Cómo se supera la muerte de un hijo - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Cómo se supera la muerte de un hijo
Julio quisiera nunca haber vivido esas 10 horas que transcurrieron desde el momento del incendio hasta que supieron con certeza que su hijo había fallecido.
Por Mala Madre
5 de junio, 2012
Comparte

Para Julio Márquez, Estela Báez y los padres de todos los niños de la guardería ABC

 

Julio se levanta todos los días a las 5.40 de la mañana, cuando muy tarde a las 6. Camina de 3 a 5 kilómetros tres o cuatro veces a la semana, según su ánimo. Desayuna y lleva a sus hijos Brandon Noé, de 12 años, y Alison Estefanía, de 7, a la escuela. Trabaja el resto de la mañana en la empresa familiar.

A las 2 de la tarde en punto recoge a sus hijos y luego toda la familia come en casa. Siempre, sin falta. Por la tarde, con cierta regularidad, lleva a los pequeños y a su esposa, Estela, a terapia. Cuando no hay consulta médica, traslada el trabajo de la oficina a su hogar.

Los fines de semana suele quedarse solo, cuando esposa e hijos visitan a la abuela materna. A veces, por la tarde-noche, alquila una que otra película para verla con los chicos. Recuerda las dos últimas: Las Aventuras de Tin Tin y una de Barbie. Como buen fan de los superhéroes de Marvel, tiene pendiente Los Vengadores.

Cualquiera podría envidiar la tranquila vida de Julio, de no ser porque a este padre de familia, a sus 44 años, los días se le hacen sumamente pesados. Aún así, no es ingrato. Hay ocasiones en que da gracias a dios por un día que transitó bueno, dentro de lo que cabe. Otros días, agradece que hayan terminado.

Porque para este padre, toda la estabilidad de su familia depende de los ansiolíticos y antidepresivos que toma su esposa desde hace tres años. De su ingreso o no a un hospital de salud mental, de los tres en los que ya ha estado, dos veces en Guadalajara y una en la Ciudad de México. De su fortaleza para sobrevivir al 5 de junio de 2009, fecha en que falleció su hijo más pequeño, Julio César, Yeyé, a los dos años, ocho meses y cinco días de edad, en el incendio de la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora.

A diferencia de la crisis emocional de su esposa de 35 años, paralizada por la angustia y el dolor de haber perdido a su hijo, Julio ha encontrado en el trabajo, la atención a su familia y el activismo, la vía de escape para afrontar esa tarde en que Estela le avisó que había un incendio en la guardería de Yeyé.

La misma guardería en la que estuvieron sus hijos mayores después de un año en lista de espera, en la que siempre recibieron una atención más que adecuada y en la que la lona que propagó rápidamente el incendio servía de incentivo para convencer a Yeyé de ir a la escuelita porque era como estar en un circo.

Esa guardería a 800 metros de su casa, ubicada en una zona de clase media baja muy trabajadora, única a la que se tenía acceso y de la cual siempre lo recogían a la 1.30 de la tarde, pero que ese fatídico día decidieron excepcionalmente ir después de las 2 para poder acudir al festival escolar de Brandon Noé y Alison Estefanía.

Julio llena sus días de innumerables cosas qué hacer para intentar no pensar en las casi 6 horas que esperaron en el Centro Internacional de Medicina (Hospital CIMA), hasta que a las 9 de la noche una persona con un megáfono les avisó a los padres presentes que 23 niños habían fallecido. Para sepultar en su memoria que les tocó el turno 15 para ser atendidos por el agente del Ministerio Público instalado exprofeso, que vieron fotografías de los pequeños, que confirmaron la muerte de Yeyé por intoxicación, que pasaron a medicina legal a reconocer el cuerpo de su hijo detrás de un cristal y que ése fue el momento en que lo vieron por última vez, antes de que la funeraria contratada por la familia se encargara del resto de los trámites.

Porque Julio quisiera nunca haber vivido esas 10 horas que transcurrieron desde el momento del incendio hasta que supieron con certeza que su hijo había fallecido.

No puedo siquiera imaginar de dónde se saca la entereza para afrontar la pesadilla que Julio y los papás de los 49 niños fallecidos han vivido desde entonces. Cómo se le hace para batallar con el velorio porque las capillas están saturadas, para luego no cansarse de exigir una justicia que no llega.

Cómo aceptar y superar la muerte repentina y absurda de bebés que se suponían protegidos en el lugar exacto, para que mamá y papá trabajaran tranquilos. Cómo destrabar ese duelo “congelado en el tiempo”, que bien describe la psicoterapeuta Valeria Villa, para que la vida siga su curso.

“El caso en particular de la guardería ABC tiene todas las agravantes para que los duelos de estos padres no puedan ser completados. Ni siquiera iniciados. Han recibido la negligencia de la autoridad, hay culpables visibles que no han sido procesados, no hay a quien responsabilizar. La paz interna es imposible sin justicia social en un caso como éste. Por eso siguen manifestándose, marchando, declarando, exigiendo justicia para poder, entonces sí, enfocarse en su dolor. Las marchas, la rabia, a ratos han protegido a estos padres del dolor de la pérdida. Sufren sin duda, pero la prioridad hoy es la justicia, como inicio del duelo”.

Y peor todavía: cómo se explica a los hijos sobrevivientes la ausencia del hermanito. En el caso de Julio, la pequeña ha tenido que volver a los pañales y el mayorcito ni siquiera ha llorado. Todo se lo ha guardado.

Yeyé fue enterrado a las 6 de la tarde del sábado 6 de junio de 2009 en el cementerio Colinas de San José, junto a su abuelo materno. Un año después, en octubre de 2010, fue trasladado al mausoleo del panteón municipal para que sus restos descansen junto a 18 de sus compañeritos.

El último recuerdo que Julio conserva de ese bellísimo hijo suyo, tan apegado a él, es su emoción porque ese viernes iba a ser de película. Las maestras le contaron tiempo después que el lunch de palomitas que llevó lo convirtieron en un niño muy popular a la hora de la función. Julio lo despidió en la salita de la estancia, le dio un beso y le dijo que regresaría por él a la hora acostumbrada.

Yeyé esperó a su padre hasta que el sueño lo venció. Ya nunca le contó qué película vio.

Crédito de foto: @nuezielli

 

@malamadremx

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.