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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Asalariados
Por Mala Madre
24 de agosto, 2011
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Mi hermana la mayor es una mujer muy ecuánime. Pocas veces en mi vida la he visto exaltada, con excepción de aquella vez que rompió una raqueta de tenis en la cabeza de mi hermano mayor, quién seguramente se lo merecía.

 

Cuando conduce, lo hace con prudencia y civilidad, hasta aquella ocasión que se pasó la preventiva… junto con tres autos más. Tuvo la mala suerte de ser alcanzada por un patrullero que intentó multarla (los otros tres escaparon a 90 kilómetros por hora).

 

Haciendo gala de serenidad y paciencia, mi hermana la diplomática no se dejó multar. Sin elevar el tono de voz le indicó al agente de tránsito que no aceptaría la sanción a menos que también multara a los otros tres automovilistas que ya se veían muy lejos. El oficial intentó explicarle por todos los modos posibles que la falta de los otros no la exoneraba a ella de la suya, pero no hubo manera. El intercambio de argumentos duró alrededor de media hora. Mi hermana se fue sin ser multada.

 

Mi amiga la werever es una elegante mujer que conduce una suv como lleva su casa y educa a sus hijas: con la capacidad de hacer varias cosas a la vez. Por ejemplo, tiene la costumbre de maquillarse o hablar por teléfono mientras circula. Nada nuevo bajo el sol, pues. El caso es que el otro día no alcanzó la preventiva y apenas pudo detenerse sobre las líneas amarillas del paso peatonal.

 

Un agente de tránsito que hacía su trabajo osó multarla. Mi amiga montó en cólera porque le pareció una injusticia. Había quedado un espacio por si alguien quería cruzar, qué le pasa a este naco, me contó. Subió el cristal de su ventana mientras el oficial le explicaba la multa y procedió a buscar sus papeles. Durante todo el trámite el cristal de la suv subió y bajó como cinco veces, en una peculiar declaración de principios sobre los salarios mínimos que los distanciaban.

 

Las ladies de Polanco estaban borrachas. Las detuvieron en un punto de revisión del programa del gobierno capitalino Conduce sin Alcohol, mejor conocido como alcoholímetro. De su indignante trato a los pobres policías que se atrevieron a pararlas ni vale la pena comentar. Lo que me da una tristeza infinita es la actitud de estos servidores públicos: no se atrevieron a detenerlas, ya no digamos por su evidente estado de ebriedad, sino por falta de respeto a un servidor público. Por falta de respeto a su persona. Por dignidad, pues.

 

 

Los policías, pero sobre todo los agentes de tránsito, están acostumbrados al maltrato público y del público. A ser discriminados. En el caso de mi hermana, aún cuando actuó incorrectamente (te pasaste la preventiva, paga tu multa) casi fue un trato de tú a tú. Con mi amiga la werewer fue de desiguales, pero con estas señoras pedantes el trato llegó al extremo de la humillación por ser unos “pinches asalariados de mierda”. El trabajo que ennoblece trastocado en insulto.

 

Según lo que se aprecia en el video, los polis se quedaron pasmados ante el griterío de estas mujeres a las que el dinero no les ha dado ni tantita clase. Los policías no se atrevieron a darse a respetar. La cámara los protegía. Pudieron haberlas detenido y llevado a una delegación y exigido que se presentaran los billetudos maridos, todo con la protección de un documento videograbado en el que constara la inmensa majadería de estas palurdas.

 

Y no se atrevieron, imagino, por la flojera y tal vez el miedo que les ha de haber dado lo exacerbado de la reacción de estas mujeres y el no saber con quiénes se estaban metiendo. ¿Y si son gente importante? ¿Y si sus maridos son influyentes? ¿Y si nos metemos en un problema mayor? Están acostumbrados a ser discriminados y eso los lleva también a discriminar y aplicar la ley según quién se deje. Y por eso tenemos casos como el del News Divine

 

Desgraciadamente, los hechos planteados ejemplifican en menor o mayor medida dos problemas graves que tenemos en México: la falta de respeto a la ley y los altos niveles de discriminación.

 

De acuerdo con una serie de encuestas elaboradas por la Secretaría de Gobernación entre 2001 y 2008 (citadas en el libro Mañana o Pasado, el misterio de los mexicanos, de Jorge G. Castañeda, pag. 316), el 71% de los mexicanos cree que el pueblo no debe obedecer las leyes incluso cuando sean injustas, mientras que un 58% considera que el pueblo puede desobedecer una ley si es injusta.

 

A esta posición se suman las cifras dadas a conocer por la Primera Encuesta Nacional de Exclusión, Intolerancia y Violencia en las Escuelas Públicas de Educación Media Superior, realizada por la SEP.

 

De un total de 13 mil 104 estudiantes de 15 a 19 años encuestados, pertenecientes a los sistemas federales, estatales y autónomos, 54% dijo que no le gustaría tener como compañero de escuela a un enfermo de sida, 52% a un gay, 51% a una persona con discapacidad, 47% a un indígena, 38% a alguien con ideas políticas diferentes, 35% a quien tenga una religión diferente, 31% a un extranjero, 30% a alguien de baja condición socioeconómica y 30% a alguien con otro color de piel.

 

La conclusión de la encuesta es que el abuso escolar y la violencia tienen que ver con estos bajos niveles de tolerancia y con el alto porcentaje de discriminación entre nuestros jóvenes… lo cual aprenden en sus casas. Sería interesante ver una encuesta similar entre estudiantes de escuelas privadas.

 

El detestable comportamiento de las palurdas de Polanco es indignante, porque según su particular forma de ver la vida el no ser asalariadas impide que las toque la ley y más aún, se pueden dar el lujo de vejar a la autoridad. Pero la respuesta de la policía es totalmente deprimente. Les habríamos aplaudido que las pusieran en su lugar. Lástima. A’i para la otra.

 

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