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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Adriana Morlett, tu papá dará contigo
Adriana Eugenia Morlett Espinoza, matriculada en el tercer semestre de la carrera de Arquitectura por la Universidad Nacional Autónoma de México, con promedio de 9.7, cumple hoy, 6 de septiembre, un año de haber sido privada de su libertad.
Por Mala Madre
6 de septiembre, 2011
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Para don Javier y doña Adriana

 

No conozco a Adriana Morlett. Lo único que sé de ella es lo que me cuenta su padre, don Javier. De las veces que hemos platicado y por las fotos, me la imagino perfecto: una veinteañera llena de vitalidad, de risas, de sueños. Muy amiga de sus amigos, muy apegada a su familia, bailarina excepcional, persistente y perfeccionista, y al mismo tiempo, altamente ingenua. Cosas de la edad.

Desde niña, Adriana ha destacado en todo lo que se ha propuesto. Cuadros de honor, abanderada en la escolta escolar, estudiante de excelencia, no sabe lo que es sacar una calificación menor a 9. Desde siempre le ha gustado dibujar y lo hace muy bien, por eso don Javier tiene la certeza de que su hija nació para ser arquitecta. Se dio cuenta el día que Adriana le confió con esa pasión que la caracteriza que cuando hace planos, dibujos, pinturas o maquetas, puede hacerlo por horas sin sentir cansancio.

Adriana es una joven a quien sus padres le han dado libertad para volar. Es una joven extrovertida que no tiene entre sus planes tener novio por ahora, porque su pasión primera es su carrera. Una joven que habla perfecto inglés y cuyo objetivo profesional es mantener su promedio de 9.7 para obtener una beca que le permita hacer una especialidad en Italia.

Originaria de Acapulco, Guerrero, Adriana es también muy cariñosa y leal. De eso puede dar constancia su mejor amiga y confidente, con quien ha mantenido su amistad a pesar de los kilómetros que las separan. Las vacaciones consolidan lo que la distancia pone a prueba.

Adriana Eugenia Morlett Espinoza, matriculada en el tercer semestre de la carrera de Arquitectura por la Universidad Nacional Autónoma de México, con promedio de 9.7,  cumple hoy, 6 de septiembre, un año de haber sido privada de su libertad.

La última vez que se supo de ella había acudido a retirar un libro en préstamo de la Biblioteca Central de la UNAM. Desde entonces, sus padres, doña Adriana y don Javier, y su hermano, Javier, no han hecho otra cosa que no sea buscarla.

Don Javier ha llevado la batuta en esto. Ha pasado por el Centro de Apoyo de Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA), la Fiscalía Antisecuestros de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal y la Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) de la Procuraduría General de la República, que finalmente atrajo el caso. Ha recorrido servicios médicos forenses de diversos estados del país. Ha contactado y contratado investigadores privados. Y hasta ha visto psíquicos, brujos y chamanes.

De lo que le pasó a Adriana hay varias líneas de investigación: las autoridades creen que pudo haber sido secuestrada por el conductor del taxi que abordó ese día en la noche al salir de la biblioteca, según el testimonio de Mauro Alberto Rodríguez Romero, estudiante de quinto semestre de Psicología, también en la UNAM. O bien que fue secuestrada por una organización criminal que se dedica a la trata de blancas.

Esta última posibilidad ha llevado a don Javier a solicitar apoyo de las embajadas de Colombia y Venezuela. Incluso viajó a este último país para hacer sus propias pesquisas. Ha montado guardia día y noche en sórdidos lugares donde le han dicho que podría estar su hija. Incluso ha sido víctima de intentos de extorsión y amenazas, y peor, de gente insensible que ha intentado aprovechar su caso para vengarse de algún patrón que lo despidió o de algún socio que lo timó. Una vez fueron a dar al negocio de un señor que no tenía nada que ver con el caso y sí con la persona que lo denunció.

Todo esto requiere tiempo y recursos. Por eso don Javier ha tenido que  incursionar en la tecnología digital para mantener su despacho de avalúos en Acapulco y continuar con la búsqueda de su hija. De lunes a viernes revisa los estudios por medio de Internet. Los sábados viaja al puerto guerrerense para firmarlos. Su equipo de trabajo es pequeño pero eficaz y muy leal, y esto le ha permitido sobrevivir económicamente.

Moralmente es otra cosa.

Hace cuatro meses, la PGJDF le informó que unos restos óseos encontrados desde diciembre del año pasado en el Ajusco podrían coincidir en un porcentaje muy alto con el ADN de su hija. Pero no tienen la certeza. Así que don Javier solicitó la realización de un estudio alterno de especialistas independientes de Virginia, EU, quienes entregarán los resultados en un mes, aproximadamente.

Don Javier y su familia se someterán a este resultado. Si es negativo, el papá de Adriana mantendrá la búsqueda. Si es positivo, enfocará sus baterías para encontrar a los culpables. Porque don Javier no cejará ni se dejará intimidar por personas que, algunos fallidamente bien intencionados, le piden que acepte que su hija está muerta. Como el presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, Edgar Elías Azar, paisano, amigo de la familia, quien expresó públicamente su “esperanza” de que los restos sean de Adriana y al tiempo no ha podido siquiera hablar con don Javier para expresarle aunque sea su solidaridad.

Son cosas que duelen, cuenta el papá de Adriana. Como les dolió la llamada del reportero del periódico Reforma, que publicó la nota sobre los restos óseos encontrados –gracias a  una filtración de la PGJDF- y no se tomó la molestia de confirmar el dato con la familia o por lo menos preguntar si ya estaban enterados… hasta el día siguiente.

En su búsqueda de apoyos y aliados, don Javier ha incursionado en el activismo. Isabel Miranda de Wallace, Alejandro Martí y Eduardo Gallo conocen de su caso y lo han asesorado. Gracias a su intervención y perseverancia, la Caravana del Consuelo encabezada por el poeta Javier Sicilia pasará por Acapulco el sábado 10 de septiembre para oír a las víctimas de la violencia que está viviendo el país.

Pero ése no es su futuro, concluye don Javier. Todavía tiene un hijo que sacar adelante y no tiene los recursos para dejar de trabajar y dedicarse de tiempo completo al activismo. En lo que pueda ayudará, porque ha aprendido por las malas que la procuración de justicia en México carece de capacitación y recursos para hacer bien su trabajo. Y ha sabido apreciar el apoyo de organismos como la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe (CATWLAC, por sus siglas en inglés), de su familia y de sus amigos.

Desde hace un año, la vida de los Morlett Espinoza se ha concentrado en la búsqueda incesante de Adriana. Desde entonces no han ido al cine, reuniones, fiestas ni celebración alguna. Cuando no hay cita con los agentes que llevan el caso, permanecen en el departamento de la colonia Copilco, que compartía Adriana con su hermano. Don Javier checa su correo, revisa avalúos, hace diagramas de análisis de la información que tiene sobre la desaparición de su hija. Doña Adriana reza. Juntos, ocasionalmente ven la tele o comparten juegos de mesa. Ésos son los días terribles, porque es cuando tienen la impresión de que nadie busca a Adriana.

Los días más llevaderos son los que le permiten seguir con las investigaciones. Las de la autoridad y las propias. Así sea exponiéndose en lugares de mala muerte, con el conocimiento y autorización de la PGR, como aquella vez en Acapulco cuando don Javier pasó dos madrugadas seguidas frente a un tugurio, escondido detrás de un poste, porque le habían dicho que ahí tenían a su hija.

Los Morlett van de la depresión a la fe, porque su corazón les dice que su hija está viva. Porque ciertas líneas de investigación así lo hacen creer. Y porque a pesar del desgaste emocional, físico y económico, don Javier no quitará el dedo del renglón hasta encontrar a su hija. Y a quienes la secuestraron. Así le lleve la vida.

 

@malamadremx

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