El caso de Leticia: una mirada al machismo judicial - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
La justicia será feminista o no será
Por La Círcula
El Círculo Feminista de Análisis Jurídico es una organización feminista cuya misión es logra... El Círculo Feminista de Análisis Jurídico es una organización feminista cuya misión es lograr que el derecho sea una herramienta accesible que contribuya a la emancipación y autonomía de las mujeres, lo anterior mediante la divulgación de la cultura jurídica desde una perspectiva feminista y colectiva. (Leer más)
El caso de Leticia: una mirada al machismo judicial
Durante 2013, la expareja y el excuñado de Leticia secuestraron a dos jóvenes y a cambio de dejarles ir solicitaron “rescates” por medio de depósitos express de dinero a nombre de Leticia, sin que ella supiese, conociere o estuviese involucrada en la actividad ilícita. Fue acusada y sentenciada a 30 años de prisión.
Por Pamela Velázquez Zambrano
16 de septiembre, 2020
Comparte

Leticia es una mujer joven y trabajadora, madre de dos hijos de siete y cinco años y con preparatoria trunca. Igual que muchas mujeres en México, su expareja ejercía violencia doméstica en su contra desde 2010. Contrario al silencio que guardan la mayoría de las afectadas, ella denunció tres veces a su agresor ante las Fiscalías Generales de la Ciudad de México y el Estado de México. Sin embargo, las autoridades responsables de salvaguardar su seguridad e integridad no realizaron las diligencias correspondientes para garantizar su derecho a una vida libre de violencia y finalmente a las tres denuncias se les dio carpetazo. Lamentablemente, estas no serían las últimas ocasiones que se enfrentaría ante un sistema de justicia misógino.

La vida de Leticia cambió por completo en mayo de 2014, cuando fue detenida en la Ciudad de México (CDMX) a la edad de 21 años al ser investigada por el delito de “secuestro express”. Durante 2013, su anterior pareja y su excuñado, este último un expolícia de la CDMX, secuestraron a dos jóvenes y a cambio de dejarles ir solicitaron “rescates” por medio de depósitos express de dinero a nombre de Leticia, sin que ella supiese, conociere o estuviese involucrada en la actividad ilícita. Bajo la amenaza de que la golpearía a ella y a sus hijos, Leticia era obligada por su expareja a retirar el dinero. Ella desconocía la procedencia de los recursos y actuaba en contra de su voluntad en un claro contexto de violencia de género. Lo anterior, lo manifestó múltiples ocasiones en la investigación que se realizó en su contra debido a un depósito que se realizó a su nombre y fue retirado por ella.

El 4 de marzo de 2016 el Juzgado Décimo Séptimo Penal de la Ciudad de México la sentenció por la comisión del delito de “secuestro express” imponiéndose una pena de 30 años de prisión, utilizando como prueba sus declaraciones en las que expone la violencia doméstica y el gusto de su expareja por el “dinero fácil”. Inconforme con la sentencia, se solicitó al Poder Judicial de la Ciudad de México revisar la decisión al no considerarse el ambiente violento en el que vivía Leticia. Sin embargo, la Segunda Sala del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México (TSJCDMX) confirmó la decisión bajo argumentos machistas omitiendo juzgar desde una perspectiva de género. En poco tiempo Leticia pasó a ser de víctima, victimaria.

La sentencia de apelación de la Segunda Sala del TSJCDMX es una evidente prueba del uso de estereotipos de género por parte de las personas juzgadoras para castigar a las mujeres por incumplir con las expectativas que se esperarían de ellas por su género. Por ejemplo, uno de los argumentos que utilizó la Segunda Sala para demostrar la culpabilidad de Leticia fue el siguiente:

“… aún cuando en el expediente obran diversas constancias, en las que se asentó que Leticia no tenía buena relación con su pareja sentimental, hasta el punto que este la golpeaba y la ofendía, lo que motivó que en diversas ocasiones acudiera ante el ministerio público, al oficial conciliador, mediador y conciliador… sin embargo, aunque esas agresiones físicas y verbales fueran verídicas, no existen elementos que hagan presumir que se le obligó a intervenir, por el contrario, sabía de los mismos… tan es así, que si verdaderamente hubiera tenido la intención de denunciar los depósitos de dinero que recibía, lo hubiera hecho como lo hizo con los maltratos que puso en conocimiento ante la representación social… la enjuiciada tuvo la oportunidad de presentar la denuncia respectiva por esos depósitos bancarios que supuestamente consideró indebidos”.1

En pocas palabras, el Tribunal no visualizó la situación de desventaja provocada por su condición de género en el estudio de los hechos del caso, ni identificó la violencia doméstica en la que se encontraba inmersa. Con base en la obligación de juzgar con perspectiva de género, la Segunda Sala debió de cuestionar los hechos a través de las diversas pruebas presentadas por Leticia. Además, El tribunal falló en evidenciar la situación de desigualdad en la que se encontraba en comparación con su expareja, quien contaba con el dominio del hecho y la instrumentalizó para cometer el delito por el que fue sentenciada.

Por otro lado, la sentencia demuestra cómo el derecho penal funciona como herramienta patriarcal, pues su sanción puede ser tanto penal como moral, alejándose de los estándares y parámetros de legalidad y neutralidad. Como se observa en la justificación anterior del juzgador, Leticia fue castigada por no actuar como se esperaría que reaccionara la víctima perfecta debido a que “tuvo la oportunidad de presentar la denuncia respectiva por esos depósitos bancarios que supuestamente consideró indebidos”. El Tribunal consideró indiferente el hecho de que Leticia denunció innumerables ocasiones la violencia doméstica que ejerció su expareja en su contra, ante la cual las autoridades fueron completamente omisas. Además, el Tribunal demuestra su total desconocimiento sobre la experiencia de las personas comunes y corrientes al presentar la denuncia, ¿alguna fiscalía comenzaría una denuncia por un hecho que se desconoce?

No es la primera ocasión en la que los juzgadores del Poder Judicial de la Ciudad de México emiten una sentencia desde una visión machista. Muestra de ello es que en el 2016 el magistrado de la Quinta Sala Familiar de esta ciudad ganó el “Premio Garrote del Público”, otorgado por la organización Women’s Link, esto debido a que emitió una sentencia en la que ordenaba quitarle la custodia de su hijo a una mujer ya que “no cumplía con el rol de madre tradicional”. Este tipo de decisiones dan cuenta de cómo prevalece una visión patriarcal inclusive en el poder judicial de una entidad considerada progresista, como es el caso de la CDMX.

Desde 2019, la Círcula acompaña a Leticia en su proceso penal. Hoy, el Octavo Tribunal Colegiado del Primer Distrito del Poder Judicial de la Federación tiene la oportunidad de otorgarle la justicia social que merece. Desde la Círcula exigimos que ninguna mujer más sea presa por incumplir su rol de mujer, madre, hija, esposa o víctima e instamos a las instituciones a integrar una debida perspectiva de género en el análisis y estudio de todos los casos que llegan a ellas, sobre todo cuando hablamos del derecho penal, la herramienta más violenta del Estado. Lo anterior, para evitar que en las prisiones existan más Leticias, mujeres jóvenes cuya pena fue ser juzgadas por tribunales misóginos y machistas.

@CirculoAnalisis

 

1 Recurso de apelación 504/2016, Tribunal Superior de la Ciudad de México, foja 598 a 618.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.