar con el pueblo, a unificar si no las miradas si algunas rutas.

Diversos intelectuales, personalidades y artistas convocaron a participar en este Congreso el pasado 5 de febrero y el llamado fue atendido por mexicanos y mexicanas de toda la república, de todas las edades y, sobre todo, por aquellos que no son parte de la clase política, que por su estilo de vida y su posición frente a los grandes problemas nacionales pueden considerarse verdaderos representantes populares. Acudieron a él organizaciones y personas que han luchado por años por la transformación del país, pero también, y aún más importante, personas que no forman parte de algún colectivo o que no han participado en movimientos sociales y que se encuentran legítimamente preocupadas por el destino de la nación. La presencia de rostros, voces e ideas nuevas que no se habían presentado en otras iniciativas de unificación de la izquierda, es una gran fortaleza del Congreso Popular. Al revés, una limitación de otros esfuerzos de convergencia es que sólo convocaban a quienes ya están organizados, no ampliaban el bloque de los opositores activos a las reformas neoliberales.

El Congreso Popular se realizó el 5 de febrero evocando al Congreso Constituyente de 1917, el cual levantó todo un ordenamiento jurídico donde se consagraban reivindicaciones básicas que hoy están amenazadas. El ataque neoliberal contra nuestros derechos es necesariamente un ataque contra la Constitución y viceversa, defender nuestros derechos es defender la Constitución. Justamente, el asunto que convocó al Congreso Popular fue la discusión de una iniciativa y acciones de lucha para revocar las reformas a los artículos 25, 27 y 28 de la Carta Magna. El Congreso rechazó esas reformas con fundamentos legales y con la legitimidad propia del pueblo soberano.

Sin embargo son grandes los retos que están por delante. La Constitución de 1917 fue producto de la irrupción de campesinos y obreros en la vida nacional y en el gobierno de su propio destino. Igualmente, la derogación efectiva de las modificaciones neoliberales a la Carta Magna solamente será posible si es promovido por las masas. La situación anterior a la revolución no dista mucho de la actual, los paralelismos, reservadas las diferencias, son significativos. Entonces como ahora la democracia es poco menos que un discurso, la participación política está reservada sólo para los cómplices del Estado y criminalizada para los disidentes. En 1910 el pueblo tomó las armas, hoy tiene otras opciones para hacer valer sus derechos.

El Congreso Popular despertó muchas expectativas, expectativas de encuentro, de reconocimiento como colectividad, ahora la tarea es abrir los cauces que permitan que los ciudadanos que respondieron a esta convocatoria puedan apropiársela, escuchar y escucharse, recrearla, enriquecerla, robustecerla y acrecentarla. De ese ejercicio puede devenir la anhelada unidad de organizaciones, grupos, colectivos, personas, historias y esperanzas tan traída y llevada pero para la que hay que engrandecer el espíritu y dejar de lado los protagonismos y arrogancia que han dado al traste con intentos anteriores. Así también, la simulación es un gran obstáculo a superar. Otros intentos se han diluido porque no había una voluntad auténtica de cambiar las cosas y construir la unidad; algunas organizaciones, lamentablemente, participaban en esfuerzos unitarios con el objetivo no declarado de utilizarlos para potenciar sus luchas particulares.

Cualquier iniciativa que pretenda unir a todos los que resisten las depredadoras políticas neoliberales, debería partir del principio básico enunciado por Frei Betto, pero además recordar, repensar y asumir en lo profundo de su alma la consigna del profesor Lucio Cabañas: ser pueblo (tomar partido por los excluidos y por un trabajo horizontal), hacer pueblo (construir, ampliar y consolidar el poder y la soberanía popular), estar con el pueblo (luchar junto al pueblo y avanzar con él).

El artículo 39 de nuestra Constitución de 1917 lo reconoce: que el pueblo hable,  construya, experimente su propio orden y poder, que el pueblo decida su destino, es su derecho irrenunciable.

 

* Sayuri Herrera Román es responsable del Área de Orientación y Defensa Jurídica del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria O.P.A.C. La autora agradece el apoyo de Ismael Hernández Lujano, quien es profesor de filosofía y fue delegado al Congreso Popular.

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