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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Buen Fin: #OritaNoGracias
En mi lista de “nunca contrataría servicios con ellos si pudiera” se encuentran tiendas departamentales, agencias automotrices, bancos, compañías telefónicas y demás linduras que el pasado fin de semana pretendieron vendernos su buen fin.
Por Mala Madre
19 de noviembre, 2013
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Hace ya varios ayeres, cuando me daba por papar moscas en los escaparates de las tiendas del Centro Histórico de la Ciudad de México, tuve el mal tino de pretender ahondar en mi pasatiempo incursionando en una tiendita de ropa ubicada en la calle de Madero (¿o sería 16 de septiembre? Tal vez Tacuba).

El caso es que desde el momento en que puse un pie dentro del establecimiento, aquello empezó a ir mal. Solícito, el encargado-gerente-dueño del local empezó a andar tras de mis pasos explicándome las virtudes de los productos ahí expuestos, con ánimo de persignarse conmigo. Le aclaré desde el primer minuto que sólo estaba viendo. Insistió. A tal grado llegó el acoso, que decidí abortar la misión. No lo hubiera hecho; cómo se me ocurrió abandonar el lugar con las manos vacías. Con decirles que nunca en la vida me han soltado tal cantidad de vituperios.

Con el paso de los años y tras mi conversión en compradora compulsiva he recibido toda clase de atenciones por parte de los prestadores de servicios, pero digamos que el tono negativo de la anécdota anterior ha sido la constante. Generalmente pasan del asedio para que compre algo, a hacerme el favor de atenderme porque me estoy llevando una ganga (según ellos) y no un producto con sobreprecio o contratando a precio de oro un mal servicio (¿les suena alguna compañía celular?), y más me vale no hacerla de tos porque en muchos casos no hay de otra.

Tengo en casa, por ejemplo, una preciosa cocina integral MABE que compré en El Palacio de Hierro en 2011 y que no tiene manija para encender el horno porque se rompió un año después de adquirida… y terminada la garantía, por supuesto. Ya fui a la tienda, ya recurrí a Serviplus (empresa de mantenimiento que da servicio a los clientes de El Palacio) y con el proveedor, ya me recorrí toda la calle de Ayuntamiento, y no hay poder humano en este planeta que me consiga una refacción que porque ya la descontinuaron. He tenido entonces que agenciarme unas pinzas con las que enciendo el horno #Elhorror. Según me han informado, esto sucede con frecuencia con las cocinas integrales. Pues será el sereno, pero no entiendo cómo es posible que no haya una refacción para una pieza que cuesta 20 pesos. Si la vendieran a 300, 500 o mil la compraría, porque la necesito. Pero ni así. No hay un fabricante preocupado por atender las necesidades de sus clientes ni una tienda que se ocupe de vendernos productos que no estén descontinuados.

Los siguientes proveedores en mi top ten de nunca contrataría servicios con ellos si pudiera son las agencias automotrices. Me tocó en una ocasión llevar mi compacto al servicio de la agencia Chevrolet que se encuentra en Universidad y Churubusco, donde le cambiaron el mofle. Días después de que me entregaran el auto viajamos a Acapulco y estando allá el susodicho aparatejo tronó. En una agencia de la misma armadora me arreglaron el desperfecto, previa llamada a mi agencia defeña y explicación del porqué del desaguisado: le habían colocado a mi coche una refacción vieja. Cuando regresé al DF, el personal de la agencia se negaba a regresarme mi dinero que porque “no tenían garantía” de que la refacción que yo les entregaba era la que ellos habían puesto. Nunca en mi vida he soltado tal cantidad de vituperios a alguien. Salí de la agencia con mi dinero y la convicción de cambiar de marca. No he regresado.

Ahora que si se trata de obtener las palmas como prestadores de servicios del mal, los call center de los bancos se pintan solos. De llamar a primera hora de sábados, domingos y días festivos han pasado al asedio celular. En mi caso les ha dado por buscar al marido en mi teléfono y se niegan a dar información si no les contesta la voz de un hombre. El colmo del absurdo es que le he pasado la llamada al susodicho, ha dicho que no, gracias, que no le interesa lo que ofrecen, y aún así no quitan el dedo del renglón. He llegado al extremo de negarlo, en un intento desesperado por detener el acoso: “éste no es su número” y “no conozco a esa persona”, las más socorridas. A ver si un día no lo usan en mi contra ¬¬

Cuando yo soy el objetivo la paciencia se me acaba más rápido, porque ahora les ha dado por exigir una explicación. “No me interesa su ofrecimiento, gracias”, suelo decir, sólo para escuchar un demandante ¿por qué? La primera vez me agarraron en curva y ahí me tienen improvisando una razón. Ahora, cuando ando de buen humor, les explico que no puedo aceptar por recomendación médica ante mi padecimiento de compradora compulsiva, o porque estoy boletinada en el buró de crédito. Cuando se topan con mis 15 minutos tras la refriega con las adolescentes reciben un cortante “no tengo por qué dar explicaciones, gracias”. A ese grado, ash. Tras un recuento de los años que llevamos con tarjetas bancarias puedo asegurar que nunca hemos aceptado ofrecimiento alguno que nos hayan hecho por teléfono… e insisten. Alguien que avise a Banamex que se ahorrarían un buen dinerito si eliminaran este pésimo servicio que evidentemente no funciona. Por lo menos no en mi caso.

Y qué decir del rey de reyes: Telcel. Nada que ustedes no sepan. Ameritaría un estudio completo, más que la entrada de un blog. Lo resumo con el sentido reclamo de mi padre, quien ha hecho incluso el ejercicio de contabilizar llamadas, mensajes y uso de Internet: ¿señorita, por qué siempre llega mi factura con un saldo mayor al contratado? ¡Si ni siquiera he usado mi teléfono!

Buen fin

Por ello, porque no me gustan las multitudes #YaTúSabe y porque en realidad no necesitaba nada, este fin de semana decidí guardarme en casita y no sucumbir al oficialista llamado del #BuenFin. Ni aunque me hubieran adelantado mi aguinaldo,  pues.

Si bien me pareció buena idea el primer año, la desilusión llegó pronto. 30 por ciento de descuento y 15 meses sin intereses lo encuentro cualquier día del año. Y malos prestadores de servicios, también.

 

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