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La justicia será feminista o no será
Por La Círcula
El Círculo Feminista de Análisis Jurídico es una organización feminista cuya misión es logra... El Círculo Feminista de Análisis Jurídico es una organización feminista cuya misión es lograr que el derecho sea una herramienta accesible que contribuya a la emancipación y autonomía de las mujeres, lo anterior mediante la divulgación de la cultura jurídica desde una perspectiva feminista y colectiva. (Leer más)
La reina de la feria
El problema con los concursos de belleza es la promoción del castigo a las mujeres que no pueden o no quieren cumplir con esos estereotipos. El hecho de que las canas, el acné, las estrías, las arrugas, el vello corporal, entre otros procesos naturales del cuerpo, sean estigmatizados y vistos como muestra de descuido por parte de las mujeres e incluso de mala salud, son ejemplo de ello.
Por Ana Laura Velázquez Moreno
8 de julio, 2020
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A finales del 2015 me topé con esta convocatoria para ser la Reina de la Feria de San Marcos, en Aguascalientes. Al ver los requisitos no pude más que indignarme, ya que para participar en el certamen se tenía que cumplir con las siguientes condiciones: edad de 18 a 25 años, estatura mínima 1.65 metros, tener “armonía física”, “honorabilidad”, “carácter encantador”, ser soltera, no haber estado casada nunca y no haber tenido hijos ni estar embarazada.

Sorprendida porque en pleno siglo XXI existieran esos eventos que a todas luces promovían estereotipos de género, resultaban discriminatorios y encima eran auspiciados por el gobierno del estado de Aguascalientes, decidí tomar cartas en el asunto. Le pedí apoyo a mi hermana Sara y comenzamos a indagar un poco más. De acuerdo con información que en ese entonces consultamos en la página oficial de la Feria, “Cada año una joven es elegida como la Reina de la Feria Nacional de San Marcos tomando lugar como digna representante en la celebración de múltiples eventos”. Esto es, el ser una digna representante de ese estado tenía como requisitos no ser madre ni estar casada, ser encantadora, honorable y tener armonía física, entre otros.

Decidimos presentar una queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, argumentando que la convocatoria era discriminatoria. La cosa no resultó nada bien. Al recibir la queja, el ombudsman estatal salió a medios a dar declaraciones compartiendo el contenido de la queja, para la cual no estaba autorizado. Las reacciones no se hicieron esperar. Nos dijeron que éramos unas resentidas porque no podíamos participar en el concurso, nos tacharon de feas, de ridículas y de atentar contra las tradiciones. Además, el personal de la Comisión Estatal de Derechos Humanos comenzó a inventar requisitos para que la queja no pudiera proceder. Finalmente, sin ninguna explicación le dieron carpetazo y la reina fue coronada en un evento amenizado por los Ángeles Azules. Al año siguiente por mera curiosidad consulté la convocatoria, lo único que había cambiado es que en esa ocasión se solicitaba “ser mujer de nacimiento”.

Un poco decepcionada pensé que tal vez era algo por lo que no valía la pena desgastarse; sin embargo, el tema nunca dejó de rondar por mi cabeza. Sigo viendo este tipo de convocatorias y hay dos cosas que me preocupan. La primera y más obvia, la promoción de estereotipos sexistas, y la segunda, cómo estos se relacionan de una u otra forma con la concepción de la dignidad de las mujeres, esto es, con ser “una digna representante de la sociedad”.

Respecto al primer punto, entiendo que en los últimos años ha habido un esfuerzo por parte de estos certámenes para “romper estereotipos” seleccionando a mujeres africanas, asiáticas e incluso a mujeres trans como las ganadoras de los concursos. Sin embargo, se sigue replicando la idea de que la belleza es aquella que ha sido impuesta por el patriarcado, las ganadoras no dejan de ser mujeres jóvenes, altas y esbeltas que sonríen mientras van caminando por pasarelas mientras un jurado las observa.

Definitivamente, las culpables no son las chicas que participan en estos eventos. Todas hemos crecido en un sistema en el que se premia a las mujeres por ser bellas y también estos certámenes han sido normalizados a un grado tal que incluso se les ve como una tradición valiosa e incuestionable. Además, ser coronada como reina de belleza implica un reconocimiento importante y puede ser un factor de movilidad social. Por esto resulta entendible que muchas mujeres sientan especial entusiasmo por formar parte de estos certámenes

El problema principal es el castigo a las mujeres que no pueden o no quieren cumplir estos estereotipos de belleza. El hecho de que las canas, el acné, las estrías, las arrugas, el vello corporal, entre otros procesos naturales del cuerpo, sean estigmatizados y vistos como muestra de descuido por parte de las mujeres e incluso de mala salud, son ejemplo de ello. Las consecuencias son ya conocidas: afectaciones emocionales, desórdenes alimenticios y un mercado millonario de productos de bellezas y cirugías plásticas dispuesto a vender la aceptación social.

Está también el tema de la dignidad y de cómo se relaciona de alguna u otra forma con estos modelos sexistas. El objetivo de la reina de la feria es ser una “digna representante del estado”, lo que da cuenta de que estos certámenes se encargan de difundir los requisitos a cumplir para ser considerada una “mujer digna”.

Pienso en este imaginario social de la mujer digna y recuerdo el caso de Campo Algodonero1, en el que las denuncias de mujeres desaparecidas fueron minimizadas por las autoridades, quienes desacreditaban a las víctimas bajo el pretexto de que “andaban con el novio” o “andaban de voladas”. O el caso Velázquez Paiz2, en el que el feminicidio de una joven no fue investigado de manera diligente ya que había estado en una fiesta la noche previa a su desaparición, el cuerpo fue encontrado con aliento alcohólico y debido a su vestimenta y accesorios las autoridades estimaron que su perfil correspondía “al de las pandillas y al de una prostituta” y por lo tanto su muerte no debía investigarse.

Reflexiono sobre las mujeres asesinadas y abandonadas en bolsas de plástico, en fosas, en ríos y acerca de la impunidad en la que permanecen los casos. ¿Ellas hubieran cumplido estos requisitos para ser la reina de la feria? ¿Hubieran sido consideradas dignas representantes del estado? ¿Las autoridades hubieran reaccionado de manera diligente si estas mujeres entraran dentro de los falsos estándares de honorabilidad, armonía física y carácter encantador?

Han pasado varios años desde aquella convocatoria que puso mi atención en el tema de los certámenes de belleza, lo retomo ahora debido a que actualmente se discute una iniciativa legislativa que señala que cuando estos certámenes promuevan estereotipos sexistas podrán ser considerados como violencia simbólica3, un concepto acuñado por Pierre Bourdieu, quien la definió como aquella violencia que no utiliza la fuerza física, sino la imposición del poder y la autoridad y sus manifestaciones son tan sutiles e imperceptibles que es permitida y aceptada por el dominador y la parte dominada4. Aplaudo esta iniciativa, me parece importante poner en el debate público un tema que debemos cuestionarnos con rigor.

Tal vez se puede decir que esto es algo frívolo, que al vivir en el país de los feminicidios, las fosas clandestinas y las miles de desparecidas ponernos a discutir sobre concursos de belleza es una trivialidad. Yo también lo he llegado a pensar. Luego recuerdo que todas las mujeres que conozco han sufrido en mayor o menor medida por la imposición de estereotipos de belleza; veo cómo se gastan recursos públicos en lujosas coronaciones mientras las fiscalías que deben investigar feminicidios apenas si tienen personal; recuerdo aquel día en el que lloraba porque no quería salir en el bailable de la primaria porque sentía que me veía gorda con el vestuario; tenía ocho años. Viene todo esto a mi mente y pienso, bueno, tal vez sí vale la pena hablar de esto con seriedad.

@CirculoAnalisis

 

1 Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso González y otras (“Campo Algodonero”) vs. México, sentencia de 16 de noviembre de 2009

2 Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso Velásquez Paiz y otros vs. Guatemala, sentencia de 19 de noviembre de 2015

3 Disponible aquí.

4 Silvia Beatriz López Safi; “La violencia simbólica en la construcción social del género”, ACADEMO. Revista de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Americana, Paraguay, vol. 2, núm. 2, diciembre de 2015.

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