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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
10 comportamientos para quemar en leña verde a ciertas personas
¿Les ha pasado que quisieran tener vista de rayos láser para desintegrar al que se estacionó en doble fila o a la que presume de hacer todo bien mientras nosotras hacemos todo mal? Pues a mí también.
Por Mala Madre
16 de julio, 2013
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En estos años de andar por la vida haciendo berrinches a diestra y siniestra, por histérica que soy y por las actitudes abusivas de algunos congéneres, he elaborado una lista de diversos comportamientos que deberían ser sometidos a castigo divino ya que en nuestro terruño parece no haber ley ni reglamento que los sancione. Hablo de hechos cotidianos, de ésos que nos deberían hacer la vida más tranquila y llevadera y pues nada, que no se nos hace gracias a estos valemadristas conciudadanos. De esas cosas que nos dejan de a cuatro ante la caradura de quien comete la acción gandalla, porque en su casa le enseñaron de chiquito que sólo así se abriría camino en la vida, jodiendo a los demás.

Acá van entonces algunas de las tropelías que, si por mí fuera, ameritarían depositar a sus autores en medio del tráfico de Tlalpan de sur a norte y a las 8 de la mañana, por toda la eternidad. La lista no es exhaustiva, así que se aceptan todas las aportaciones que sean necesarias:

1.- Colarse en la fila del súper (que no es lo mismo que a la fila de las tortillas o del banco, aunque tal vez equiparable a la fila de algún juego mecánico). El otro día me pasó. Hora pico, todas las cajas con filas de mínimo 5 carros a toda su capacidad y, clásico, yo con tres cosas en la mano que me urgía comprar y ni una caja rápida (y no, no las encontraba en la tiendita de la esquina). Esperé pacientemente a que la señora de adelante vaciara sus dos carritos, a que le cobraran, y justo cuando sentía que estaba a un suavizante y dos champús de salir de ese infierno, llegó la hermana de la susodicha con otro carro lleno de productos que empezó a pasar delante de mí como si nada. Les llamé la atención, me gritonearon y el cajero salió a salvar el día cuando sin mayor aspaviento tomó mis productos, los cobró y me dijo que eran 125 pesos. Nunca he agradecido tanto la sensatez y el sentido de justicia de una persona como lo hice con este buen muchacho, quien me hizo salir de la tienda con un poco más de fe en el género humano.

2.- Estacionarse en medio de dos cajones. Ya saben, Plaza TúLasTraes a cualquier hora del día, haya o no venta nocturna de tienda departamental. Autos de todos tamaños, modelos y colores, con tenencia o subsidio de Ciudad Capital, estacionados de tal forma que sólo dejan espacio para una moto o dos bicis en ambos costados. Y se salen con la suya. No hay autoridad responsable en ese centro comercial, o en el lugar que sea, que haga pagar doble a ese [email protected] Llegan, cometen su tropelía y se van tan campantes, porque pueden y ya.

3.- Pararse en doble fila con las intermitentes bien puestas. No importa si hay un tráfico del demonio, el chiste es que sólo se paran “un momentito” pues porque lo tienen que hacer. Que los de atrás vean cómo se las arreglan para continuar con su trayecto, que la señora, el señor o los señoritos tienen que pararse justo ahí, ni modo de dar la vuelta y buscar un lugar donde no estorben, qué flojera. En estos casos siempre me pregunto por qué no se paran mejor en la entrada de un estacionamiento particular. ¿No es el mal menor taparle el paso momentáneamente a una persona, que a todos los que van circulando? Una vez pregunté inocentemente, como no queriendo la cosa. Me contestaron que no lo hacían porque estaba prohibido #AyDior.

4.- Permitir que tu taxista o microbusero viole el reglamento de tránsito. Conducen a exceso de velocidad, hablan por celular mientras circulan, recogen y dejan pasaje donde se les pega la gana, avientan el auto a peatones y ciclistas, se paran en las rayas amarillas, se pasan los altos, echan lámina, mientan madres. ¿Por qué los pasajeros no dicen nada, sobre todo si consideran que ellos se convierten en peatones cuando se bajan del taxi o microbús? ¿No pagan por el servicio?

5.- Ser grosero y abusivo con meseros, personal de servicio o empleados. ¿No les parece insoportable la gente que le habla golpeado a los meseros en los restaurantes, que pide algo y luego lo devuelve con desplantes porque no le gustó? ¿Que paga tres pesos a la señora que ayuda en casa, exige que limpie todo en un día y vigila que “no coma de más”? ¿Que usa al personal de la dependencia de gobierno a su cargo para que le hagan mandados personales fuera del trabajo o que le arreglen cosas en su casa? ¿Que creen que ser líderes o jefes implica gritar y sobajar a quienes están a sus órdenes? ¿Que van por la vida avasallando a los demás?

6.- Hablar mal de los maridos. Entendámonos: no es lo mismo tomar un café con las amigas para desahogarnos, que criticar a nuestros compañeros de vida a la menor provocación. Créanme, a los parientes y amigos no nos interesa saber lo que el angelito hace para hacerlas enojar desde que amanece hasta que anochece, que ustedes lo escogieron. ¿No les gusta su elección? Resuelvan su problema, pero dejen de compartirnos cuánto sufren. Por si no se han dado cuenta, al hablar así de feo de sus maridos las que no brillan en sociedad son ustedes, a nosotros no nos cuentan nada que no supiéramos ya.

7.- Que a las mujeres nos digan “damita”. Es despectivo, les informo. Mil veces mejor seño, señora, doña. Con “señorita” nos harían el día a muchas (bueno, por lo menos a mí, ja). No sé de dónde lo sacaron pero ha sido muy mala idea. MUY. ¿Les gustó la palabrita? Entonces dama, así tal cual. Me desmayaría si al próximo lugar a donde vaya a desayunar me reciben con un “¿qué le traigo a la dama de beber?”

8.- Que algunos crean que todo lo hacen bien (y no sea así). Seguro conocen a alguien así. Van por la vida con la solución en la punta de la lengua, porque se sienten buenazas (o buenazos) en la crianza de los hijos, en el trabajo, con la pareja, en las relaciones familiares, en el trato con las amigas. No hay nada que ellas no hayan hecho ya ni situación por la que hayan pasado, buena o mala, de la cual no hayan obtenido un sobresaliente, en contraposición con lo mal que los demás hacemos las cosas. Sabemos que actúan de buena fe, pero tienen la sensibilidad de un elefante. Y así no se puede.

9.- No pagar impuestos. Ubico que el principal argumento es no dar al gobierno y partidos dinero que luego (casi con certeza) será mal usado. Pues es el cuento de nunca acabar. ¿Y si en vez de andar inventando cómo eludir nuestra responsabilidad nos ocupamos en obligar a los funcionarios públicos y representantes populares a rendir cuentas para jalar todos parejos? Y para que no haya pretexto de cómo hacerlo acá les dejo la campaña de Artículo 19 contra la opacidad.

10.- Que todo les valga madres. ¿La señora se metió en la fila? Ay, vieja loca, deje de protestar que así no avanzamos más rápido. ¿Que ese funcionario se robó mucho dinero del presupuesto? Pero de qué se quejan, si todos haríamos lo mismo si estuviéramos en su lugar. ¿Que hubo irregularidades en la elección? Otra vez a quejarse, como si el voto contara. ¿Que hay que organizarse y movilizarnos para que las cosas cambien? Ja ja ja, ingenuos, pónganse a trabajar. ¿Que se está cometiendo un delito y haríamos bien en denunciarlo? Y yo por qué, si a mí no me afecta. Que lo haga alguien más ← Esta actitud es la más criminal de todas y lo peor es que pulula. Nadie escarmienta en cabeza ajena, pero urge tomar conciencia que casos como el de Hilda –condenada por aborto involuntario– y Yahaira –asesinada a los 19 años-, ahí están.

 

 

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