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La Gran Brecha
Por Ricardo Fuentes-Nieva
Ricardo Fuentes-Nieva es Director Ejecutivo de Oxfam México, que es parte de un movimiento globa... Ricardo Fuentes-Nieva es Director Ejecutivo de Oxfam México, que es parte de un movimiento global de 19 organizaciones luchando contra las desigualdades y la pobreza en más que 90 países. Es economista del CIDE y Pompeu Fabra, especializado en desigualdad y desarrollo. Antes dirigió el equipo de investigación de Oxfam Gran Bretaña. Lideró el primer Reporte de Desarrollo Humano en África y fue coautor de varios Informes Globales de Desarrollo Humano del PNUD. También fue coautor del informe \\\"World Development Report 2010\\\" del Banco Mundial sobre impactos del cambio climático en el desarrollo. Twitter: @rivefuentes (Leer más)
Transferencias no condicionadas, opción para los más pobres ante el COVID 19
Las medidas de emergencia sanitaria y de restricciones de movilidad son indispensables para limitar la expansión e impacto de la pandemia de COVID-19, pero es necesario y urgente garantizar que las personas más pobres puedan mantenerse en casa sin arriesgar su alimentación y consumo básico.
Por Ricardo Fuentes-Nieva y Diego Vázquez
3 de abril, 2020
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La actual crisis sanitaria por el COVID-19 que vive México presenta uno de los retos más grandes para el país en varias décadas. Es un desafío que, como serpiente mitológica mediterranea, tiene varias cabezas. En materia de salud, implica minimizar el número de pacientes que requieren hospitalización, terapia intensiva, y reducir las tasas de letalidad sin permitir el colapso del sistema de salud. En materia económica, el país enfrentará una economía afectada por una contracción económica a nivel mundial, alta volatilidad e incertidumbre en los mercados financieros y una caída estrepitosa en la actividad económica producto de la pandemia.

En ambas dimensiones (la sanitaria y económica) los esfuerzos del gobierno tienen que ir dirigidos sobre la población que enfrenta mayores carencias y barreras de acceso al ejercicio de sus derechos. Esto no sólo es un compromiso ético y normativo por parte del Estado Mexicano, sino que puede ser parte de la solución en la respuesta del gobierno. ¿Por qué es importante tener un enfoque de desigualdad en la actual crisis y cómo podría resolver muchos retos actuales?

Uno de los objetivos principales del gobierno, en palabras del propio subsecretario López Gatell es “doblar la curva y tener menos transmisión”. En otras palabras, implementar medidas de distanciamiento social que permitan reducir la velocidad de transmisión y evitar el colapso del sistema de salud. Sin embargo, el éxito de esta estrategia puede peligrar si se considera que más de la mitad de las personas trabajadoras ocupadas en México –31 millones de personas– tienen empleos informales y no cuentan con una red de seguridad social1. Además, la mitad de las personas mexicanas no tiene ingresos para satisfacer sus necesidades básicas. Es decir, la mitad del país vive al día, y para ellos la cuarentena autoimpuesta es un lujo que no pueden darse pues “no tienen de otra”.

Todas estas personas serán potenciales vectores de transmisión de la epidemia, poniendo en riesgo no sólo el éxito de la estrategia diseñada por las autoridades sino sus propias vidas, ya que, aunque pudieran acceder al INSABI, sabemos que posiblemente no tengan los recursos para los gastos de bolsillo que los hogares realizan durante una emergencia médica 2.

La pregunta entonces es: ¿cómo diseñar e implementar políticas públicas que permitan reducir la movilidad de las personas y al mismo tiempo reducir su vulnerabilidad económica? Sólo así se puede resolver de manera integral la cuestión económica y al mismo tiempo minimimizar el costo humano y sanitario -salvar vidas- sin convertirlo en un juego suma cero.

El problema de diseño de política pública, en este contexto, es el menor. En una situaciòn como la emergencia sanitaria y económica que enfrentamos es preferible incluir a población que no requiere el apoyo del gobierno y ampliar la cobertura. Una vez que se ha decidido la población objetivo, la herramienta a utilizar (transferencias no condicionadas, digamos) y el monto a financiar se tiene que realizar la entrega del programa. Con distanciamiento social y sin un padron único de beneficiarios o de personas con empleos informales, el reto es mayúsculo. Una posible respuesta es seguir una estrategia territorial ya que existe un patrón emergente dentro de las ciudades con la nueva información disponible sobre quiénes se están contagiando de COVID19. En el caso de Barcelona, se muestra evidencia de que la prevalencia de los casos confirmados3 se da más en zonas de menores ingresos y que las zonas de mayor poder adquisitivo4 se encuentran con menores niveles de contagio. En el caso de Nueva York, un análisis del New York Times con datos del Sistema de transporte publico muestra una caída generalizada en el uso del metro pero con variaciones asociadas a brechas socioeconómicas. Por ejemplo, el viernes 20 de marzo el uso del metro en Manhattan, la sección más rica de la ciudad, cayó 75 por ciento; en el Bronx, la sección con ingresos más bajos, el uso del metro cayó 55 %.5

Hay otros datos que parecen indicar que esta correlación puede tener sustento en zonas urbanas. Los procesos de desigualdad urbana implican que los beneficios de la ciudad en materia de acceso a infraestructura pública de salud, transporte, educación, e incluso empleos, están concentrados en las zonas de mayor ingreso. Los hogares urbanos mexicanos gastan una proporción más grande de su ingreso (19.5%) en transporte que los rurales y el 58% de los viajes de la ZMVM duran entre 30 minutos y dos horas6.

¿Qué implica esto en el presente contexto? Que la mayoría de los mexicanos, pero particularmente los más pobres, no sólo gastan mucho de su ingreso en transporte, sino que además se mueven grandes distancias. Oxfam México ha generado un mapa de desigualdad de ingresos para la Ciudad de México que se muestra a continuación

Como puede observarse, la mayoría de las AGEBs7 más pobres se concentran en zonas de la periferia que posiblemente no tengan mecanismos eficaces de transporte, pero también que tengan que viajar más a sus centros de trabajo.

Las medidas de emergencia sanitaria y de restricciones de movilidad son indispensables para limitar la expansión e impacto de la pandemia de COVID-19, pero es necesario y urgente garantizar que las personas más pobres puedan mantenerse en casa sin arriesgar su alimentación y consumo básico. Una transferencia no condicionada es la herramienta más sencilla para lograrlo. El desafío es a quién darlo y cómo distribuirlo. Una estrategia de focalización de los recursos públicos que tome en cuenta un enfoque espacial, ya que dar prioridad a zonas y no sólo a familias permitirá reducir la movilidad de una gran parte de la población que no tiene recursos, pero necesita salir a trabajar. Así se lograría preservar los medios de vida de las familias más pobres y reducir potenciales contagios derivados de las dinámicas de movimiento de un grupo importante de la población.

* Este texto fue escrito a dos manos entre Ricardo Fuentes-Nieva y Diego Vázquez, OXFAM México.

 

1 Disponible aquí.

2 Disponible aquí.

3 Disponible aquí.

4 Disponible aquí.

5 Disponible aquí.

6 Disponible aquí.

7 Las AGEBs son Áreas Geoestadísticas Básicas definidas por el INEGI. La AGEB urbana es un área que corresponde a un conjunto de manzanas delimitadas por calles, avenidas, andadores u otro rasgo de fácil identificación en el terreno. Se definen en localidades de más de 2,500 personas. La AGEB rural se encuentra en localidades de menos de 2500 personas, terrenos comúnmente forestales o agropecuarios.

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